El centro neurálgico de la obsesión mamaria. Somos y existimos por el disfrute de unas buenas tetas naturales, grandes, medianas, pequeñas; con o sin leche...

Relatos Lechosos y Tetómanos (21)

Relato 1 - Ordeñando a mi tía.
Relato publicado por un usuario llamado "jacke" en el que nos narra como pudo ordeñar a su propia tía mientras amamantaba a su primo.
-Se ve que está muy rica mi lechita ¿verdad? -me dijo mi tía cuando entré a la sala y ella se limpiaba la blusa, que el escurrimiento de la leche de sus pechos le había manchado.

Ella lo dijo porque yo me quedé como enganchado a esa imagen, ya que al mojarse con el escurrimiento de sus tetas, se transparentaban sus pezones duritos y oscuros y yo no dejaba de mirarlos. Mi tía es de piel blanca y siempre ha sido una mujer tetona, y ahora que había terminado su embarazo, las tetas le habían crecido aún más y estaban que estallaban de tanta leche.

-Lo malo es que mi bebé no quiere tomársela y si no lo hace, me comenzarán a doler mucho los pechos. Mirándola y escuchándola, mi verga se puso muy dura y ella lo notó y no dijo nada, sólo sonrió de una manera algo lujuriosa, al darse cuenta de que tenía el palo totalmente duro bajo el pantalón.
-Ojalá se la tome –comenté y le dije a la hermana de mi padre que iba a mi cuarto.

Me fui de la sala no porque no quisiera seguir mirando sus dos montes de leche, sino porque no podía aguantar las ganas de pajearme y chorrearme, pensando en las chichis de mi tía. Me saqué la verga que ya estaba totalmente húmeda y me vine, pensando que le mamaba las tetas a mi tía. El resultado fue una corrida tremenda y llené con mi chorro la sábana de mi cama.

La fantasía de tocarle las tetas a mi tía, es algo que ya tenía desde tiempo atrás. Cuando sucedió esto que les estoy contando, yo tenía trece años y ella 25, pero desde que yo tenía once años, no perdía oportunidad de espiarla para mirar esas tetas gordas y jugosas. Recuerdo que una vez me acerqué a su cuarto y ella había acabado de bañarse. Como no había nadie en la casa, ella no cerró bien su puerta y no se dio cuenta que yo regresé de la escuela. Traía sólo las bragas puestas y sus chiches estaban al aire. Se agachó hacia delante para sacudirse el cabello y mientras se secaba, por el movimiento de pasar la toalla por su cabeza, sus tetotas se balanceaban y yo quise entonces tener el valor para acercarme a ella y sentir entre mis manos esos dos pechos inmensos para apretarlos y después mamarlos. Ya se imaginarán que también esa vez me corrí después de espiar y descubrir esos sabrosos melones. Después de eso todo era espiar a mi tía, o mirar de reojo cuando ella traía blusas escotadas y se agachaba cerca de mí. Me encantaba mirarle el canal entre sus tetas y pensar que ponía ahí mi pito y que ella lo apretaba, hasta sacarme toda mi leche.

Durante todo el embarazo ella estuvo sola, pues su novio no quería hacerse cargo del bebé y mi tía decidió que no quería tener nada que ver con un tipo que no podía ni siquiera hacerse cargo de él mismo.

Al día siguiente de que mi tía Leonor me dijera lo de su leche, regresé de la secundaria y ella estaba otra vez en la sala.

-Mira Marcos, otra vez estoy chorreando- me dijo, mientras con la palma de su mano derecha levantaba su pecho izquierdo desde abajo y me lo mostraba.

Esta vez llevaba una bata y me di cuenta que no traía sostén ni nada más. Yo ya no pude contenerme más y me acerqué a ella y le estruje el pecho que ella me ofrecía. Vi cómo se estremecía de placer, pues cerró los ojos y sus pezones se pusieron todavía más hinchados de lo que ya estaban.

-Anda mi amor, ordeña a la puta de tu tía. Chúpame toda la leche. La tengo toda para ti.

No tuvo que pedirlo dos veces, porque yo ya estaba frente a sus pechos y mi boca se prensó de uno de sus pezones y chupaba sediento, mientras mi lengua se llenaba con ese líquido caliente. Chupaba haciendo mucho ruido y esos sonidos se mezclaban con sus jadeos y sus palabras entrecortadas.

-¡Ay, qué rico! Ordéñame así cabrón. Tómate toda mi lechita. Huy me pones muy caliente. Mama Marquitos, mama. Muérdeme las chichis, déjamelas moradas con tus chupetones. Soy una pinche vaca chichona y quiero que hagas con mis tetas lo que tú quieras. Apriétamelas cabrón, apriétamelas así rico. Huy, que puta me siento.

Después de mamarle ese primer pecho, ella me jaló de los cabellos y llevó mi cara hacia la suya. Nuestras lenguas se enredaron y yo compartí con ella el líquido que aún tenía en la boca. Los hilitos de su leche escurrían por nuestros mentones mientras nos besábamos con mucha lujuria, sin que yo dejara de apretarle las tetas. Yo sentía cómo chorritos de leche salían disparados desde sus pezones, por la presión que yo hacía sobre ellas, al estrujarlas. Chorritos que me tenían batidos los brazos y la playera de la escuela.

Otra vez bajé mi cara hacia sus tetas, pero esta vez ella me detuvo unos quince centímetros antes de comenzar a mamarlas y me dijo que se las apretara. Yo lo hacía y la leche de las tetas gordas de mi tía me llenaba toda la cara. Apretaba y le clavaba las uñas en esos pechos jugosos y cada vez era mayor la cantidad que brotaba. Abría la boca para tragarme la mayor cantidad, pues no quería perder nada. Ella gritaba por el placer de sentir cómo yo le estrujaba muy violentamente sus chichis y le clavaba las uñas, ocupado como estaba, en sentir esa piel suave entre mis manos.

-¡Qué rico le sacas la leche a tu puta tía! Así mi vida, márcame las tetas, márcamelas mucho para que me excite cada vez que me mire al espejo y vea cómo me las dejas. Así; soy tu perra en celo. Soy tu madre y te doy la teta. ¿Quieres chichi mi niño? ¿quieres estas tetotas que siempre vas a mamar? Cuélgate de estos pezones. Dime que soy una vaca tetona. Dime que soy una perra. Dime qué soy.

-Eres una puta tía. Eres una caliente y me gusta ordeñarte así de fuerte.
-Dime más mi amor,- decía ella mientras estaba a punto de correrse.
-Me gusta que seas mi tía, mi madre mi mujer; me calienta mirarte las tetas y mamártelas y voy a sacarte siempre toda la leche para que te corras como la puta golosa que eres.
-Tú eres un niño goloso también ¿Te gusta la lechita de tu tía?
-Sí tía, me encanta, estás muy rica.
-Así papito aprieta; lastímamelas, que ya después me las vas a curar con tus lamidas.


Mientras yo seguía apretándole sus chichis, ella se acomodó para sacar mi palo del pantalón y antes de llevar su mano derecha hacia mi pito, la puso delante de uno de sus pechos y uno de sus chorros se la llenó de leche y supe lo que iba hacer. Mojada como tenía la mano, la llevó hasta mi verga y yo ya no podía contenerme. Comenzó a hacerme la paja con su mano mojada por su leche y tanto ella como yo, ya no pudimos más. Nos venimos y un tremendo estremecimiento recorrió nuestros cuerpos. Quedé recostado con la cara entre sustetas y ella me acariciaba el cabello y me besaba. Retiré un poco mi cara para mirar sus chichis y noté que estaban amoratadas y hasta un poco sangraban.

-Niño malo. Ahora tienes que curarlas.

Me acerqué y con la lengua empecé a lamer esas globos y ella comenzó a gemir otra vez.

-Vamos a apurarnos porque ya no tarda en llegar tu mamá.-me dijo.

Y yo seguí lamiendo y ordeñando esos montes de leche no sólo ese día, sino durante mucho tiempo más.

Relato 2 - Encuentro casual.
Escrito por una persona de nombre Juan, relata la experiencia que tuvo con una lactante que conoció cuando fué al cine.
Resulta que el domingo fui al cine con unos amigos para olvidar el estrés de una pesada semana, en el cine al estar formado en la fila para poder accesar a la sal conocí a una mujer muy bonita como de unos 27 años de edad que tenia en brazos a un bebe de unos 3 meses, todo transcurría normal hasta accesar a la sala para poder ver la película, como estaba muy obscuro ella tropezó y yo pude detenerla a ella con todo y su bebe y pañalera me dio las gracias y yo le respondí que no tenia nada que agradecer.

No le tome tanta importancia y seguí mi camino para poder observa la película cómodamente por lo que me fui hasta el lugar mas alto de la sala por lo que tenia un gran panorama, mis amigos se sentaron hasta enfrente por lo que no habría distracción alguna, de pronto a aquella bonita mujer se sentó a mi lado sonriéndome con lo que yo le correspondí con otra sonrisa me pregunto que si me gustaba los lugares muy obscuros por lo que le respondí que desde ese lugar podría observar mejor la película y tendríamos menos distracción, ella me contesto que a ella le parecía un buen lugar en caso de que su bebe empezara a llorar y así ella podía amamantarlo con toda confianza por lo que le dije que era un buen lugar. Así empezamos a platicar mas, mientras pasaban los cortos de otras películas la verdad era muy agradable platicar con ella, me presento a su bebe por cierto bastante risueño e igual de bonito que su madre antes de que comenzara la película le pregunte que si acepta como invitación unas palomitas y un refresco y con una alegre sonrisa me respondí que si y me dio las gracias por lo que me levante y fui por las palomitas y los refrescos para disfrutar de la película al regresar todo transcurría normal y por fin la película empezó, pero solo observamos unos 20 minutos de película pues su bebe se soltó a llorar intensamente ella dijo que era hora de darle de comer y que con eso se calmaría pero para nuestra mala fortuna el bebe no quería comer y cada ves lloraba con mas intensidad por lo que la gente que había en la sala se molesto bastante y ella me dijo que tenia que irse por que no quería incomodar a las demás personas de la sala, por lo que le dije que estaba bien pero con tantas cosas que tenia entre el bebe, la pañalera y sus palomitas y refresco no podía con todo por lo cual le dije que le ayudaría con la pañalera, las palomitas y el refresco y ella solo se preocupara por su bebe, y así entre chiflidos abandonamos la sala y salimos del cine hasta que su bebe por fin dejo de llorar.

Al salir ella me pidió disculpas por haberme hecho perder de la película por lo que le respondí que algún otro día podría verla en ese momento entre susurros dijo no puede ser exclamando preocupada me he manchado y yo le conteste que si le ocurría algún problema y ella me contesto que se había manchado su playera con leche que le estaba saliendo de sus pechos, que la verdad eran bastante grandes y al parecer producían una gran cantidad de leche, entonces me quite la chamarra que tenia puesta y se la preste me paso al bebe y se puso la chamarra un tanto apenada por la situación en que se encontraba sonriendo me dio las gracias , mientras yo seguía cargando a su bebe, me dijo que tenia que irse a casa para poder quitarse su blusa empapada y devolverme mi chamarra, yo conteste esta bien mucho gusto en conocerte, pero ella me contesto que como me entregaría mi chamarra y yo le dije que se la quedara que no había problema alguno, apenada contesto que no que ya había hecho bastantes favores por ella.

Me pidió que la acompañara a su casa para que me la devolviera, al principio lo dude y ella me dijo que no estaba lejos su casa que en taxi eran como unos 5 minutos yo le respondí que tenia carro y me ofrecía a llevarla a casa por lo que ella acepto, entonces fuimos por el carro y emprendimos el viaje a su casa pero como era domingo el trafico estaba a reventar y el bebe se puso inquieto pero ahora si por comer , ella se desabrocho la chamarra y se levanto la blusa que traía y de su sonten blanco dejo liberar un gran pecho que escurría de leche, pego a su bebe al pezón y el pequeño comenzó a mamar desesperado yo al ver de reojo aquel bello pecho me exite bastante y solo trataba de disimular para no cometer una indiscreción entonces ella me dijo que alivio las tengo tan llenas que van a reventar me dijo que su bebe casi no succionaba leche por lo que tenia que sacársela con un sacaleches y dársela con mamila pero como tenia tanta, a veces tenia que sacarla y tirarla para aliviar el dolor de sus pechos, yo le conteste que por que no se la tomaba que si sabia que la leche materna era muy nutritiva y que tenia un sabor dulce, entonces ella me dijo sonriendo has probado la leche materna? yo conteste que no que lo había leído en artículos y en internet, entonces ella cambio de pecho al pequeño y siguió mamando hasta dormirse.

Por fin pasamos el trafico y llegamos a su casa por cierto bastante bonita bajamos del carro, ella con su bebe en brazos ya dormido y yo ayudándole con la pañalera las palomitas y el refresco, me dijo que si no era mucha molestia que la acompañara hasta su casa por lo que le dije que no había ningún problema y nos fuimos a su casa, saco las llaves abrió la puerta y entramos a su casa me dijo que la esperara que iba a dejar al bebe en su cuna, yo espere afuera, al principio un poco resentido por que en verdad quería ver la película, pero no me paso en mente lo que me iba a pasar, después de unos 5 minutos salió y me invito a pasar por lo que le tome la palabra y pase me invito a pasara a su sala, prendió la televisión y me invito un café, yo acepte mientras ella preparaba el café le comente que si no necesitaba ayuda y me respondió que ya la había ayudado mucho y que me relajara, sirvió el café y se quito la chamarra me dijo que si la lavaba yo conteste que no se molestara me sonrió y me devolvió quedándose ella con su blusa que todavía permanecía mojada por la leche, yo la verdad no podía dejar de admirar esos bonitos pechos.

De pronto ella me pregunto que como sabía tanto de la leche materna , yo un poco nervioso le dije que me fascinaba todo sobre la leche materna, que me gustaba este tema y sobre todo la lactancia erótica, ella me miro, me sonrió y sorprendida dijo vaya hasta que me encuentro con una persona tan abierta en el tema de la sexualidad y de las fantasías sexuales yo apenado le sonreí y me arrepentí por el comentario que había hecho, de repente me dijo y has probado la leche materna alguna ves? yo conteste que no, que no había tenido la oportunidad de probar leche materna, ella me dijo pues la verdad sabe deliciosa y si es dulce te lo digo por que yo luego me tomo mi leche a causa de que mi bebe no toma tanto y tengo que aliviarme los pechos yo sonriendo le dije genial estaba muy nervioso y excitado pensando en que por fin mi sueño se haría realidad.

Entonces ella me dijo con una mirada muy dulce ¿quieres tomar mi leche calientita? yo me quede impactado, ella me dijo vamos que no te de pena veras que es muy rica yo le conteste que si no se molestaba y me dijo que para nada que le daba gusto darme de su leche , me dijo que me acercara a donde estaba ella, se quito la blusa y dejo a la vista un sostén de color blanco que aprisionaba a sus dos enormes pechos y marcaban sus dos enormes pezones color café claro ,se quito el sostén y saltaron a aire sus aprisionados pechos me dijo ven siéntate a mi lado , me recostó en sus piernas y me introdujo el pezón hacia mi boca me dijo anda sírvete todo lo que quieras yo con la boca temblando me pegue al pezón y comencé a succionar despacio para no lastimarla y de inmediato empezó a fluir su leche materna primero unas gotas y luego a chorros era calientita y muy dulce , me sentía en la gloría yo succionaba constantemente y ella gemía de placer , estuve pegado a su pecho hasta que se lo vacié por completo y luego me cambio al otro mientras mamaba ella me decía que a su marido no le gustaba verle ni mucho menos chuparle los pechos y que le daba asco la leche materna, yo me despegue de su pezón para contestarle que su marido era un tonto por desperdiciar semejantes pechos llenos de leche , ella me contesto que si que era un tonto , mientas sonreía me dijo afortunadamente que bueno que existen personas igual de abiertas que tu y que yo ,y que les guste la leche materna, yo le sonrrei y me dijo anda sigue mamando que yo lo disfruto mucho y seguí haciendo lo propio hasta vaciarlo por completo.

Al terminar me dijo me has aliviado el dolor , la verdad no cavia de felicidad por haber cumplido mi fantasía y de la película los dos ni nos acordamos, yo le di las gracias por haber cumplido mi fantasía de probar una leche tan rica como la de ella, sonriendo me dijo ¿enserio? crees que mi leche es rica yo contento y con mas confianza le dije que si que era la mejor que había probado en la vida y así estuvimos charlando unas tres horas hasta que su bebe despertó llorando , ella fue por el y dijo es hora de comer se saco su pecho y le dio , yo admirando aquel pecho lleno otra ves de leche ,se me hizo agua la boca y ella me dijo ahorita te toca a ti otra vez , sonriendo le dije que no se apurara que yo esperaría mi turno y así sucedió en cuanto el bebe termino, lo arrullo y se volvió a dormir y seguí yo , otra vez a mamar aquel pecho de donde salía esa rica leche que saciaba mi sed los vacié de nuevo y me dispuse a retírame a casa dándole las gracias por tan agradable compañía y por haber hecho realidad mi fantasía, ella me confeso que también había pasado una tarde muy agradable y que eso que había pasado se tendría que repetir otra ves, me regalo su sostén blanco empapado de leche materna el cual me éxita tanto.

Nos pusimos de acuerdo para volver a repetir aquella aventura que ambos quedamos, la repetiremos hasta que ella deja de producir leche materna. Me fui contento a casa a pesar de que me perdí la película pues había pasado el mejor momento de mi vida, cosa que no se logra con una película.

Espero les haya gustado mi relato que es puramente real. Me ocurrió apenas este domingo. Un saludo para aquellos que practican la lactancia erótica es algo fabuloso. Espero sus comentarios sobre mi experiencia y espero que me cuenten aquellos que también han tenido estas experiencias.

Relato 3 - Retrato de muchacha dando el pecho.
Publicado por un tal Carlos, nos cuenta como fue que conoció a una mami en periodo de lactancia, y como terminó disfrutando su leche materna.
Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de tantos días seguidos de asueto. Eran unas merecidas y anticipadas vacaciones. Unas semanas atrás, en un chequeo rutinario, el médico de la mutua me detectó la tensión tan alta y un nivel de estrés tal que me dijo que si no le prometía tomarme unos días de descanso, él mismo me daría la baja laboral. Y la verdad es que el doctor tenía razón, hace demasiado tiempo que siento que voy como montado en un tren que nunca para, y ya ni siquiera recuerdo cuál fue la última estación.

Así es que en el primer día de mi nueva vida, salí de casa con una novela que me mi esposa me había regalado en alguno de los días del libro de los últimos años – Los crímenes de Oxford – y anduve un rato por el parque. Recorrí los angostos senderos de la zona más boscosa hasta que el cansancio me hizo sentar en un banco junto a una fuente y el parque infantil y me puse a leer. En esas dos semanas de descanso, decidí recuperar alguna de mis viejas aficiones perdidas. Comprar en el mercado, preparar yo mismo la comida, escuchar música relajadamente, leer una buena novela, pasear por el parque… Creo que desde que mi hijo Julián cumplió los 9 años – y ahora ya tiene 25 – no había vuelto a venir al parque de al lado de casa. Era horario escolar y por el parque tan sólo deambulaban ancianos jubilados y alguna mamá con su pequeño caminando con torpeza agarrado a su mano o en el carrito. Era una hora calurosa pero agradablemente tranquila. Estaba sumergiéndome en la lectura del libro cuando pasó junto a mí una chica empujando un carrito de bebé que me saludó. Levanté la vista de las páginas y le devolví el saludo. Era una muchacha muy joven, debería tener unos 18 años, y su apariencia era muy atractiva. Pensé que debería ser la canguro del bebé. Se sentó en el banco de al lado y yo volví a mi lectura. Al cabo de un rato, el llanto del pequeño me sacó de las páginas del libro y me hizo dirigir la mirada hacia el banco vecino. El niño había dejó de llorar. La jovencita le había puesto su blanco y generoso pecho en la boca y el bebé se saciaba en la gloria de aquel sugestivo pezón de mujer. Confieso que aquella imagen me cautivó. Nunca me hubiera imaginado que aquella chica tan joven pudiera ser mamá y además, no parecía que su cuerpo hubiera albergado un reciente embarazo. La muchacha me sorprendió mirando cómo daba de mamar a su bebé y creo que me ruboricé. Le pedí casi instintivamente disculpas por mi indiscreción y ella, que no mostró ningún signo de desaprobación, me dijo muy amablemente que sentía haberme incomodado.

- No me incomoda. No. – Le contesté apresuradamente – Soy yo quien debería disculparse por haberla estado mirando. Lo que ocurre es que…, me ha sorprendido. No sé por qué, pensé que era la canguro de la criatura, no la mamá. ¡Es usted tan joven!

Gracias. Tengo 19. Supongo que comparado con lo que se estila ahora de tener los hijos a partir de los 30, sí, soy una mamá muy joven. – Y añadió, volviendo al motivo de la conversación.- ¿De verdad que no le molesta que le dé de mamar aquí?

- No, de verdad. En absoluto. – Aquella situación me había puesto en evidencia, y muy nervioso. No sabía qué decir. - Es algo muy natural. Y además… no creo que a su pequeño le guste la idea de dejarlo ahora. ¿Qué es, niño o niña?

- Es un niño. Se llama Alejandro, como su padre, y tiene un mes y tres semanas.

Yo esbocé una sonrisa de aprobación y volví, tal vez descortésmente, a mi libro. Aunque lo cierto es que ya no pude concentrarme. La mirada se me iba hacia el banco derecho, hacia el seno descubierto de aquella preciosa joven. Y para evitar la vergüenza de ser sorprendido de nuevo embelesado en la contemplación de una escena tan sugerente me levanté del asiento, me despedí de la muchacha con un lacónico adiós y me volví a casa.

Desde ese momento, no pude evitar contar las horas hasta que llegara la nueva mañana. Deseaba fervientemente reencontrarme con aquella bella muchacha y con su pecho desnudo acaparado por el insolidario lactante. A la mañana siguiente no perdí el tiempo paseando por los caminos del parque, directamente me dirigí al mi banco con la esperanza de aquella madona renacentista hiciera acto de presencia. No podía concentrarme en la novela, miraba el reloj y a todos los rincones del parque para ver si aparecía y cuando ya desesperaba de verla, apareció tirando del carrito, viniendo hacia mi lado. Me regaló la sonrisa más hermosa que había visto jamás, nos saludamos educadamente y se sentó otra vez en el banco de al lado.

Hice como si leyera la novela que llevaba entre las manos. Pasaba las páginas para que ella no se percatara que fingía. Y, de tanto en tanto, no me resistía a mirar de soslayo hacia mi derecha, esperando el ansiado momento. Pero no sucedía. Y me maldije por mi indiscreción del día anterior. Estaba convencido que mi actitud coartaba a la muchacha. Miré el reloj, pasaban diez minutos de las 11, y calculé que la toma del bebé ayer había sido a las 11 en punto. Si al menos el mocoso rompiera a llorar – pensé -. Pero no hizo falta, dirigiéndose a mí, como si supiera el interés que había despertado aquella función materna en mí, me anunció que ya era la hora de la toma de su Alejandro, al tiempo que se desabrochaba la camisa y levantaba la cubierta del sujetador del pecho izquierdo.

Yo volví a hacer aquel gesto vacío de aprobación – como si ella necesitara de mi aprobación -, pero a diferencia del día anterior, me quedé mirando cómo el pequeño pugnaba nervioso con el enorme y rosado pezón hasta que consiguió engancharse y empezar a succionarlo con tanto placer que en su cara se dibujaba una inocente sonrisa de satisfacción. También la cara de la madre aparecía como iluminada por el placer de dar su propia leche a su hijo. Me sentía algo estúpido allí, mirando embelesado cómo lactaba aquel egoísta bebé. Pero no me importaba.

No creía que fuera un despreciable por valerme de mi edad, de mi condición de padre – algún día no lejano de abuelo – para otorgarme a mí mismo el derecho de mirar sin recato, como un médico a una paciente. Y a ella no parecía importarle. Al contrario, al comprobar que desde que empezó a amamantar al niño yo no había dejado de mirarlos, empezó a hacer comentarios sobre la alimentación de su hijo, cuánto había pesado al nacer, cuántas tomas hacía al día, y un sinfín de detalles a los que yo prestaba la misma atención que hubiera prestado la abuela de la criatura u otra mujer en estado, ansiosa de información.

Aproximadamente a los cinco minutos cambió de pecho y yo me perdí la visión directa de su nutritiva teta, pero aún así, no dejé de mirar y de conversar con mi joven amiga. Unos minutos después de que ella acabara de amamantar a su bebé, lo colocó dentro del carrito, se levantó del asiento y se despidió de mí, con un neutro y coloquial “hasta mañana” que yo quise interpretar como una invitación a volverla a ver. Sin duda estaba excitado. MI tensión estaba disparada. Me reí al pensar qué diría mi médico si supiera el estrés que me estaba produciendo aquel período de descanso. Por la noche, cuando mi mujer y yo nos acostamos, le tomé los pechos y empecé a acariciarlos con suavidad, haciendo que se erizaran los pezones hasta ponerse duros como piedras. Laura, mi esposa, se dejó hacer, complacida. A su edad, 45 años, aún tenía los pechos muy bien cuidados, grandes y firmes.

Le levanté la camiseta y cuando tuve las dos tetas desnudas a mi alcance me dediqué a chuparle los pezones y a meterme sus pechos en todo lo que me cabía en la boca para satisfacción de Laura, que no daba crédito a mi espontánea pasión por sus tetas. Me esforcé tanto en excitar y excitarme mamando las tetas de mi mujer que con unas mínimas caricias en su mojada rajita, conseguí que tuviera un orgasmo. Yo hice lo propio, encima de la barriguita de mi señora, merced a los frotamientos de mi pene contra su cuerpo. Cuando acabamos, temí que Laura me preguntara qué me había pasado por la mente para actuar de aquella forma, pero no lo hizo. Después de lavarse, se metió en la cama, me dio un casto beso de buenas noches en los labios, y se dio la vuelta para dormir de espaldas a mí. Yo también me dormí, pero soñando con las tetas de mi joven amiga. Al día siguiente, cuando regresaba del banco de hacer unas gestiones, a primera hora de la mañana, me vi sorprendido por la presencia de la muchacha en la entrada de mi edificio. Iba cargada con el carrito del bebé y con unas bolsas de la compra.

- ¡Hola, buenos días! – Exclamé yo sorprendido y visiblemente contento por aquella coincidencia.
- ¡Buenos días! – Contestó ella con naturalidad, sin mostrar sorpresa alguna.
- ¿Vives aquí? – Pregunté, a la vez que abría la puerta con mis llaves y la ayudaba con las bolsas de la compra.
- ¡Claro! Pensaba que lo sabía. Hace casi un año que mi marido y yo vivimos aquí. Desde que nos casamos.
- Perdona, no lo sabía. La verdad es que los últimos años a penas si paro en casa. – Y pregunté - ¿En qué piso vives?
- En la planta baja, tercera puerta.
- Por eso no hemos coincidido en el ascensor. – Argumenté, intentando recordar si la había visto antes.

Ella sonrió forzadamente - ¿quizás algo decepcionada por no haberme fijado antes en ella? pensé -. Pero ahora lo prioritario era ayudarla con las bolsas y el carrito. Me dirigí hasta la puerta de su piso y esperé a que ella la abriera y entrara el carrito. Yo me quedé a la entrada, con las bolsas en la mano hasta que ella me llamó en voz alta desde la cocina, pidiéndome que entrara. Obedecí y cerré la puerta detrás de mí.

Eran casi las nueve, el pequeño Alejandro empezó a llorar y la madre se disculpó informándome que se había retrasado en la toma de las ocho y media y que si me esperaba unos minutos, estaría encantada de ofrecerme un café.

Lo correcto, probablemente, hubiera sido excusarme y dejar que la madre amamantara a su criatura en la intimidad de su hogar, pero la sola idea de contemplarla de nuevo, con los senos desnudos, dando de mamar al pequeño, y en su propia casa, se me antojó un regalo de los dioses imposible de rechazar. Así es que le dije que no tuviera prisa, que me encantaría tomar ese café y que no me vendría mal hacer algo de relaciones con la vecindad.

- Por cierto… ¿Cómo te llamas? – Le pregunté mientras la seguía hasta la sala de estar, donde tomó asiento en el sofá.
- La mayoría de la gente que escucha por primera vez mi nombre se extraña mucho. Me preguntan si soy árabe o sudamericana. A ver qué opinas tú: me llamo Zenobia.
Yo me había sentado en un sillón, frente a ella, con la intención de no perderme detalle de su sesión de lactancia. Después de dos veces, y alejados de las miradas de otras personas, no tuve conflicto interno alguno a la hora de admirarla. “Zenobia” me pareció un nombre bellísimo para una mujer bellísima.
- Zenobia… Me gusta es un nombre muy bonito. ¿Sabes quién fue Zenobia? – Le pregunté con la intención de impresionarla, si eso era posible, con mi cultura.
- Una santa no. No he encontrado el nombre en el santoral. Precisamente mis padres querían un nombre que no fuera católico. No son nada creyentes.
- Yo tampoco. Zenobia fue una reina de Palmira, en el siglo III. Palmira, bueno, sus ruinas, están en Siria y es un sitio muy turístico. El otro lugar importante de aquel reino era Petra, ¿te suena más Petra?
- Sí, me suena de algún catálogo de viajes. – Y se esforzó en pensar de qué le sonaba ese nombre y preguntó, como pidiéndome pistas - ¿Está en Egipto?
- No, en Jordania. Sale en la primera película de Indiana Jones. La ciudad excava en las rocas.
- Sí, sí, ya sé cuál es.
- Mi mujer y yo fuimos de viaje a Petra y Palmira para celebrar nuestras bodas de plata. – No quería hablar de mi matrimonio pero me salió la frase sin querer.
- ¡25 años! – Exclamó Zenobia.
- Veintisiete: Fue hace dos años.
- ¡Qué bonito, no, estar juntos tanto tiempo!
- Tiene sus cosas buenas y también sus inconvenientes. Como todo en la vida.
- Sí supongo. Ya te lo diré si Alejandro y yo llegamos a celebrar unas bodas de plata.

Zenobia me estaba tuteando por primera vez. Mientras conversábamos, se había cambiado al bebé de pecho con naturalidad. Al pequeño no parecía molestarle.

- No te he dicho como me llamo yo. Mi nombre es más vulgar: Jorge.
- Ya lo sé. Lo había mirado en el buzón.
- ¡Vaya! – Exclamé, gratamente sorprendido por las molestias que se había tomado la joven en saber quién era yo.

Sobre el sofá había un retrato de Zenobia dibujado al carboncillo. Era una de esas fotografías tratadas por ordenador. Estaba preciosa. Me sorprendió mirándola y me dijo:

- Dicen que en ese retrato me parezco mucho a Shannon Elizabeth. – Supongo que la expresión de mi cara delataba que no sabía a quién se refería.- Es la protagonista de American Pie.
- No sé si la habré visto.
- Pues han hecho tres partes ya. Y en las tres sale ella.
- ¡Tendré que verla! - Y ella se sonrojó al darse cuenta de lo intrascendente del tema.

El bebé había soltado el pezón de la teta derecha y la madre se esforzaba por volvérselo a meter en la boca, sin éxito.

- No quiere más. – Dijo dirigiéndose a mí.- Por la noche ya he empezado a darle biberón para que aguante más horas dormido y ya empieza a preferir el biberón a mi leche. – Y hablándole al pequeño, exclamó.- ¿Ya no te gusta la lechecita de mamá?

Sé que es una indecencia pensarlo siquiera, pero hubiera querido decirle que si su bebé no quería más que yo me la acabaría. Deseaba mamar aquellas increíbles y hermosas tetas.

Zenobia decidió acabar de amamantar a su pequeño y se lo puso al hombro para favorecer que eructara .Cuando lo hizo, lo dejó sobre un canastillo que había junto al sofá, plácidamente dormido. Se levantó y fue hasta la cocina para preparar el café. Al momento salió y se excusó diciendo que iba a cambiarse, señalándome hacia el hombro derecho que había quedado manchado por el bebé.

Se metió en el lavabo y cuando salió, se había quitado la camisa - y deduje que el sujetador - y se había puesto una camiseta ancha y larga. Entró de nuevo en la cocina y salió con una bandeja con la cafetera, dos tazas, el jarrito de la leche y el azúcar. Con aquella camiseta, sus senos liberados del sostén destacaban maravillosamente y sus pezones, recién ordeñados, despuntaban orgullosos. Mientras me recreaba inconscientemente en la sugerente visión de sus cántaros de leche, Zenobia echó el café en las dos tazas y me preguntó:

- ¿Leche? – La pregunta estalló en mi mente como un castillo de fuegos artificiales.
- No. Café sólo, gracias. - Hubiese querido decirle que sí, que quería leche: su leche.

Mientras tomábamos el café, ella volvió a sorprenderme con una anécdota relacionada con la primera vez que nos vio, a mí y a mi mujer, saliendo del edificio.

- Sabes que por tu culpa, tuve a mi marido muerto de celos durante varios días.
- ¿Por mi culpa? – Pregunté ansioso de conocer la respuesta.
- -Sí. Llevábamos poco tiempo viviendo aquí. Al veros salir, cogido de la mano con tu esposa, yo le hice un comentario a mi marido… Espero que no te moleste lo que voy a decir.- Y continuó.-…sobre lo elegante y atractivo que me parecías.
- ¿Me viste de lejos, no? – Bromeé.
- ¡No hombre no, que te vi de cerca!
- ¡Gracias! Me halaga. – Yo estaba exultante, impaciente por conocer el desenlace de aquel momento.

Durante unos instantes se hizo un silencio especial. Creo que los dos nos encontrábamos a gusto, juntos, aunque ninguno dijera ninguna palabra. Zenobia rompió el silencio:

- ¿Puedo preguntarte una cosa?
- Claro. Después del piropo que me has echado puedes preguntarme lo que quieras.
- ¿Tienes hijos, no?
- Sí. Julián, tiene 25 años. Lleva dos viviendo en Alemania.
- ¿Tu mujer le dio el pecho a tu hijo?
- Ha llovido mucho desde entonces, pero no, no pudo. ¿Por qué lo preguntas? – estaba intrigado y agradecido por el derrotero que estaba tomando la conversación.
- Es que a Alejandro, mi marido, se incomoda cuando le doy de mamar al niño.
- Tú misma has dicho que es un hombre celoso… Bueno, otro, aunque sea aún un mocoso está disfrutando de uno de los placeres del cuerpo de su mujer. – Le dije, aunque pensaba que aquel tipo era un perfecto imbécil: ¡despreciar el placer de contemplar algo tan bello y sugerente!
- Tengo una hermana menor que yo. Cuando nació yo tenía 10 años. Y me encantaba ver cómo mi madre le daba el pecho, me quedaba pasmada, mirando. Y a menudo me acompañaba en esta función de espectado, mi padre. A él también le gustaba estar presente cuando mi madre amamantaba a mi hermana.
- Sabio hombre, tu padre. Porque es un momento hermoso. – Y aseguré, por si creía que era un cumplimiento.- Lo digo de verdad.
- Ya lo sé que lo dices de verdad. He visto cómo me miras.
- Eres una mujer hermosa y cuando das el pecho a tu hijo, eso te hace más hermosa aún.
- Me voy a ruborizar. – Susurró Zenobia, con la cara inundada de color, y los ojos expresivamente abiertos.
- Cuando creían que yo no estaba, veía a mi madre darle el pecho también a él. – Zenobia recordaba con nostalgia y emoción aquellos momentos.- Me gustaba ver a mi papá chupando las tetas de mi madre, como si fuera un bebé.

Nos mirábamos en silencio, esperando que uno u otro diera el paso. Me percaté que dos manchas húmedas marcaban sus pezones en la camiseta. No sabía si era correcto o no señalárselo, pero ella se dio cuenta cómo la miraba a los pechos y le restó importancia. A mí me excitaba aquella visión y deseaba tener el valor de decírselo. Zenobia notó mi nerviosismo y me preguntó en quí pensaba. Y quemé mis naves.

Estaba pensando, probablemente como tu papá, que es una lástima que se desperdicie una leche tan dulce.

- ¿Cómo sabes que está dulce? – Preguntó con un gesto de coquetería.
- Sólo puede ser dulce saliendo de tus pechos. – Contesté.
¿Te gustaría comprobarlo?

Al preguntármelo, hizo además de que me sentara a su lado. Creí que aquello no me podía estar ocurriendo a mí. Obedecí y me puse a su lado. Ella se quitó la camiseta y entonces yo me estiré en el sofá, apoyando mi cabeza en su regazo. Ella me cogió con sus manos, como hacía con su bebé y me atrajo hacia sí para ponerme un rebosante pezón en mi boca y empecé a mamar. Primero con suma delicadeza, con miedo a hacerle daño; después con mayor intensidad al comprobar que a Zenobia me apretaba cada vez más contra sus pechos demostrándome de forma inequívoca que le gustaba lo que estábamos haciendo. Cuando abría los ojos y miraba hacia arriba veía su cara demudada de placer. Su leche era espesa y tibia y dulce. Sin duda la ambrosía de los dioses.

Como hacía con su bebé, a mí también me cambió de teta, y repetimos la toma con la misma intensidad y sintiendo igual placer.

Cuando acabé de amamantarme en sus fantásticos pechos, Zenobia se puso de nuevo la camiseta, me dio un beso maternal en los labios y se disculpó comentando que estaba muy cansada, que había pasado mala noche y aprovecharía que el niño estaba durmiendo para echarse ella también un rato.

Aunque me había dejado completamente empalmado y con ganas de continuar disfrutando de otras partes de su cuerpo, calculé que no era prudente tentar a la suerte. Así es que como no quería esperar todo un día para volverla a ver, le pregunté si podía invitarla a comer en mi casa. Le expliqué que esos días cocinaba yo y que es muy aburrido comer solo.

- ¿A qué hora quieres que vaya? – Me preguntó sin más rodeos.
- A las dos es buena hora. ¿Ya habrás dado de comer a tu pequeño?
- No. Él tiene la toma a las tres.
- Perfecto. – Contesté, pensando en que ella traería mi postre.
- Ella notó, por la expresión de mi cara, cuáles eran mis intenciones y me guiñó un ojo mientras yo marchaba.
- Buenos días. Que tengas felices sueños. – Me despedí.
- Hasta luego Jorge.

Tenía cinco horas por delante. Tiempo suficiente para dar un paseo y comprar antes de ponerme a preparar la comida. Camino al supermercado pasé delante de un videoclub y recordé la alusión que Zenobia había hecho de su parecido a una actriz de una película. Entré y pregunté si tenían American Pie, el dependiente me dijo qué parte quería, yo le respondí que la primera. En cuanto llegué a casa, antes de preparar la comida, me puse la película. Aunque era la típica película de adolescentes americanos con las hormonas revolucionadas, no estaba mal del todo y la verdad es que la protagonista femenina, que era una belleza espectacular, ciertamente se parecía a Zenobia.

Todo aquello me había producido una enorme excitación y si no fuera porque me resultaba una especie de infidelidad hacia mi admirada y joven mamá, a la que estaba a punto de volver a ver, me hubiera relajado aquel monumental calentón en el lavabo.

Zenobia fue puntual y yo ya tenía la mesa y la comida preparada. El bebé estaba aún dormido. A ella le gustó la lasaña que había preparado, aunque no pudo disfrutar lo mismo del vino lambrusco que acompañaba el plato porque no debía beber alcohol mientras diera de mamar.

Después de comer le mostré el piso y luego nos sentamos en el sofá a tomar un café. Los dos eludimos hablar de lo que había pasado esa mañana en su casa. Aunque yo estaba expectante por asistir a una nueva sesión de lactancia de su hijo, con la firme esperanza de que quedara algo para mí.

El momento esperado por fin llegó. El pequeño se había desperezado hacía unos minutos. Zenobia lo cogió en brazos, se desabrochó la camisa, dejando al descubierto el sujetador. Levantó la cubierta del pecho izquierdo y empezó a dar de mamar al pequeño.

Aquella visión, aún siendo igualmente atractiva, tenía ahora otro sentido para mí. Disfrutaba viéndola dar de mamar pero a la vez me impacientaba que no acabara ya.

A mi entender la toma estaba durando más de la cuenta. Zenobia se percató de nerviosismo y me dijo:

En las anteriores tomas ha comido poco, y ahora se está resarciendo. – Y exclamó - ¡Bruto, me haces daño! – Y volvió a dirigirse a mí. – Cuando se impacienta porque no sale como él quiere me muerde los pezones con las encías.

Yo continué esperando, hasta que por fin el pequeño cayó extenuado y Zenobia me anunció:

- Me ha dejado seca. Hace tiempo que no tomaba tanto.

Pensé que aquel bebé me había fastidiado la tarde, pero Zenobia me había leído el pensamiento y después de dejar al bebé en el carrito, dormido como un ángel, pidió permiso para ir al lavabo y cuando volvió se sentó a mi lado y se abrazó a mí, como para consolarme.

- ¿Estás enfadado porque mi Alejandro te ha dejado sin tu lechecita?
- ¡Pobre niño! No. – Y añadí – Si tú quieres, ya me darás cuando te vuelva.

- Sabes, hace poco vi un documental en la tele sobre una tribu de África, era sobre la vida de un niño pastor de vacas. Bueno,…. Vacas: la especie de vacas que tienen allí. – Escuchaba a Zenobia e intentaba adivinar qué relación podía tener con la leche de su pecho.- Me llamó mucho la atención lo que hacía aquel muchacho para provocar la estimulación del animal para que diera más leche. ¿Sabes lo que hacía? – Me preguntó.

- No. – Me imaginaba que le haría algo en las ubres, estaba deseando conocer el final de aquel relato.
- No te lo imaginas. ¡Me quedé de piedra! El pastorcillo se puso detrás del animal y amorró su cara al sexo de la vaca, lamiéndole… Bueno, ya sabes,… lamiéndole.

Aquella era la revelación más interesante que jamás me haya aportado un documental de televisión. Lo interpreté como una invitación y noté que ella también lo quería. Me arrodille frente a Zenobia, le levanté la falda y ella misma se bajó las braguitas. No me lo pensé dos veces, hundí mi cara en su coño y empecé a besarlo y a lamerlo con fruición.

Zenobia se retorcía de placer, estirándose cada vez en el sofá, apretándose contra mi cara. Estaba fuera de sí, como si hiciera mucho tiempo que no disfrutaba de una caricia tan íntima. Yo también me sentía en la gloria comiéndome aquel inesperado postre. Estuve unos minutos follando su rajita con mi lengua hasta que Zenobia logró un prologando y expresivo orgasmo. Me hizo incorporarme, me tomó la cara entre sus manos y me besó con pasión en la boca, degustando su propio sabor. Y después me anunció, mirándose los pechos: Ha funcionado.

De sus pechos volvía a brotar el exquisito manjar. Yo me recosté otra vez sobre su regazo y esperé como un niño a que Zenobia me pusiera sus pezones en mi ansiosa boca. Cuando por fin empecé a succionarlos, me llevé otra agradable sorpresa. Ella me había bajado la cremallera del pantalón y había liberado mi empalmada verga, empezando una sesión de caricias que, unidas a la excitación de tener sus tetas en mi boca, me estaba provocando un placer indescriptible.

Al cambiarme a su pecho derecho, Zenobia aprovechó para inclinarse más sobre mí. Me agarró con fuerza la polla y estiró para que yo lo pusiera lo más cerca posible de su cara. Tuve que improvisar una forzada postura, elevando las piernas que dejé apoyadas sobre el respaldo del sofá, pero valió la pena, porque de esa forma, mientras yo apoyaba mi cabeza sobre su regazo y mamaba su espléndida teta, Zenobia hacía lo propio con mi agradecido miembro.

Con tanta tensión acumulada durante todo el día, mis huevos estaba increíblemente cargados. No podía contenerme, le anuncié que me corría y ella me dio permiso para hacerlo sin dejar de chupármela. Fue una corrida espectacular, no dejaba de descargar mi leche dentro de su boca, y Zenobia no me la dejó hasta que la lamió y rebañó el capullo con agrado.

Me incorporé y me senté a su lado. Los dos estábamos extasiados. Ella se me abrazó y cuando me quise dar cuenta, se había adormilado, con su carita de ángel, como su bebé. Y yo me quedé allí, inmensamente feliz, pensando de qué modo, a partir de entonces, podría revivir aquellos irrepetibles momentos.

Relato 4 - Superando Traumas.
Escrito por una chica llamada Marcela en un foro, nos relata como logró dejar atrás un trauma que tenía desde joven, al ser una lactante activa y con unos pechos enormes.
Hola todos, soy Marcela, tengo 42 años y desde la escuela secundaria mis senos fueron creciendo y creciendo hasta convertirse en la atracción de compañeros de salón y sobre todo de los maestros.

Se que el tema trata de la lactancia, es por eso que les quiero compartir lo que me pasó con apenas ---, que en uno de "esos dias" mi mejor amiga me hizo notar que mi brassier estaba mojado de el frente, claro que corrímos juntas al baño y tras encerrarme llena de pena, pude ver que estaba saliendome un liquido algo ttansparente y ligeramente amarillo, me asusté y me desnude del torso para revisarme.

Cuando tomé ambos senos desde los costados, la poca presión que hice bastó para que largos chorritos de equel liquido bañaran el pequeño espejo frente a mi, me quedé boquiabierta mientras mi amiga me insitia en que le dijera que pasaba, del susto pasé a la risa, por que me parecía increíble como con solo exprimirme un poco,me salia tanto de aquello que si bien, estaba segura que no era leche, sabía que no era una enfermedad.

Me exprimí tano como pude inclinada sobre el lababo, hasta que ya me las estaba exprimiendo algo fuerte, mis senos ya no estanban chorreando nada, me vestí y dentro de mi sentí una nueva sensación de mujer que no sabía que existía, me sentí plena, no se. Aclaro que nunca había tenido novio, mucho menos una relacipon sexual ni nada de nada, si acaso, solo me habría acariciado superficialmente mi cuerpo frente al espejo como toda jovencita.

Claro que le comente a mi mamá y ya saben, medico, remedios, que si la luna, etc, etc. La verdad era que mis senos eran ya las de una mujer y de alguna manera se preparaban para su función en ésta vida, solo que se adelantaron y desde ahí tube que ser muy cuidadosa de no golpearme, baje mi intencidad en los deportes.

Pero lo que no podía eviatar era el de dejar de admirar sus formas, su volumen y casi casi era yo quien estimulaba que todas las noches, me saliera ese liquido dulzón y brillante, me encerraba en el pequeño baño de mi cuarto y me daba gusto masageando mis pesadas ubres, no me importaba que todas ellas se bañaran, que mi estomago y piernas quedaran finalmente encharcadas, era sublime la sensación de saberme capaz de amamantar a utro ser, de sentirme tan hembra que no me importaba nada.

Los días pasaron y mi amiga notó un ligero cambio en mi senos, diciendo que se notaban menos redondos pero que su nueva forma algo alargadas y redondas por debajo, me daban otro aspecto de madures, me sentí en las nuves y desde ahí fué que mi vida ha sido facinante.

Casi toda la prepa me la pasé sin novio, pero al final me ha gustado un chavo que sin dudarlo, le permití darse el gusto de tocarlos y soopesarlos, era algo tontito por que dudaba en sacarmelos del brassier, siempre los besaba por encima y se recostaba en ellos, fuí yo quien sacandome uno de mis pezones le pfrecí a que me los chupara, pero tan pronto sintió salir el dulce liquido, se retiró dando ligeras arqueadas, todo terminó en una gran pena y comom polvora se regó el hecho de que mis senos lactaban.

Salí de prepa aun con mis grandes y hermosas hubres intactas y no fuí si no hasta cumplidos mis 18 años, que un chavo mayor que yo, me llevó a su coche y dandome apenas un beso y sin casi conocernos, se dedicó a amasar mis senos, ha! por fin dije arquendo mi espalda y ofreciendole todas mis frondosas hubres, las que besó y chupó como loco por varios minutos, yo intentaba mirar sus labios para ver que hacía con mis liquidos pero sus movimientos eran tales que me hicieron perder la cabeza y mis ojos sa fueroa atrás, dejandolo hacer lo que quisiera.

Después de casi una hora ahí dentro, ya se había sacado su pene y me pedía que se lo chupara, era dificil acomodarnos, pero finalmente tube un pene dentro de mi boca, prácticamente el me cogió por la boca ya que yo no me moví hasta sentía sus flemas calientes estrellandose fuertes en el interior de mi garganta, evité a toda costa soltar su pene y comensé a tragar todo. Lo que me llaó la atencoón fué que mientras se chorreaba dentro de mi boca, el decía:

- Shhhh... haaaa... siiiii... asíiii.. tomate toda mi leche así como yo me tome toda la tuya...

Sentí un alivio de que al fin se daba por hecho de que me estaba saliendo leche y que de ninguna manera le fué un asco, si no todo lo contrario poes siguió y siguió diciendome de cosas mientras me las apretaba como ordeñandomelas, ya que estaban colgantes y totalmente desnudas a su merced:

- shhhh... que barbara! que chichotas tienes mamacita... mmmm... mira nada más...shhhh... que tetonas, no manches...shhhh...

Mi ligero trauma se disipaba a cada palabra y desde ahí me permití ser yo quien buscaría a novios ó "amigos" a quienes les gustara mamar un buen par de hubres lactantes. Espero no haberles aburrido, la verdad hay mucho más pero lo dejaremos para la proxima. Besitos!

Relato 5 - Embarazada, caliente e Infiel.
La autora es de un foro cuyo usuario era marel. Nos cuenta como, estando embarazada y con su hija mayor a su cuidado, decide serle infiel a su esposo con un taxista que la seduce hasta poder hacerla suya y beber de su rica leche.
Yo soy una mujer de 21 años, morena clara, chiquita de tamaño: 1.53 m, 45 kg, delgada, senos medianos, pezones muy querendones, nalgoncita, casada, sin permiso (infiel a partir de ese día), muy ardiente, con necesidades y una fantasía muy marcada que nació de una aventura que me sucedió algún día, del año pasado y que narro a continuación.

Había arreglado a mi hijita, de casi 3 años, y luego me fui con ella a la clínica del seguro social que me corresponde. Yo andaba embarazada, estaba esperando a mi segunda bebé (fue mujercita, ya nació); tenía 7 meses y andaba con una panzota. Andaba con un vestido azul marino, de maternidad. Llevaba zapato de piso, blanco, y abajo un conjunto de pantaleta - brasier blancos, con unas pantimedias negras. Al salir de consulta se me acercó un hombre grandote que me había estado mirando desde mi llegada a la clínica.

Era un hombre muy corpulento, quizás de 1.80 a 1.85 m, muy fuerte, muy moreno, de grandes espaldas y con una barriga también prominente. Vestía de café: pantalón y botas vaqueras, de unos 35 a 40 años. Este hombre tenía una mirada muy penetrante, que de inmediato me dominó. Me invitó un café

- ¡para conocernos, para conocerla...!.
- es que..., yo soy casada..., vengo con mi hijita..., y estoy embarazada..., le decía, tratando de zafarme de él, pero no se dejó, así que nos fuimos a un café a unos metros de ahí:
- Te ves rete linda esperando un bebé...,
- ¿Con esta panzota?, le pregunté, pues no le gustaba a mi esposo. Tenía casi ya cuatro meses de nada de nada; la verdad es que andaba muy necesitada de sexo, pues siempre he sido yo muy caliente.
- ¡Claro, con esa panzota..., te ves rete linda esperando un bebé...!, me decía, al tiempo que me deslizaba su mano sobre de mi panzota.

Comencé a sentirme caliente y mis pezones se me pusieron rete parados (así como la verga de un hombre, cuando éste se empieza a calentar). Sentí que comenzaba a venirme y a mojarme en mi pantaleta. Mis instintos sexuales se me hicieron irrefrenables: - ¿Ya mero llega el bebé?, me preguntaba ese hombre, sin dejar de acariciarme mi panza, cada vez más abajo:
- ¡le faltan dos meses... Va a ser mujercita…, pero ya tira patadas...!, le dije, algo nerviosa y bastante caliente. Sus manos me quemaban, ¡me encendían todo el cuerpo!.

Se detuvo en mi ingle izquierda y comenzó a descender su mano por mi muslo, hasta mi rodilla; me empezó a meter su mano por debajo de mi vestido, acariciándome las piernas, por encima de mi pantimedia. ¡Me dio mucho miedo y pena, que nos fueran a ver, que nos estuvieran mirando!, y lo traté de parar:
- “¡Aquí no...!”, no está bien...

El hombre, experimentado, de inmediato captó mis palabras, mi frase: “Aquí no…”, y seguramente pensó en donde sí, por lo que de inmediato pagó y nos salimos. Nos fuimos hasta su auto (él maneja un taxi) y me abrió la puerta de adelante, adonde me acomodé con mi niña.

Antes de arrancarnos, el hombre me pasó su mano derecha por detrás de mi cabeza, jalándome de mi nuca, y me plantó un cachondísimo beso en mi boca, al que yo respondí y…, lentamente, sin dejar de besarme la boca y comenzó a acariciarme mi chichi, con una mano, y con la otra, por debajo de mi vestido llegó hasta mi pantimedia; ¡estaba empapada de mis venidas!. Me acarició con toda calma, me recorría todo mi sexo sin pasar la barrera de la pantimedia: ¡me tenía sobre-excitada!, y en ese momento “me las pidió”:
- que, ¿le terminamos los ojitos al bebé?. Yo no respondí.

La que calla otorga y él me condujo a un motel. Pagó y entramos al cuarto, con todo y mi hijita. Nos bajamos los tres; yo llevaba a mi hija de la mano, pero apenas entramos al cuarto, inmediatamente después de que ese hombre cerrara la puerta, me besó con pasión en la boca y comenzó a apretarme los senos; me metió una mano entre las piernas, bajo el vestido y comenzó a acariciarme directamente mi sexo.

- ¡Síiii...!, lo animé, sin soltar de la mano a mi niña. Aparté las piernas y entonces sentí una mano y sus dedos jugar con mi pantaleta, con mi sexo.
- ¡Síiii..., asíiii...!, le musitaba, tremendamente caliente, pero..., a pesar de mis calenturas, tuve que apartarme un momento de él. Senté a mi hijita en el piso, saqué unas matatenas, que la entretienen bastante y le dije que jugara con ellas:
- ¡Yo mientras voy a jugar con el señor un ratito...!.

El hombre se me acercó nuevamente y..., aunque nos estaba mirando mi hija, ni a él ni a mí nos hizo que nos refrenáramos, al contrario, el hombre volvió a meterme la mano por debajo de mi vestido de maternidad y comenzó a acariciarme nuevamente mi sexo, mojado, dispuesto:
- ¡Andas tremendamente caliente, putita...!, me dijo, al descubrir lo mojada que tenía yo mis pantaletas y pantimedias.
- ¡Sí..., ando rete caliente...!, le dije, pasando mi mano por encima de su pantalón, a la altura de donde estaba su pene, tremendamente parado.

De inmediato le desabroché el cinturón, abrí su pantalón, metí mi mano en su calzón y comencé a acariciarle su verga. ¡Hacía casi tres meses que no tocaba yo una!: ¡me hacía mucha falta!. Sabía que teníamos poco tiempo y no había que desaprovecharlo. El se sacó el pantalón, y yo comencé a quitarme las pantimedias. Mi hijita me estaba mirando, cómo me desnudaba: ¡se me hizo tremendamente cachondo...!, y me sobrecalenté. Me desabroché mi vestido, por la parte de atrás, y me lo saqué por arriba de la cabeza, mostrándomele tan solo con mi brasier y mi pantaleta, blancos. Él se quitó la camisa y yo me quité mi brasier y mi pantaleta. ¡Estábamos desnudos los dos!.

Me recosté en la orilla de la cama, con las piernas colgando; las abrí y le pedí que me penetrara con cuidado:
- ¡no me vayas a lastimar...!. ¡Ansiaba sentirme penetrada!, pero tenía algo de miedo por el embarazo. Me levantó un poco las caderas y me penetró:
- ¡Aaaaggghhh…!, me sacó un delicioso pujido, al momento de penetrarme, pero mi hijita, nerviosa, me jaló de la mano y entonces, el hombre la subió hasta la cama y prosiguió con el acto sexual.

Me apretaba mis nalgas y las jalaba contra él. Sentía su pubis chocar contra el mío; su verga entraba y salía en mí deliciosamente. Me acariciaba mis senos y, al apretarme el pezón, comenzó a salirle lechita, que el hombre se puso a recoger con su boca y luego me puso a mi hijita a que me mamara la otra chichi: ¡los dos me estaban mamando!. ¡Esto me puso todavía más caliente!: el hombre, dándome verga, y mi hijita, mamándome mis pezones.

- ¡Me vengo..., me vengo..., me vengooo...!. ¡Me vine dos veces seguidas!. Luego de mis orgasmos, ese señor se detuvo y comenzó únicamente a remover su pene en mi interior. Esto me producía un golpeteo delicioso. ¡Sentía cómo se inflaba y desinflaba su pene dentro de mí!. ¡Estaba gozando muchísimo!; ¡lo necesitaba imperiosamente!.
- ¡Qué rico me lo hace..., se siente bonito..., sí..., así..., así...!.
- ¡Ya estoy por venirme bonita..., voy a escharte mi leche..., tómala..., tómala..., tómala...!.
- ¡sí..., así..., qué rico..., sí..., sí..., así..., así...!. ¡Acabó dentro de mí y yo sentí que su esperma hirviente me quemaba el interior de mi vientre!, y yo alcancé de nuevo el gozo y la paz de la post-concupiscencia.
- ¡Aaaaggghhh...!.

Me relajé llena de placer, pero él me enderezó y me pidió que le mamara su pene:
- ¡Tengo muchas ganas de que me lo mames sabroso, para volverte a coger...!. Me sentí muy emocionada por eso; mi esposo siempre se conformaba con uno y..., comencé a mamarle su pene y fue esa vez que descubrí mi propio sabor a través del pene del hombre.
- ¡Síguele bonita..., ya se me está parando de nuevo..., síguele..., me lo mamas muy rico..., se ve que te gusta la verga bonita..., que rico..., putita...!. Volvió a tener su erección y ahora me colocó parada pero flexionada hacia la cama, levantando mis nalgas, dándole la espalda, apoyando mis manos y cara contra la cama mientras le ofrecía todo mi trasero.


Esto era para no lastimar al bebé con su peso. Exploró mi trasero, jugó con él; me abrió bien mis nalgas, le puso saliva a mi ano. ¡No era la primera vez que me lo hacían por ahí!, mi esposo también acostumbra poseerme por ese lado, aunque no con mucha frecuencia, y luego de unos tres empujones me penetró mi culito, arrancándome un nuevo pujido: - ¡Aaaaggghhh...!.

Fueron unos cuantos va y viene únicamente. Mi esfínter comenzó a contraerse golosamente hasta hacerlo venirse adentro de mí. ¡Fue extraordinario...!, me gustó mucho eso. Salimos de ahí y me llevó hasta la casa, en donde me empezaron los remordimientos. No estaba mi esposo pues él sale desde la mañana y regresa ya noche. Me sentía culpable, traidora, infiel, cogida delante de mi hijita. No se, miserable, pero contenta en el fondo. Me desnudé y eché toda mi ropa a lavar. Me metí a la regadera y me bañé.

El agua me hacía bien: ¡me excitaba!. Debí masturbarme para poderme calmar, pensando en la verga de aquel hombrezote que me acababa de hacer tan feliz. Luego de comer, me dormí toda la tarde soñando en la cogida que me había echado. Todavía pienso en ella y todavía me estremezco placenteramente; de ahí precisamente nace mi fantasía, el deseo de revivir esos momentos, ¡el placer de la infidelidad!.

Desde ese entonces, cada que me subo yo a un taxi, siento un algo en mi panochita y me he quedado con la fantasía de hacerlo en un taxi, con otro hombre, de preferencia grandote, como el hombre de aquella vez. Besitos!

Relato 6 - Lactancia, su secreta fantasía.
Escrito en tercera persona, sin datos de su autor, se relata como un esposo anhela poder beber la leche de su mujer en estado de lactancia, pero no le es fácil, pues no sabe como reaccionará.
Fernando observaba la escena por el rabillo del ojo, intentando simular que prestaba su total atención a la televisión. En el otro extremo del sofá estaba Ana, su mujer, que acomodaba en su regazo a la pequeña Elizabeth, de cinco meses, y que en ese momento estaba tomándose el almuerzo.

-"Se está poniendo las botas..." –Murmuraba para sus adentros.- "Desde luego, calcio no le faltará nunca."

Suspiró y eso atrajo la atención de su esposa, que arqueó una ceja mientras continuaba acariciando el suave cabello marrón de su hija. Esta tenía la boca prendida del pezón derecho de la mujer, moviendo las mejillas cada vez que succionaba. De vez en cuando apoyaba su manita en el busto de su madre, como abrazándola. La escena era tan tierna que como para emocionar al más insensible, sin embargo, Fernando no solo sentía ternura al verla. -"Envidia... Deseo... Lujuria..." –Las enumeró mentalmente.-

Aún recordaba la primera vez que, al poco de nacer, había presenciado a su hija mamando, le había hecho llorar, sí, pero incluso en ese momento único, sus instintos más primitivos habían despertado, llenándolo de un deseo que, a veces, consideraba sucio. En resumidas cuentas, lo que a Fernando le excitaba y hacía tensarse de excitación era la expectativa de "probar" a su mujer, en todo el sentido de la palabra. Siempre le habían encantado los pechos de su mujer pero, a raíz del embarazo, estos, junto con todo su cuerpo, habían cobrado una esbeltez que convertía lo tentador en irresistible. Si era posible, ahora estaba más seguro de que la amaba, y, mejor aún, de que el deseo que se entrelazaba con su amor era tan sólido como el primer día. Sin embargo, no todo eran buenas noticias, al menos en lo que a él y sus deseos se referían. Desde que Elizabeth reclamara los senos de su madre como fuente de alimento principal, estos habían pasado a estar casi vetados mientras hacían el amor. Fernando había intentado ser suave y paciente, dulce y comprensivo, pero, cada vez que hacía algo más que acariciarlos suavemente o llenarlos de dulces besos, ella se tensaba, preocupada, y él, conocedor del cuerpo de su mujer, se retiraba hacia zonas menos peligrosas.

Suponía que era una reacción normal, pero, aún así, le dolía. Le dolía porque él deseaba acariciar y lamer los pechos de su esposa como él sabía que a ella le encantaba, y le dolía, también, porque desde prácticamente el primer momento que vio gotitas blancas manchar los pezones de su mujer, había deseado ser él quien los limpiara. Con la lengua, y no necesariamente rápido, para ser más exactos. El punto determinante en sus fantasías estuvo provocado por sus investigaciones en Internet. Dado que no quería ser un padre pasivo y deseaba estar al lado de su esposa tanto en el embarazo como en el tiempo posterior, Fernando se había documentado bien, visitando páginas especializadas, leyendo documentos de médicos expertos en la materia y, sobretodo, convirtiéndose en un visitante asiduo de cierto foro de Internet donde mujeres intercambiaban sus opiniones y experiencias sobre el embarazo.

Era un foro curioso, pero también le causaba sudor frío en ocasiones. Leer como las mujeres charlaban tranquilamente sobre "dilatación" o "episiotomías" de la misma manera en que lo haría un grupo de amigas debatiendo sobre el tiempo, le dejaba estupefacto y, ante todo, hacía que su respeto hacía las mujeres aumentara considerablemente. No creía conocer a ningún hombre al que le hablaran de cortarle el perineo y no perdiera el color del rostro. Las mujeres, simplemente, eran seres superiores.

Entre muchos consejos útiles que no dudé en apuntar, encontré interesantísima la sección de experiencias personales, y, en concreto, las que apuntaban a los problemas y dificultades a la hora de llevar la lactancia. Fue en ese sitio donde aprendí el término "lactancia erótica", y supe por fin ponerle nombre al fuerte deseo que sentía, el anhelo de compartir esa experiencia con mi mujer, de llenar mi boca con su leche y saborearla en mi paladar. Había testimonios para todos los gustos; algunos eran optimistas, comentando que la lactancia no había supuesto ningún problema para su vida sexual, sino que, por el contrario, habían encontrado una buena forma de utilizar el "excedente" de leche que solían producir a lo largo del día. Otras narraciones eran más tétricas, relatos de mujeres a las que sus parejas tocaban con desgana o, incluso, de hombre que se negaban simple y llanamente a mantener relaciones sexuales con sus mujeres porque les daba "asco".

Eso a él le encrespaba, hubiera deseado tener en frente a esos imbéciles y enseñarles cosas como "respeto", "tolerancia", "compasión" y "tacto". Con idiotas como aquellos, era normal que hubiera tantas depresiones post-parto. Pero en lo que todos los testimonios coincidían era en que compartir la lactancia con sus parejas creaba un vínculo especial entre ellos y, sobretodo, resultaba de lo más placentero. Era una forma única de vivir la pasión. A Fernando todos esos testimonios positivos le alegraban y, ¿Por qué no decirlo?, le excitaban. Le ponían a cien. En ese momento, no deseaba más que tumbarse junto a su mujer, acariciar suavemente uno de sus senos y unirse a la comida.

Unos sonidos satisfechos de su hija volvieron a llevar la atención de Fernando al presente, Elizabeth, medio dormida, se había apoyado en el reposabrazos mientras Ana se colocaba el sujetador especial y la camiseta. -Esta va a quedarse roque en cualquier momento. –Comentó la mujer mientras se levantaba.- Con suerte se echará una siestecita y podré trabajar tranquila. Ana trabajaba encargándose del mantenimiento de varias páginas web, era un trabajo perfecto, dado que podía realizarlo desde casa, sin perderse ni un solo minuto de su nueva maternidad. En una ocasión, Fernando había encontrado a su mujer sentada frente al ordenador, con Elizabeth dándose un buen atracón mientras ella trasteaba con la página web de un concesionario de motos. La escena le había parecido la simbiosis perfecta entre la vida profesional y familiar. Se había sentido emocionado, excitado y un poco celoso, por ese orden.

-¿Vas a trabajar? –Él también se incorporó.- Estaba esperando la respuesta a un mail, miro si a llegado y cierro mi sesión, ¿Vale? -Claro, yo mientras acuesto a esta preciosidad.

Cuando su mujer pasó por su lado, él aprovechó para pellizcarle cariñosamente el trasero, provocando una sonrisa y una negación de cabeza en la fémina. -Date prisa con el correo, quiero ponerme a trabajar ya. –Observó que los ojos de su esposo no se despegaban de su trasero y lo meneó suavemente mientras suspiraba exasperada.- ¿Ves algo que te guste? -Me gusta, sí, me gusta mucho... –Hubo un chispazo momentáneo entre los dos, una mirada entendida que habían desarrollado con el paso del tiempo, una complicidad que decía claramente lo que querían; hacer el amor, y cuando lo querían; ahora. Él miró su reloj y gruñó.- Pero solo tengo diez minutos antes de irme.

-¿Debería decir que soy una mujer afortunada porque en diez minutos no nos daría ni para empezar? –Ella le guiñó el ojo y se marchó, contoneándose ligeramente, actuando para él. Volvió a gruñir.- Ana era preciosa. De estatura media, cabello largo castaño y ojos negros, todo su cuerpo parecía haber florecido con el embarazo, y él lo apreciaba, o sí, lo apreciaba. Al contrario que su esposa, él tenía los ojos marrones y el cabello negro, una mezcla de la cual su hija había heredado la mejor combinación; castaña y con ojos marrones. Él no estaba mal, o eso creía, pero siempre se había sentido afortunado de haber podido convencer a una mujer como Ana de que compartieran sus vidas.

Perezosamente fue al cuarto del ordenador y comprobó que el correo electrónico que esperaba había llegado. Lo leyó y se puso a escribir la respuesta. -Vas a llegar tarde. –Le avisó su mujer desde la otra habitación.- -Ya va, ya va... –Terminó de teclear las últimas letras e hizo clic en "Enviar" justo cuando la fémina entraba en la habitación.- Todo tuyo, y que no me entere que haces guarrerías con la cámara web. Ella soltó una carcajada y rápidamente se tapó la boca, conteniendo el ruido para no despertar a Elizabeth. Cuando se hubo controlado, le pasó los brazos por el cuello y le besó al tiempo que murmuraba un coqueto "Ya sabes que solo hago guarrerías para ti".

-Y eso es algo que yo valoro. –Se lo demostró con otro beso al tiempo que aprovechaba para apretarla contra sí y notar ese magnífico busto contra él.- Me voy, me voy... Salió de casa con una sonrisa, montó al coche y, cuando ya había recorrido un par de kilómetros, frenó en seco, dando gracias a Dios por no tener ningún coche detrás en ese momento. ¿Había cerrado su sesión del ordenador?, ¿Había cerrado las ventanas del Internet Explorer? -"Oh, Dios..." –Se pasó la mano por la frente y trató de recordar.- "No, no lo he cerrado, no he cerrado nada... Oh, Dios..." Cerró los ojos con fuerza cuando recordó lo que había estado viendo justo antes de que Ana le llamara para comer. Estaba en el foro de mujeres embarazadas, leyendo uno de los testimonios de mujeres lactantes mientras decidía si poner un mensaje en el foro para pedir consejo a las otras mujeres. Era una idea que había barajado muchas veces pero que no acertaba a poner en marcha. Salvo algunos especialistas que respondían dudas a veces, él era el único hombre que solía estar por ahí, y quedar cara a cara con una manada de lobas era imponente. Lobas con instintos maternales, sí, pero lobas igualmente. Maldijo por lo bajo y le gruñó al espejo retrovisor cuando un coche pitó para que siguiera avanzando. -"Ana cerrará mi sesión sin mirar nada." –Se intentó autoconvencer.- "Ella es demasiado honesta como para..." Era una idea ridícula, pues claro que miraría. Ana se iba a enterar de su secreto lácteo mejor guardado, ¿Qué iba a pensar de él? También había leído de mujeres que se negaban a compartir esa experiencia con su pareja, considerándolo algo exclusivamente perteneciente a ella y el bebé. ¿Y si este era el caso? ¿Y si se enfadaba? ¿Y si...? Lo que fuera a pasar, pasaría. Suspiró. En realidad también se sentía un poco aliviado. Ocurriera lo que ocurriera, todo se solucionaría esa noche cuando llegara de trabajar. Tuvo un escalofrío.

*** Mientras el Sol se ponía, Fernando daba golpecitos con los dedos en el volante. Había conseguido aparcar casi enfrente de su edificio, tan cerca que podía ver luz en su casa. "Al menos no se ha cabreado tanto como para marcharse. Buena señal." Por si acaso necesitaba incentivos, había comprado una caja de bombones de chocolate con relleno de menta, los preferidos de su mujer. ¿Un soborno? Para nada. Era una ofrenda de paz. Reacio a seguir cociéndose en su propia inseguridad, abandonó el vehículo y, con la cabeza en otro lado, llegó a su casa. Dejó las llaves, la cartera y el móvil en la mesilla de la entrada, se quitó la chaqueta y la colgó en el respaldo de la silla que tenía más cercana en el salón.

-Hola, cariño. –Le saludó Ana desde la cocina.- ¿Ya has vuelto? -No, soy un ladrón y he venido a robar. –Comentó él con ironía mientras se acercaba a ella. Al parecer no habría malas caras nada más entrar. Otra buena señal.- -Pues se ha equivocado de casa, Señor Ladrón, no sabe usted lo que cuesta mantener a un hijo. –Se incorporó ligeramente de puntillas para darle un beso mientras seguía removiendo algo en un cazo.- Ve y ponte cómodo, Eli está en su nido, entretenida con un muñeco, yo mientras termino de hacer la cena. -Huele bien. –Intentó meter un dedo en el cazo y se ganó un golpe con el cucharón. Agitó la bolsa frente a su mujer.- Eh... Por casualidad pasaba por la tienda, y me he acordado de ese chocolate que tanto te gusta, y... Eh... Te he comprado una caja. Los ojos de Ana se achicaron al ver los bombones. El brillo de estos delató varias emociones: Gula, agradecimiento y perspicacia por partes iguales. ¿Perspicacia? Él solo le hacía un regalo a su mujer, ¿Qué había de sospechoso en eso? -Vaya, que detalle. –Los metió en la nevera.- Los tendremos como postre. -Creía que mi postre eras tú. –Le mordisqueó la oreja y ella se estremeció.- -Eso es el postre deluxe, especialidad de la casa, y se sirve solo en el dormitorio. -Menos mal que llamé para reservar la cama. –Apuntó él teatralmente mientras se marchaba.-

¡Perfecto! No había ningún problema, ni malas caras o recriminaciones. ¡Nada! Tal vez Ana había podido superar su curiosidad y no había mirado las páginas que estaba visitando. Tal vez. Una ducha y el pijama sirvieron para despejarle la cabeza. Pasó el rato que tardaba la cena jugando con Elizabeth, deleitándose de su forma de reír y ligeramente picado porque su primera palabra fuera "mamá". Una vez su mujer le había pillado susurrándole "papá" a la niña una y otra vez, intentando que aprendiera la palabra. Ana se había reído tanto que había acabado llorando. Él se defendió sacando pecho y alegando que podía enseñarle las palabras que quisiera a su hija, no lo hacía por envidia, no, solo quería mejorar su vocabulario.

Mientras cenaban en el salón, Fernando fue consciente de que quizás no todo fuera tan bien como creía al principio. Percibía una pequeña tensión, aunque quizás se la estaba imaginando. Sus sospechas se confirmaron cuando Ana cogió a Elizabeth y se la llevó al dormitorio al llegar la hora de su cena. Se quedó mirando como desaparecían por el pasillo y se estremeció. -"Lo he estropeado todo." –Se decía una y otra vez, barajando posibles soluciones al problema.- "Pensará que soy un pervertido o algo peor."

Al llegar el momento de irse a la cama, Fernando vio como su mujer se ponía el atractivo camisón que solía usar los días calurosos. Notar sus curvas ceñirse a la prenda, en especial las redondeces de sus senos, le puso a cien. Ana se aseguró que el receptor del cuarto del bebé estaba encendido y después se volvió hacia él, acariciándole la espalda cariñosamente.

-¿Dijiste algo de un postre deluxe? –Susurró ella con voz melosa.- Porque me apetece en este momento. Fernando no necesitó más palabras, tomó su rostro entre sus manos y la besó, con suavidad al principio, ardorosamente después. Disfrutó como un adolescente cuando sus lenguas se encontraron y entablaron esa suave y húmeda batalla por el control de sus bocas. Las caricias siguieron a los besos, y los gemidos a las caricias. Fernando se deleitó con la suave morbidez del cuerpo de la mujer, dejó que sus manos disfrutaran recorriendo las caderas de esta, su vientre, sus costados, sus pechos... Ella se tensó de repente. Él maldijo por lo bajo. -Perdón... –Fue el susurro de su esposa mientras se apartaba lo justo para mirarle a la cara.- Yo... Tenía algo que decirte, casi se me olvida. -Ana, sobre lo de Internet... –No sabía como justificarse, pero, si evitaba que hubiera problemas entre ellos, descubriría el modo. Con tal de volver a encender la hoguera que tenían hacía un minuto, cualquier cosa.- -No, déjame terminar. –Ella tomó aire.- He estado hablando con Cleo.

Cleo era su amiga del alma y la persona que, aparte de su madre, más la había ayudado con la maternidad. Ella ya iba por el segundo hijo y tenía pensado encargarle el tercero a la cigüeña más pronto que tarde. Eso si conseguía que su marido cooperara. Había oído a Ramón hablar de hacerse la vasectomía, a lo que seguía su frase de: "Las mujeres, en cuanto tienen un hijo, quieren más, y no paran hasta conseguirlos, Fer, no paran." Era un Profeta.

-Ella dejó de darle el pecho a sus hijos a los seis meses, dice que es lo mejor si no quieres que el pecho se caiga o... –Suspiró.- Bueno, lo que quería decir, es que estaba pensando en destetar a Eli dentro de unas semanas. Me miró casi con timidez. ¿Ana, su Ana, mirándolo con timidez? ¡El cielo cae sobre nuestras cabezas! -No habrá problemas después, ¿Vale? –Me dedicó una pequeña sonrisa.- Todo será como antes.

No entendía nada. Fernando miraba a su esposa estupefacto, como si esta hubiera aparecido de repente, ahí, en su cama, con el aspecto de una Diosa de la Fertilidad ávida de usar su poder. ¿Le estaba diciendo suavemente que se negaba a entrar en todo el tema de la lactancia erótica? ¿Intentaba no ofenderlo? No se lo parecía. A lo mejor estaba un poco confundido, tal vez porque mucha de su sangre estaba concentrada en cierta zona de su anatomía, pero creía que alguien lo había entendido todo al revés. Ana parecía estar disculpándose por ser una madre lactante, pero, ¿Por qué? Entonces se le encendió la bombilla. ¿De que iba el testimonio que estaba leyendo en el foro de mujeres? Eran las palabras de una mujer que se arrepentía enormemente de haberle estado dándole el pecho a su bebé, alegando que los dolores que le daba en los senos cuando no podía sacarse la leche la traían de cabeza, y, principalmente, que no poder tener relaciones sexuales plenas con su pareja, que rechazaba ese aspecto de ella, la hacía sentir culpable. El día que se le "secara" la leche, planeaba montar una gran fiesta cuyo punto culminante se llevaría a cabo en el dormitorio.

La mujer incluso daba detalles de lo que planeaba hacerle a su hombre con sus recién "liberados" pechos. Fernando había pensado que el tipo, pese a ser idiota, era afortunado por tener una mujer con tanta imaginación. Ese testimonio, leído sin ningún conocimiento previo, había ocasionado que Ana lo entendiera todo mal. ¡Dios! ¡Pero si creía que le molestaba que estuviera lactando! ¡Cuando lo único que quería hacer era beber de ella y apagar esa sed que le estaba consumiendo desde hacía cinco meses! -Ana. –La cogió de los hombros y la acercó a él hasta que quedaron juntos, abrazados.- Lo has entendido mal, cariño, lo que has leído no es lo que yo pienso, ni mucho menos, todo lo contrario. -Pero... -Nada de peros. –Gruñó él. Ahora que se había armado de valor para confesarse, no iba a dejar que le detuviera.- Ana, llevo tiempo en ese foro de mujeres, he usado algunos consejos suyos mientras estabas embarazada, y después. -¿Cómo los masajes en los pies? –Saltó ella de pronto. Ya había sospechado cuando en el sexto mes el se ofreció a darle esos masajes, y ahora veía que su perspicacia estaba justificada.- Sabía que alguien te lo había dicho, fueron todo un detalle, amor, los necesitaba. -Sí, lo de los masajes lo saqué de ahí. –Asintió con la cabeza mientras sonreía.- Pero... Lo que más me ha llamado la atención... Es... Bueno... -Cariño, sabes que nada de lo que digas va a escandalizarme. –Le obligó a mirarla a la cara, hipnotizándole con esas lagunas oscuras que llamaba ojos.- Vamos, cuéntame. -Yo... –Carraspeó.- ¿Sabes lo que es la Lactancia Erótica? -¿Lactancia Erótica? –Parpadeó y se miró al escote antes de volver a alzar una confusa mirada hacia él.- -Sí, es... Bueno... Es cuando... Cuando compartes con tu pareja... Ya sabes... -¿Mi leche? –Se volvió a mirar el escote, un leve rubor apareció en sus mejillas.- -Sí, tu leche... La Lactancia Erótica va de eso... De incluirla en la vida de pareja, de una forma... Sexual... –Se le había quedado la boca seca. ¿Era su imaginación o los pechos de su mujer parecían repentinamente enormes?- -¿Cómo de sexual? -Muy sexual. –Volvió a carraspear.- Bueno, eso era todo, no es que me moleste, cariño, al contrario, estoy encantado. Y francamente, que dejes de darle el pecho a Eli a los seis meses me parece... Bueno, es tu decisión, pero creía que querías dárselo durante el máximo tiempo posible, aprovechando que trabajas desde casa. -Es lo mejor para ella. –Comenzó lo que podía ser una explicación sobre los beneficios de la lactancia, pero de repente frunció el ceño y le clavó un dedo en el tórax.- ¡Eh! ¡No me cambies de tema! ¡Estábamos hablando de Lactancia Erótica! ¿De verdad quieres hacer algo así? -Sí. –Fue rotundo.- Si no te importa, claro... Es que... Ana, ya sabes que tus pechos siempre me han vuelto loco. Tú misma los has usado alguna que otra vez para torturarme, y no te recordaré como me provocabas cuando éramos novios... Ella se rió suavemente.

-¿Qué es lo que quieres hacer? –Le acarició el hombro y le sonrió con picardía.- ¿Tienes algo en mente? -Tengo miles de ideas... –Indicó con voz repentinamente enronquecida.- Pero... Eso significa... ¿Aceptas? ¿Te gustaría? ¿No lo ves como algo raro o...? -Oh, cariño, ¿Por qué no iba a aceptar? –Llevó sus manos bajo sus pechos y los alzó, ofreciéndoselos.- El culpable de que estos estén como están no es otro que tu... Eli tiene barra libre, pero tú puedes beber también hasta saciarte. -Ana... –Le observaba el busto con auténtico deseo.- ¿Estás segura? -Sí... –Se paso la lengua por los labios, gesto que tampoco pasó desapercibido.- Me sentiría muy feliz si me probaras, cariño, creo que no me he dado cuenta hasta ahora de lo mucho que significaría para mí. No hubo más palabras. Las manos de Fernando agarraron los bajos del camisón que cubría livianamente el cuerpo de la mujer y lo alzaron en un solo movimiento. Pronto toda la ropa que llevaban quedó desparramada a los pies de la cama, sus respiraciones eran aceleradas, sus manos tanteaban sus cuerpos como si fuera la primera vez que hacían el amor. Por segunda vez, tomó posesión de la boca de su esposa, besando, lamiendo e incluso mordiéndola ligeramente hasta arrancarle un gemido. Besó su cuello, sus clavículas, lamió el profundo escote de su mujer mientras acariciaba sus pechos con las yemas de los dedos, provocándola, torturándola con la espera. Ella no se quedó ociosa, sus manos también recorrieron el cuerpo masculino, acariciando de arriba abajo los hombros que tanto le gustaban, sus costados y, desde luego, recorriendo su vientre hasta encontrar su virilidad dura, caliente y pulsante entre sus manos. De repente se detuvo.

-¿Qué pasa? –Fernando se separó con renuencia de ella para mirarla.- ¿Ana? -Se me acaba de ocurrir un chiste malo sobre leche. –Ella prácticamente ronroneó mientras le daba un suave apretón en el miembro endurecido, dejando bien claro a qué se refería.- ¿Te lo cuento? -Luego. –Fue la escueta y enronquecida respuesta de Fernando mientras apilaba las almohadas de modo que ella quedara cómodamente reclinada.- Ahora, por favor, ten piedad de mi y... -Vale, vale... –Se rió con coquetería.- A ver si este bebé tan grande que hay en mi cama se queda satisfecho con su postre... -Lo estará.

Y se inclinó sobre ella, zanjando cualquier otro tipo de discusión. Intentaba ser paciente, no quería estropearlo todo por su ansía, y mucho menos hacerle daño. Tenía que ser delicado y preciso, atento y... Dios, se iba a morir de deseo. Quería probarla, y lo quería ya. Acarició uno de sus pezones frotándolo con su rostro mientras que acariciaba el otro con una de sus manos. Los atrapó entre sus dedos, los acarició hasta encontrarlos endurecidos y deseosos de mayores atenciones. Los humedeció levemente con su lengua, casi sin tocarlos. Ella se estremeció.

Acercó su boca a una de aquellas puntas que tanto deseaba, sopló ligeramente, provocando otro escalofrío en la mujer. Sin mayor dilación, se lo introdujo en la boca. Ana soltó un quedo gemido al tiempo que situaba sus manos en la cabeza de su marido, acomodándolo como si de Elizabeth se tratara.

-Sé suave... –Susurró ella.- Cuidado con los dientes... -Mmm... –Ese sonido de placer debía de ser respuesta suficiente, porque no pensaba separarse de ese hermoso pecho que había atrapado por fin.- Fernando tuvo el impulso primitivo de succionar, sin llegar a estar del todo seguro de si lo hacía por el deseo de vivir su anhelada experiencia o si era simplemente la conducta innata de mamar lo que le llamaba. Pese a todo se controló. Se deleitó durante todo un minuto con sus oscurecidas aureolas, dibujándolas con la lengua una y otra vez. Ella le apretó ligeramente contra su pecho, manifestando su placer. Acarició su pezón cos los labios y lo rodeó con lengua varias veces, soltándolo tras una levísima presión. La respiración de Ana se tornaba cada vez más pesada, también ella se encontraba a la expectativa del gran momento, excitada y deseosa, como bien evidenciaba la creciente humedad que se concentraba en su sexo. Fernando ya había sentido el dulce sabor de Ana tras sus primeras exploraciones, pequeñas gotas que escapaban de los pezones debido a la excitación. Pero quería más, quería sentirla en su boca, saborearla en el paladar, en la lengua... Su primera succión fue leve, especulativa. Ana gimió con suavidad y se movió bajo él.

-Sí... –Susurró más cosas en voz baja.- Así, muy bien, cariño, lo haces muy bien... Por fin, después de cinco meses de tortura, cinco meses de envidiar a su propio bebé, estaba tomando la leche de su mujer. No pudo evitar que un sonido de placer reverberara en su garganta cuando el tibio líquido llenó su boca por primera vez. Tragó toda la dulzura que su mujer le ofrecía generosamente y sintió placer, auténtico placer. El sexo, en su base fundamental, es un intercambio de fluidos, ¿Por qué no añadir la leche materna a la lista? Él lo haría, sin duda. ¡De hecho, lo estaba haciendo!

Mientras acariciaba la tersa piel de su mujer, continuó bebiendo de ella, escuchando sus quedos gemidos, sus palabras de ánimo... Pero la cosa no acababa allí, por él, podría estar de ese modo hasta que no quedara ni una gota de su preciado oro blanco, sin embargo, sabía que podía convertir esa experiencia en algo aún más maravilloso y erótico. Habían sido las mujeres del foro las que le habían dado los detalles más concretos con sus narraciones, al parecer, durante la succión, se producían algo parecidos a "contracciones en la matriz" de la mujer, algo que podía llegar a ser sumamente placentero. Dudaba que se hubiera enterado de ese detalle en otro sitio que no fuera un foro de mujeres, a fin de cuentas, los hombres no se dedican a hablar de eso en los bares. "¿Qué te parecen los fichajes del Madrid este año?, ¿Tiene tu esposa contracciones en la matriz?" No, definitivamente, no era un tema masculino. Y él sabía algo más, por aclamación popular de todas ellas, había algo que convertía el hecho de dar de mamar en una auténtica experiencia orgásmica. Lentamente pero sin vacilación, una de sus manos fue recorriendo el vientre de su esposa hasta llegar los rizos húmedos de su entrepierna. Ella jadeó cuando sintió los dedos de su marido internarse ahí donde su carne era más tierna. -Sí, sí... –Ana se lamió los labios y cerró los ojos.- Justo así... Mientras las caricias continuaban y se hacían más certeras, el cuarto se llenó de pequeños gemidos, jadeos y algún que otro sonido de succión. -Cariño, me estás... –Se estremeció de placer.- ¡Qué bueno! Él podía decir lo mismo. Al tiempo que bebía ese néctar de los dioses y la acariciaba con la familiaridad que da la práctica, también frotaba su sexo contra el muslo de la mujer, que no evitaba murmullos apreciativos y comentarios sobre cosas duras.

Introdujo uno de sus dedos en la intimidad de Ana y esta se cerró a su alrededor. Un segundo dedo siguió al primero, ambos deleitándose de su humedad deslizante. Ella volvió a gemir de placer, esta vez más alto. Prácticamente tembló cuando su pulgar encontró el punto más sensible de su cuerpo. Arqueó las caderas, abriéndose a su exploración, buscando sentirlo más intensamente. Conforme el clímax se acercaba, su cuerpo respondía de forma más primitiva. Fernando continuaba deleitándose con sus pechos, besándolos, lamiéndolos, succionando su dulce leche... -Fernando... –Gimió ella.- Me... Voy a... ¡Fernando! El orgasmo la atravesó con una fuerza desgarradora. Al tiempo que sus muslos se cerraban aprisionando la mano que tanto placer le daba, ella misma acunó la cabeza de su marido contra su pecho, sintiendo el eco del placer de su sexo en los pezones.

Sufrió varios espasmos, jadeó, intentando no montar un escándalo que despertara a su hija. El hombre había aprovechado un instante en el que ella aflojó la presión para separarse de sus pechos, buscando el aire que tanto necesitaba. La observó mientras disfrutaba de los últimos coletazos de su placer. Los ojos abiertos, vidriosos, los labios separados y húmedos, increíblemente apetecibles. Una lenta sonrisa fue extendiéndose por su rostro mientras bajaba de la nube a la que su clímax le había llevado. Se estiró lánguidamente, ronroneando. -Mmm... ¿Va a ser siempre así? –Se frotó el pezón que había recibido mayores atenciones de su esposo.- Tendríamos que haber probado antes con esto de la Lactancia Erótica... -No te preocupes. –Se lamió los labios teatralmente para que ella lo observara.- Recuperaremos el tiempo perdido... -Sí. –En un movimiento ágil, hizo un cambio de posiciones y le dejó a él apoyado sobre las almohadas.- Pero antes... Sonrió de forma perversa mientras bajaba por su cuerpo, besando toda la piel que encontraba a su paso. Una vez tuvo la virilidad de su marido frente a frente, alzó la vista y se apartó el pelo mientras ascuas ardientes aparecían en sus ojos.

-Si no recuerdo mal... Tengo un chiste que contarte... –Susurró ella, excitada.- -Mmm... –Él aprovechó que le miraba para alzar la mano con la que le había arrancado un orgasmo, limpiando con la lengua la humedad que impregnaba sus dedos. Ella entrecerró los ojos, le gustaba que la saboreara, y a él le gustaba saborearla. Eran una pareja feliz.- Sé suave... Y cuidado con los dientes... Ella no pudo evitar una carcajada al escuchar las palabras que había dicho poco antes. Sin embardo, tras guiñarle un ojo, se dedicó a lo que realmente quería hacer. Fue el mejor "chiste" que le habían "contado" en su vida.

*** -Vamos, Eli, ¡Pero si está muy buena! –Fernando zarandeó el vaso frente a su hija de cuatro años.- Mira, es leche de vaca, fresquita y sana. Elizabeth arrugó su naricilla de esa forma tan mona que solo pueden hacer los niños. Sus tirabuzones castaños se mecieron cuando ella negó con la cabeza. -La de mamá es más rica. –Fue una sentencia.- Ana le dedicó a su hija una sonrisa deslumbrante ante su prueba de lealtad, debía ser muy importante para ella que su pequeña no la cambiara por cualquier vaca fea y desconocida. Por otra pare, su marido se ganó un gesto irónico y un inicio de carcajada que frenó al observar la expresión acosada de este. Todo era su culpa. Hacía un par de días que le había mirado intentando fingir seriedad mientras dejaba caer la bomba. -Dentro de poco, tendré tres bocas que alimentar. –Explicó mientras se acariciaba el vientre ligeramente abultado donde crecía su segundo hijo, con cuatro meses de gestación.- No creo que pueda manteneros a todos, así que, dado que el bebé tiene preferencia, el resto tendréis que decidirlo entre Eli y tú.

Y ahí estaba él, todo un padrazo, intentando convencer a su hija de que se destetara finalmente. Algo por lo que Elizabeth no estaba por la labor. Chica lista, había salido a su padre. Desde que hacía años tuvieran esa primera noche de placer en la que mezclaron sexo y leche, el líquido elemento había sido un recurrente a la hora de sus relaciones de pareja. Peor, imaginar el sexo sin ese aditivo sería... Irreal. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda. ¿Era posible hacerse adicto a la leche materna? Miró los pechos de su esposa y gruñó. Sí, sí lo era, y él estaba enganchado. A menos que existiera un grupo de autoayuda que le sirviera para dejar el vicio, estaba en un problema.

Pero él era un hombre con recursos. Conseguiría convencer a Eli de las delicias de la leche de vaca, ¿Qué le habían fallado las palabras? Bueno, tenía media docena de vaquitas de peluche escondidas en el maletero del coche. ¿Qué? ¿Qué estaba sobornando a su hija?

A veces, el fin justifica los medios...

PD. Dedicado a todas aquellas que se tomaron la molestia de darles a sus hijos un sorbito de vida.

Relato 7 - Amamantando a un desconocido.
Sin datos de su autora, nos cuentan como una mami reciente y con 6 meses de embarazo se ve envuelta en una experiencia muy placentera, en la que pronto de ve amamantando a un desconocido.
Tengo un bebé de 8 meses y lo amamanto, además desde antes de que naciera practico la lactancia erótica con mi marido y me gusta mucho la sensación que me produce el chupeteo en los pezones, es casi como una adicción .

Cuando iba a nacer mi bebé pedí permiso en mi trabajo por 6 meses y eso me dio la oportunidad de mantener mis tetas atendidas, ya sea por el niño o por mi esposo, he estado todo este tiempo con los pechos al aire y en ocasiones les he dado el pecho a ambos simultáneamente. El permiso de trabajo terminó y tuve que volver, durante la primera semana de mi regreso me pidieron que atendiera un negocio en Pachuca y acompañada de una mamadera artificial me fui a trabajar a ese lugar, atendí los asuntos que me llevaron ahí y me dispuse a regresar nuevamente en autobús.

Elegí un asiento hasta atrás, en el que suponía viajaría sola, previendo la posibilidad de utilizar el tiraleche cuando mis tetas volvieran a llenarse, pero no fue así, un hombre joven y apuesto se sentó a mi lado al mismo tiempo que me saludo con cortesía. A los pocos minutos de haber arrancado el autobús me quedé dormida, pero pronto me despertó la sensación de presión en mis pechos, que repletos de leche empezaron a derramarse mojando la blusa camisera que portaba, impulsivamente toque mis pechos y entonces reparé en el extraño que estaba a mi lado, quien no apartaba la vista de mis enormes y prolíficas tetas sin disimular el deseo. Me dispuse a ir al baño para descargar la leche con la ayuda de la mamadera artificial, y le pedí al hombre de mi derecha que me permitiera salir de los asientos incorporando levemente mi cuerpo, él no se movió y tomando mi mano me jalando mi mano me devolvió al asiento mientras me preguntaba si me podía ayudar.

Me sentí confusa, sobre todo cuando sentí que la mano de él se posaba en uno de mis húmedos senos, la mano se quedó quieta y él se quedó esperando mi reacción, yo me indigné pero al mismo tiempo sentí como mi vagina se contraía de deseo, pasaron escasos segundos para que ese desconocido empezara a masajear suavemente mis pechos, y éstos respondieron de inmediato soltando aún más leche; después sentí como los dedos de una sola mano manipulaban los botones de la blusa, primero el de arriba, descendió otro y otro hasta abrir la blusa lo suficiente para exponer la ropa interior, bajé la vista y observé como la piel de pechos se veía abultada y parecía querer escapar con urgencia.

Como sí el hombre aquel entendiera la necesidad de liberación de mis tetas, pasó una mano por detrás y con gran destreza soltó las amarras del brassiere, para volver a poner una mano en cada teta y, después tomar una de ellas delicadamente para acercarla a su rostro, más bien a su boca. Su ávida lengua se posó en mis pezones para recoger el líquido esparcido por la piel, pasaba de una teta a la otra, de repente separaba el rostro para observarlos y después regresaba a lo que parecía una deliciosa tarea, limpiar mis redondos pechos de todo vestigio de leche.

Después puso los labios en mis pezones y empezó a mamar con fineza, pero ante mi pasividad, estupor e innegable placer que se delataba con mi respiración agitada, tomó confianza y chupo con fuerza y en algunos momentos hasta mordió los pezones incluyendo las aureolas, o alguna sección de la piel de mis pechos. Alrededor no había nadie, ni en los asientos delanteros ni en los costados lo que nos dio algo de intimidad, ya que los chasquidos de su boca al sorber eran ruidosos y mis gemidos podrían habernos delatado ante otro viajero que estuviera cerca.

Cuando él empezó a tomar la leche de mis pechos sostuvo una posición incómoda, torcida, pero poco a poco yo incliné el asiento hacia atrás, pasé mi brazo por detrás para rodearlo y mi regazo le dio cobijo para que se recostara sobre él y pudiera mamar cómodamente. Esto permitió que mientras chupaba un pezón, su mano jugara con el otro, mientras mi mano que quedaba libre acariciaba afectuosamente su cabello, por momentos el soltaba el erecto pezón para mirarme a los ojos con agradecimiento y regresaba a lo que parecía la más placentera de las tareas para él, lamer, chupar, mamar, succionar uno y otro pecho, vaciarlos.

Cuando ambos pechos quedaron sin nada él se durmió prendado a mi pezón sin dejar de mover sus labios suavemente. Yo estaba con las chichis y la vagina húmedas, había alcanzado varios orgasmos durante el tiempo transcurrido en ese estado de frenesí erótico compartido con el desconocido.

Cerré los ojos sin dejar de acariciar su pelo y así siguió el viaje hasta que un ruido de frenos me puso en alerta. Le moví con suavidad y firmeza, él despertó y comprendió la situación, depositó un beso en cada pezón, sacó un pañuelo, limpió los restos de leche de su rostro mientras yo reacomodaba mis pechos dentro del sostén y los volvía a aprisionar al cerrar botón tras botón de mi blusa. Él sin decir nada se puso de pie y lo vi desaparecer por el angosto pasillo del autobús. Nunca lo olvidaré...

Relato 8 - Mi experiencia real de Lactancia.
Este relato fué publicado en el facebook de un usuario de Perú de nombre Luis, en el que nos cuenta como pudo disfrutar de las turgentes tetas repeltas de leche de una amiga que acababa de tener a su beba.
Esto que voy a contar me paso alrededor del verano del 2009 mas o menos, no recuerdo la fecha exacta. Para ese entonces tenia una amiga a quien había conocido por el Internet; teníamos ya cerca de un año de conocernos por un foro de chat. Ella tenia 19 años cuando me comenzó a dar de lactar y hacia, como dije antes, ya un año que la conocía. Ella es morena (negrita) y de por si tenia senos grandes, no se mucho de tallas, pero imagino que eran talla 38B y si que eran muy bonitos a la vista

Nos unía una sincera amistad, ya que nunca hasta esa fecha había pasado algo entre nosotros; ella me contaba que tenia novio, un chico de su edad, noviecito desde el colegio. Pues resulta que a los tres meses de conocernos online, me contó que habia quedado embarazada y el novio se desentendió de ella, o sea que simplemente la dejo. Por cierto que me parece algo muy delesnable que un hombre haga eso, pero eso es otro tema. Ella me contaba sus penas y como iba su proceso de embarazo, el cual tuvo que afrontar sola, incluso a veces yo la acompañe a algunos controles, pues ya nos conociamos en persona.

Durante su embarazo le crecio una enorme pancita y yo veia como sus senos se volvían cada vez mas impresionantes, parecía que no tenian para cuando dejar de crecer, se ponían cada día mas redondos y grandes. Por fin llego el día en que nació su bebe, una linda morenita como su mama y, cuando la volvi a ver, días después de dar a luz, ufff madre mía!, sus senos ahora ya repletos de leche parecia que iban a explotar y salirse de la blusa o del top, estaban tremendos.

Un día, un poco apenado y por curioso, le pregunte que talla usaba y le dije: "si que te desarrollaron bastante". Ella me dijo que ahora era 38D. Ella era delgada, por lo que ya se imaginaran el tremendo par de tetas que se traía mi amiga.

Como ella estaba afrontando sola lo de su bebe sus padres la apoyaban en lo que podían, ya que ella era de condición económica humilde, tendria ya tenia su bebe unos 2 meses y le era muy dificil la tarea de afrontar sola los gastos.

Como yo soy "freelance", trabajo desde casa y a veces me faltan manos para hacer todos mis trabajos, por lo que le sugerí que trabajabara como mi asistente ayudándome en mi otro computador; le comente que era fácil hacerlo y que yo le ayudaría, así que ella acepto y comenzó a acudir a mi domicilio. Dentro de mi habitación tengo la oficina en donde trabajo, así que ella debia sentarse a unos 2 metros de donde yo estaba y entonces empece a enseñarle, pero cuando me paraba detrás de ella para darle las indicaciones, me inclinaba a coger el mouse o el teclado para indicarle algo, mis ojos no se le despegaban al ver ese tremendo par de senos. Y mas aun porque cuando ella comenzó a trabajar conmigo era verano y acudía a mi casa a veces con un top, una blusa o una camiseta corta; y mis ojos estando yo parado detrás de ella, que estaba sentada, no dejaban de ver sus hermosos senos en su escote.

Ella entraba a trabajar a las 10 am y se iba a las 4 pm, pero yo siempre notaba que ella, a la 1 pm mas o menos, siempre pedía permiso para ir al baño y se demoraba unos 20 minutos, lo cual me pareció demasiado la primera vez. Así pasaron como 20 días, hasta que un día note que el botecito de basura que esta dentro del baño despedia un olorcito que me llamo la atención; al destaparlo y verlo me encontre con la sorpresa de que había mucho papel higiénico mojado y el olor que despedia era como a leche fresca de vaca. El olor me gusto mucho, y el solo pensar que esa leche era la que producían las hermosas tetas de mi amiga me puso algo caliente, por lo que oliendo esos papeles húmedos de leche termine haciendome una paja e imaginando las tetas de mi amiga botando su leche.

Desde aquel día, a eso de las doce y media del día yo bajaba de mi habitación, me iba hacia el baño y sacaba todos los papeles del bote de basura, lavaba el botecito y lo mantenía limpio, esto para que no se contaminaran los papeles que ella tiraba allí. Entonces, luego de que ella iba al baño, a eso de la 1 pm, yo esperaba mas o menos una media hora y entraba a oler los papeles empapados de su leche; a veces me hacia unas pajas recordando sus grandes tetas. Lo que pasaba es que al parecer ella producía mucha leche y entonces iba al baño a apretarse las tetas y extraerse algo de su leche.

Habria pasado alrededor de 1 mes desde que ella empezara a trabajar en mi casa, es decir, unos 10 días mas desde que yo comencé a oler esos papeles mojados de leche en el baño cuando justamente se produjo un taponamiento en el desagüe de mi casa, por X factores y por culpa de unos vecinos de al lado, por lo que había problemas para que pasara el agua del baño, de los lavaderos y todo eso, así que al día siguiente de producirse ese problema en la casa llame al gasfitero(plomero) para que viniera a hacer las reparaciones. El señor llego a eso de las doce del día y se puso allí a destapar por el baño,a revisar las tuberías y esas cosas. El detalle, y lo bueno para mi si es que se le puede llamar así, es que llego la 1 de la tarde y el baño no se podía usar, por lo que para cuando ya iban a ser las 2 de la tarde, mi amiga estaba ya un poco inquieta, pero no me decía nada.

Yo notaba que algo pasaba y le miraba las tetas; se le veían ufff! increíbles, sin duda estaban ya muy llenas de leche. A eso de las 2:30 pm, ella me dice toda avergonzada: ay!, se me ha mojado el brassiere con leche y se me esta empezando a mojar la camiseta; yo la mire y en verdad, su camiseta ya se le estaba mojando en la zona de los pezones y eso me puso uffff!!, pero trate de disimular mi calentura y le pregunte: " ¿ahora que hacemos?, se te va a mojar toda la camiseta y el baño esta ocupado". Ella me dijo: "lo que pasa es que tengo mucha leche y tengo que ir al baño a sacármela, pero como hoy no he podido hacerlo tengo los senos a punto de estallar", eso me puso aun mas caliente, pero trataba de mantener la calma. Ella, toda avergonzada, trataba de taparse con las manos para que no le viera, toda mojada de leche, la camiseta a la altura de sus pezones, y tambien trataba de presionarse para que no siguiera saliendo leche. Finalmente me dijo: "¿puedes traerme algún recipiente por favor?, si no me saco la leche voy a mojar toda la camiseta y no se como me voy a ir a mi casa".

Entonces baje de mi habitación al primer piso, fui a la cocina y le traje una batea (tina) pequeña; baje a la cocina de nuevo para que ella se quedara sola arriba y se extrajera la leche en la batea. Solo de imaginar eso yo estaba pero ardiendo, a los 30 minutos subí y ella me dijo: "ya me extraje un poco de leche, muchas gracias por la batea, y que vergüenza". Estaba toda sonrojada con la batea en la mano, yo me quede sorprendido, pues se había extraido muchísima leche, a lo que le dije: "con razón se te estaba saliendo solita la leche, si tienes mucha". Ella me dijo: "si, tengo bastante y mi bebe no toma tanta, por eso tengo que sacármela dos o tres veces al dia", ella me dio la batea para que tirar la leche al lavadero. Yo obviamente no iba a hacer eso, baje de mi habitación y me fui a la cocina, luego directo al baño y me comencé a beber su leche, estaba muy rica, era dulce, y antes de bebérmela toda, deje un poco y me la eche en las manos y el pene y me hice una paja tremenda usando su leche como lubricante, ufff!, fue delicioso.

Al día siguiente, como el problema del tapon del desagüe era algo grave, habían abierto el piso allí en el baño, el piso de la cocina y otras partes de la casa, por lo que el baño no se podía usar. A la 1 pm de la tarde ella me dijo: "¿puedes traerme la batea por favor?, no quiero me pase lo de ayer", yo le dije: "claro que si", pero antes de eso le dije lo siguiente:

- He investigado en Internet y ¿sabias que la leche materna es muy buena en los adultos también?, dicen que eleva las defensas, es buena para la gastritis, también para las enfermedades de los huesos y hasta dice un señor que se curo del cáncer tomando leche materna durante un año.

Ella, sorprendida, me dijo que no lo sabia, pero debia ser ya que la leche materna es la mejor, por eso el medico le habia dicho que a los bebes se les debe dar de lactar lo mas que se pueda, para que crezcan y sean en adelante niños sanos y no se enfermen tanto.

Yo le dije: "claro que si, los humanos deberíamos tomar solo leche humana y no leche de vaca, solo que solo nos la dan cuando somos bebes o niños y de adultos ya no", y luego de eso le dije, como quien no quiere decir lo que le quería decir.

- "¿Y que pasaría si en lugar de tirar tu leche al lavadero yo me la tomo", a lo que ella me dijo un poco sorprendida:
- ¿ Que?, ¿de verdad te quieres tomar mi leche?, pero luego replico, para ser sincera yo también a veces me la tomo, la probé y es dulce, tiene buen sabor, pero no sabia que fuera tan buena y nutritiva para los adultos, a lo que yo le dije:
- Claro que si, es lo mejor de lo mejor y ella sonriendo me dijo: bueno, si deseas tomártela por mi no hay problema, así que baje por la batea y se la di y me baje a esperar a que ella se extrajera ese rico néctar de sus senos.

A los 20 minutos subí con un vaso de unos 250 ml y ella ya tenia otra vez mucha leche en la batea, así que le dije: "siempre tienes mucha" y procedí a llenar el vaso ante la mirada curiosa, sonriente y sorprendida de mi amiga. Una vez lleno le dije, "bueno, a tu salud" y me tome todo el vaso. Ella me miraba atentamente y al terminar dije: "mmm.. esta deliciosa" y ella replico "¿verdad que es rica?", yo le dije: "es muy rica", me serví otro vaso casi lleno de leche y me lo tome todo. Ella estaba mirándome atentamente y al terminar el segundo vaso le dije: "tu leche es muy rica, si que produces una leche realmente buena" a lo que ella, sonriendo, me dijo: "que bueno que te guste", y seguimos conversando al respecto de la lactancia de su bebe y de las propiedades de la leche materna.

Al día siguiente nuevamente repetimos la misma experiencia, y así como otros 10 días mas hasta que un día, cuando eran ya casi las 2 pm, ella me dijo: ufff! ya las tengo bien llenas y se me va a comenzar a chorrear la leche, por lo que yo le alcance un poco de papel higiénico y para mi sorpresa, como tenia puesto un top ese día, se bajo bajo un poco el top del seno derecho, hizo lo mismo con su brassiere y se puso un poco del papel sobre su pezón, luego lo volvió a meter dentro del brassiere. Sus pezones, alguna vez cuando le daba de lactar a su bebe los pude ver pero no en su totalidad (solo le había visto las areolas), pero ese día le vi uno completamente, era un pezón muy grande (sus areolas también eran grandes). Despues hizo lo mismo con el otro seno, yo de reojo la miraba y eso me puso muy caliente, procedí a bajar por la batea y el vaso, subi a mi habitación con la batea y luego regrese a los 20 minutos a tomar su leche en el vaso.

Al otro día yo ya había subido la batea a eso de las doce del día; cuando eran las 2 pm yo estaba haciendo un trabajo para un cliente en mi notebook y no podía moverme de allí, ya que tenia que entregarlo urgentemente, así que aproveche eso y le pregunte que si no había problema en que se extrajera la leche mientras yo estaba allí. Ella me dijo: "esta bien, yo me volteo" y así, mientras la veía de espaldas, se puso la batea sobre las piernas, se bajo el top y su brassiere, primero de un seno y luego del otro. Yo podía oír como caía a chorros su leche en la batea, eso me tenia con una erección tremenda, ella a ratos me decía sonriendo y sin voltear: "no se vale mirar ehhh", a lo que yo le decía: "no puedo ver nada", y así luego de todo eso me tome mis dos vasos de leche.

Al día siguiente yo tenia toda la intención de ver, ahora si, como se sacaba la leche de esas grandes tetas, así que le dije que si para yo no perder tiempo podía hacerlo igual que el día anterior y ella me dijo: "esta bien". Accedió a hacerlo, así que otra vez ella, de espaldas a mi, se estaba extrayendo la leche con las manos, pero esta vez se había bajado el brassiere de ambos senos y creo que se los estaba apretando al mismo tiempo. Nuevamente me dijo sonriendo: "no se vale tratar de ver" y yo esta vez, para ver que me decia, le dije: "aunque quiero ver no puedo, porque me estas tapando"; ella voltea un poco la cabeza hacia atrás y me dice: "¿que, de verdad quieres ver? y yo, con voz temblorosa y muy nervioso, le dije: "si, me gustaría ver", a lo que ella me dijo: "emmm, bueno, pero solo un ratito". Se volteo y vi dos preciosos senos chorreando leche sobre la batea, eran tremendos, parecían dos globos, sus areolas eran muy grandes y sus pezones grandes estaban bien paraditos de tanto que ella los estaba apretando. Yo no sabia que decir, así que solo atine a decirle: "que bonitos senos tienes y están repletos de leche, por eso se te andan mojando el brassiere y la camiseta". Ella, sin dejar de mirarme y creo para ver que hacia, me dijo: " con la lactancia me han crecido demasiado, me duelen a veces de tanta leche y en la noche a veces es incomodo para dormir, ademas que sacándola con las manos creo no puedo sacar tanta leche, porque yo siento que por dentro aun están cargadas, y mi nena no es de tomar tanta leche, eso me tiene fastidiada a mi. Si ella tomara mas leche me haría realmente un favor, pero nada, esa enana es bien floja para tomar la teta".

Ante eso le dije: "seguro que deben dolerte, los tienes tremendos, parece van a explotar y si tu bebe no te lacta tanto si que van a estallar creo". Ella seguía apretándolos y era una delicia ver como salían grandes chorros de leche disparados de sus pezones y al mismo tiempo goteaban grandes gotas a la batea, yo estaba en estado de shock viendo eso y le dije: "si tan solo tuvieras otro bebe a quien darle de lactar". A lo que ella contesto: "¿pero a quien?, no tengo amigas con bebe en estos momentos y ademas cada quien da de lactar a sus bebes". Entonces paroveche y le dije: "¿y si yo te ayudara?, a lo que contesto:

- "Ahh, o sea tuuu!"

Yo me asuste un poco, pues pensé que me iba a decir que era un pervertido o algo así, que se iba a parar y guardar sus senos, pero fue todo lo contrario, me dijo:

- ¿ Quieres que yo te de de lactar de mis senos a ti ?

Y yo le dije: "bueno, ya que yo me tomo tu leche en vaso, por que mejor no lo hago directamente?, así podría sacarte mas leche y aliviar la carga de leche en tus senos".

Ella se quedo creo que sorprendida, quizás algo asustada y nerviosa ante tremenda propuesta, y yo mientras tanto, no dejaba de ver como goteaba la leche de sus pezones; luego de unos segundos me dijo: "pero solo lactar, no vayas a pedirme luego otras cosas".

Yo le dije: "noooo!, para nada, ¿como crees?, yo no te faltare el respeto, yo solo deseo lactar. Por un lado, tu me ayudas a mi dándome tu leche y por el otro, yo puedo sacarte mas leche que tu con las manos, y así te alivio del dolor".

Ella lo pensó un poco y accedió, me dijo: "esta bien, pero con cuidado, despacito, no vayas a ser brusco porque me dolerían los pezones".

Yo estaba algo nervioso y enrojecido, un poco acalorado por los nervios también, pero al mismo tiempo estaba en el momento que hacia tanto había soñado. Tenia frente a mi dos tremendas tetas repletas de leche, chorreando con grandes gotas por sus enormes pezones. Ademas, se le veían algunas venas en sus senos, lo cual hacia que se vieran aun mas ricas las tetas de mi amiga.

Así que me pare de mi asiento y pegue mi silla a la de ella. Primeramente me tome la leche de la batea, pero luego no sabia como colocarme para poder introducir ese enorme pezón en mi boca; ella también estaba nerviosa y no sabia como ponerse para recibir mi boca sobre su pezón. Yo me incline y recosté sobre sus piernas y al voltear mi cabeza hacia ella tuve frente a mi una vista maravillosa: dos tremendas tetas colgando y repletas de leche; no sabia por cual comenzar, así que me metí el pezón del seno que tenia mas cerca de mi boca y comencé a succionar despacio; sentía como salia la leche de su pezón y como fluía dentro mi boca, estaba yo en estado de éxtasis, era como estar en el paraíso. Yo chupaba y chupaba y salían grandes cantidades de leche, mi boca se llenaba y tenia que tragármela para no ahogarme. En eso sentí que mi frente se estaba humedeciendo y era porque su otro pezón había comenzado a gotear y me estaba mojando; mi boca se fue directo a su otro seno y empece a succionar suavemente, pero al mismo tiempo con mucha intensidad para sacar la mayor cantidad de leche. A ratos la miraba a ella y veía como ella me miraba chupar sus tetas; cuando sentí que ya bajaba la cantidad de leche le dije: "ya esta saliendo menos", parecía que ya se iba a terminar y ella me dijo:

"No, aun hay mucha", y con sus manos apretaba su seno como haciéndole masaje hacia el pezón para que la leche fluyera hacia afuera y comenzó nuevamente a salir leche, por lo que yo succionaba sin parar. Al sentir que ya no salia mas en ese seno, y antes de que ella pudiera hacer lo mismo con el otro seno, con mis dos manos lo agarre y comencé a hacer lo mismo que ella había hecho con el primero, ella no puso reparos y me permitio que yo apretara su seno a gusto. A ratos yo sacaba de mi boca el pezón y apretaba su seno hasta llegar a su areola, veía como salia su leche y en ese momento me metía su pezón en la boca.

Yo me volví loco en ese momento, apretaba sus tetas, apretaba sus areolas, apretaba sus pezones con la yema de mis dedos y sacaba gota a gota su leche, me metía y sacaba sus pezones de la boca mientras apretaba sus senos, intercambiaba uno y otro, fue realmente el mejor día de mi vida.

Ella, creo que de tanto chuparle y apretarle los senos y los pezones, estaba excitada, pero no me decía nada quizás por vergüenza. Yo veía que lo estaba disfrutando y así estuve casi hora y media chupando uno y otro, una y muchas veces succionandolos hasta dejarlos sin gota alguna de leche. Entonces me detuve y le dije: "ya no hay mas", porque creo que si no le decía nada ella me hubiera dejado allí chupándole las tetas por horas. Sin duda que le gusto, fue mágico ese momento.

A partir de ese día lo repetimos todos los días, ella se quitaba la camiseta y el brassiere y dejaba sus tetas a mi completa disposición; yo podía hacer lo que quisiera con sus tetas, jugaba con sus pezones, les daba besitos, los chupaba, me los metía y sacaba de la boca, a veces juntaba con mis manos sus dos tetazas y metía sus dos pezones en mi boca y los succionaba al mismo tiempo y sentía como mi boca se llenaba rápidamente de leche. Mientras apretaba sus tetas salia leche de ambos pezones a chorros, mientras yo hacia todo eso, ella acariciaba mi cabello, me sentía como su bebe, era un segundo bebe para ella.

Lo hacíamos allí en las sillas sentados o si no, ella se echaba en la cama, yo me echaba a su lado y tenia sus tetas todas para mi. Luego de eso ella me daba a veces masajes en la espalda y aunque suene increíble, debo confesar que estando ella en mi casa nunca tuvimos intimidad, nuestro acuerdo siempre fue que ella me lactara con sus grandes tetas, y así lo cumplimos. En mi casa nunca hubo sexo y lo único que paso fue que ella alguna vez me masturbo con su mano mientras yo chupaba sus tetas, eso fue delicioso realmente.

Todo esto de lactar lo repetimos mientras ella trabajo conmigo, fueron 8 meses maravillosos, inolvidables; luego, cuando ella ya no trabajaba en mi casa, algunas veces nos veiamos y entrabamos a hoteles luego de regresar de pasear, para repetirlo esporadicamente hasta que ya no tuvo leche. Y alli una vez, como era un hotel, nos dio ganas y tuvimos relaciones; habrán sido 4 o 5 veces, casi al final de nuestros encuentros lactarios.

Debo decir que esos encuentros fueron ricos también, me encantaba que, estando yo boca arriba, ella se montara encima de mi y ver como rebotaban sus grandes tetas y se saliera la leche a chorros. Yo me alocaba chupándole las tetas mientras la penetraba. Si no, le apretaba las tetas y sus chorros de leche me caían en la boca o en la cara; igual sucedia cuando ella estaba debajo de mi. También recuerdo que ella echaba leche en mi pene para hacerme una rica paja cubana con sus enorme tetas o me lo mamaba con su boca llena de leche, cuantas fantasías lactarias hicimos.

Los mejores momentos de mi vida los pase con mi amiga. Luego en el 2013, ella resulto embarazada de otro tipo quien, para su mala suerte, también la dejo. Asi que nacio su bebe, otra morenita, yo le ayudaba a veces con sus gastos y ella en retribución me dio de lactar; íbamos a hoteles, habrán sido unas 20 veces. Esta ocasion sus tetas no crecieron tanto como la primera vez, pero si tenían rica leche. En estos encuentros no hubo intimidad, solo me daba de lactar, pero fue nuevamente delicioso volver a mamar esas ricas tetas.

Para cuando su segundo bebe tenia unos 8 meses sucedio lo impensable, aparecio el padre de su primera hija y le pidió volver con el y ella así lo hizo. Ahora ella se habia comprometido con ese tipo y ya va mas de un año que no la veo.

Ella me gustaba y hubiese querido en la primera vez que me dio de lactar ser su pareja, pero no se porque nunca quiso. Me decía que no quería darle una imagen paterna de otra persona que no fuera su padre a su hija. Nunca entendí eso. No se si fue así o porque no quiso, igual ella ahora ha regresado con el padre de su primera hija.

Pero espero poder hallar otra chica para repetir esos momentos mágicos que uno vive al tomar leche materna de unas tetas ricas, jugosas y llenas de leche.

Desde allí tome el gusto por la lactancia erótica.

Relato 9 - Lactancia materna.
Se publicó por un usuario llamado gigi, en el que se cuenta como una mujer, al no poder amamantar más a su bebé, encuentra a alguien que le ayude.
Mi bebé había nacido hacía tres meses, y mi cuerpo por supuesto había cambiado. La transformación más evidente en esos momentos era la de mis pechos que habían pasado de ser bastante pequeños a tener un tamaño apetecible. O por lo menos eso me decía mi marido, que en los años que llevábamos juntos nunca había visto mis pechos tan llenos y suculentos.

Era cierto, llenaba los escotes como nunca, pero ¿cómo le iba a permitir que los tocara cuando ahí ponía la boquita mi bebé para alimentarse? La fuente de alimento de mi hijito era sagrada, y no podía permitir que mi marido sin querer transmitiera con sus manos o boca bacterias a mi pecho.

Así habían sucedido esos tres meses, cuando un día, al cambiar de teta a mi bebé para que mamara de los dos pechos como hacía siempre, no quiso mamar. Y por más que intenté con mil y un artimañas Nico, mi bebé, no quiso mamar de mi teta izquierda. Al día siguiente pasó lo mismo, y al tercero igual.

Llegado este punto comencé a sentir dolor, llamé al doctor para que me indicara qué hacer y me dijo que inmediatamente me comprara un aparato saca leche, y comenzara a extraerme porque sino eso podía degenerar en mastitis.

Compré el sacaleche, le di de mamar a Nico en mi teta derecha, y luego de acostarlo comencé a extraerme de la teta izquierda. Tenía dos opciones, o dársela en mamadera, cosa que quería evitar porque quería que tuviera el mayor contacto conmigo como recomiendan los doctores, o podía tirarla, cosa que no me convencía porque era derrochar alimento.

En eso estaba cuando llegó mi marido. Mientras continuaba con el proceso de sacar leche, le conté lo que me había dicho el doctor, y él al notar en mi rostro la molestia que me producía hacerlo, me ofreció ayudarme.

Liberé mi teta y le pasé el sacaleche, pero Nano, mi marido, en lugar de ponerlo de nuevo sobre mi pezón, lo dejó sobre la mesa y sorprendiéndome acercó su rostro a mi pecho.

Estirando la lengua, muy suavemente acarició la punta de mi pezón, que se arrugó al sentir una sensación a la que durante meses me había negado. Poco a poco fue pasando su lengua por la aureola, como pintándola, soplaba aire sobre mi punta, y volvía a acariciarla.

Con sus manos comenzó a acariciar mi teta, de afuera hacia adentro, como dibujando un espiral. Lo hacía con muchísima suavidad, para que yo disfrutara y no sintiera nada de dolor, dada la sensibilidad que tenía por esos días. La yema de sus dedos pulgar e índice se movía sobre mi blanca piel, masajeaba, estimulaba. Cuando llegó al pezón, paró sus movimientos, me miró a la cara por un largo segundo en que me dejó en suspenso, y apretó. Un pequeño chorro de leche salió de la punta de mi pezón, y la lengua de mi marido rápidamente la atrapó. Al verlo gemí, y cuando sentí mi propio gemido fui por fin consciente de que me estaba excitando.

Pero Nano no paró ahí, al saborear mi leche no pudo contenerse más, e hizo lo que llevaba meses queriendo hacer. Empezó a mamar, sacaba mi leche como lo hacía todos los días Nico. Era tan similar a lo que hacía mi bebé, y a la vez tan distinto. El hecho de sentir mi leche fluir, y ver su boca succionar, sentir su barba raspando, ver su nuez moverse al tragar, era lo más erótico que había sentido en mi vida.

Lancé una sucesión de nuevos gemidos que se fueron a unir con el primero. Con una mano sujeté su cabeza y a la otra la llevé a mi clítoris, necesitaba tocarme ya. Nano al notar mi excitación comenzó a mamar más rápido, mirándome mientras lo hacía, y haciendo ruidos de placer al tragar Di gracias a haberme puesto vestido esa mañana, porque así tenía vía libre a mi clítoris. Mojaba mis dedos en mi vagina, y los subía hasta mi botón duro. Lo rodeaba, lo apretaba, lo movía.

Me empecé a mover más y más rápido sintiendo el calor que subía por mi cuerpo.

Perdí el control, mi cuerpo se tensó, mis ojos se cerraron quedando todo negro, mi vagina latía, y yo volé. Volé y volé cada vez más alto y más lejos. Cuando caí, abrí mis ojos y vi a mi marido sosteniéndome, mirándome con una sonrisa, sus ojos negros de deseo y su pene duro, al aire. Lo tomé de sus caderas y lo atraje a mi, le devoré la boca y abrí mis piernas para que me completara.

Nano estaba sacado, hacía muchísimo tiempo que no lo veía así. Me penetraba con embestidas profundas y rápidas. Mis manos se movían por su piel sudorosa y mis caderas se levantaban para encontrarse con las suyas. Nos acoplamos como animales salvajes durante deliciosos minutos, hasta que un nuevo orgasmo me atravesó.

Al sentir que él estaba por terminar, lo saqué de arriba mío, y ,le dije que había llegado el momento de que la que tomara leche fuera yo. Tomé su pene con mi boca, y cuando succioné apenas por segunda vez, comenzaron a llegar los chorros de semen que llenaban mi boca, y que yo rápidamente tragaba. No tenía ni idea de cual era el sabor de mi leche, pero la de Nano, era deliciosa.

Ese día acabó, pero la lactancia de Nico se extendió por dos años, y la de Nano ¡también!

Relato 10 - My life: bendita lactancia.
Relato publicado por el usuario jonlite, donde se cuenta la experiencia de un sujeto, que encuentra en su cuñada un placer que no imaginaba al beber de su lehe materna.
Sucedió hace un par de años, tras escribir mi anterior relato. Comenzó con la simplicidad de una noticia familiar que a casi todos nos comunican: iba a ser tío, o lo que es lo mismo, la hermana de mi esposa iba a ser madre. Inés, que así se llama ella, nos lo comunicó junto a su marido Iván en una cena familiar en casa de sus padres.

Sobra decir la inmensa alegría que produjo aquella noticia, en especial a mi esposa, que durante los meses siguientes de embarazo se volcó en ayudar a su hermana. Hasta aquí como ya digo una historia como tantas otras que vosotros habréis vivido o viviréis en un futuro.

Durante estos meses, mi esposa iba todos los días a casa de su hermana para ayudarla con las labores del hogar, y además la llamaba por teléfono a menudo para saber como se encontraba.

Un día, sobre el octavo mes de embarazo, me encontraba tumbado en el sofá disfrutando de la televisión cuando sonó el teléfono. Era Inés preguntando por mi esposa. Le dije que su hermana estaba trabajando y llegaría tarde a casa porque tenía guardia en el hospital. Noté la voz de mi cuñada rara, temblorosa, casi llorosa. Le pregunté si le sucedía algo, a lo que me contesto que no, pero no fiándome de ese no, le volví a preguntar que qué le pasaba y si podía hacer algo por ella. Entonces se echo a llorar al otro lado de la línea y entre sollozos que dijo que había discutido con Iván, su marido. Intenté calmarla diciéndole que no era tan grave, que los dos se amaban, pero ella no dejaba de llorar. Decidí en ese momento ir a su casa para intentar apaciguar los ánimos de la pareja y así se lo dije a Inés. Tras una ducha rápida y ponerme lo primero que ví en el armario, me presente en su casa.

Me abrió la puerta Iván. Le pregunté que si estaban bien y me dijo que habían discutido, que a veces no soportaba el carácter de su mujer, a lo que ella, desde una habitación de la casa respondió que a ella le pasaba lo mismo con él, tras lo cual empezaron a discutir otra vez. Insultos y reproches que acabaron con Inés y su barriga de ocho meses encerrada en el baño llorando. Iván me dijo que intentase hablar con ella, que no era capaz de razonar con Inés, que si hacía falta que me la llevara a dar una vuelta para hablar con ella. Tenemos esa confianza porque conozco a Iván desde la adolescencia.

Le dije a mi cuñada que si quería salir a dar una vuelta o tomar un café conmigo, a lo que ella, dejando de llorar, desde su encierro en el baño respondió un triste “vale”. Salió del baño, y en lo que yo bebía algo de agua en la cocina, ella ya me estaba esperando en la puerta para salir. Llevaba su pelo moreno largo recogido en una coleta, un vestido blanco de premamá, que le llegaba hasta por encima de las rodillas, con un generoso escote, unas sandalias de esparto de tacón alto y un bolso a juego. Me despedí de Iván y salimos a la calle.

Le pregunté qué le apetecía hacer, a lo que ella me dijo que ir al cine a ver algo divertido. Camino del cine le pregunté por la bronca con su marido y ella me contó que no la comprendía, que no se sentía querida, y mucho menos deseada. Se sentía fea con la barriga del embarazo y su marido no la ayudaba. Yo para calmarla le dije que eso era normal en las parejas, y que desde luego de fea nada, que estaba preciosa con el embarazo y que era una mujer atractiva con el embarazo, a pesar de lo que pensara su marido. Y así era; tenía una cara radiante a pesar de las lágrimas, y el vestido corto dejaba ver unas piernas preciosas. Tras decirle eso, Inés se puso casi a llorar y abrió los brazos para abrazarme. En su estado necesitaba ese abrazo, y se lo dí. Apoyada su cabeza en mi hombro derramó alguna lagrimas mientras me abrazaba con fuerza para sentirse querida. Duró como unos tres minutos, durante los cuales, debido al roce con su cuerpo, noté como la polla se me ponía como una piedra y rozaba con su barriga. Supongo que en su estado no se dio cuenta de ello.

Desde aquel momento la erección no desapareció, ayudada sin duda por el cuerpo de mi cuñada, que me ponía cachondo con aquel vestido y del cual no podía apartar la vista. Llegamos al cine, ella eligió película y nos dispusimos a disfrutar del film. Se notaba que se encontraba más tranquila y más feliz. Antes de entrar en la sala, en el vestíbulo, me dió otro gran abrazo mientras me decía al oído: “Gracias por los abrazos, los necesitaba mucho, gracias de verdad, que suerte tiene mi hermana contigo”.

Ella más feliz y yo mas caliente aún. La película transcurrió sin nada reseñable, salvo que de vez en cuando mi cuñada se abrazaba a mi hombro, como cualquier amiga de la juventud. Al salir del cine decidió llamar a su hermana al trabajo. Es raro que pueda atender el teléfono, pero hubo suerte. Se alejó de mí mientras hablaba con ella y yo me echaba un cigarro. Tras cinco o seis minutos volvió con el móvil en la mano que me pusiera yo. Mi esposa que dijo que había hablado con su hermana y le había contado lo de la bronca y lo bien que me había portado con ella. Me dió las gracias varias veces por ser amable con ella y me dijo que la cuidara, que no eran buenos esos disgustos tan avanzado el embarazo, y que si hacía falta, que Inés se quedara a dormir en nuestra casa.

Tras la conversación, Inés decidió dar un paseo por el parque. Seguimos hablando y de vez en cuando con los abrazos. Tras una hora de paseo me comentó que le dolían los pies una barbaridad. Ya que nuestra casa estaba a pocos metros del parque, le ofrecí ir allí y darle un masaje en los pies. La idea la encanto; puso la cara de una niña pequeña al recibir en su cumpleaños el regalo que esperaba desde hace un año. “De verdad harías eso por mi?” me preguntó mirándome a los ojos. “Claro mujer, hay que cuidarte, que solo queda un ves para que venga mi sobrino”. Y nos dirigimos a nuestra casa.

Al entrar la ofrecí tumbarse en el sofá y traerle algo fresco. Me pidió un vaso de agua. Al volver de la cocina se encontraba tumbada en el sofá. Le puse el vaso de agua en una mesita junto a ella y me senté a sus pies. Cogí sus piernas y las puse sobre las mías, quedando sus pies a la altura de mis manos. Le quité las sandalias y con un poco de aceite comencé a masajearle los pies. Se notaba que estaba muy relajada y empezamos a hablar de cosas triviales. Tras un rato, me pidió que si le podía seguir el masaje por las piernas, ya que también las tenía muy cansadas. “Claro que sí, tu pide lo que quieras”, le dejé mientras me giraba un poco hacia ella y levanta un poco más sus piernas apoyadas en las mías. “Eres un cielo, gracias”, me respondió mirando al techo.

Le continué el masaje por las piernas hasta llegar a la mitad de sus muslos. Entre el vestido que se le había subido con el nuevo movimiento de piernas, y ella que las había abierto ligeramente para facilitar mi masaje, pude ver lo que llevaba debajo del vestido. Supuse que era un tanga, rojo medio transparente; se le marcaba claramente el contorno de los labios hinchados de su coñito. Eso me puso a cien. Ella ya no hablaba, simplemente disfrutaba del masaje. Poco a poco pude ver como su tanga rojo se iba humedeciendo. Sin duda estaba disfrutando y mucho.

Tras unos diez minutos, me dijo que necesita ir al baño, “cosas de embarazadas, ya sabes”. Me levanté y la ayudé a ella a levantarse. No sé si fue un descuido o lo hizo a propósito, pero no llegó a cerrar del todo la puerta del baño. Eso y el calentón que yo tenía entre las piernas hizo que me acercara a la puerta a espiarla. Se lavó la cara y se observó unos instantes en el espejo. Luego se subió el vestido hasta la cintura, y con cierta dificultad se quito el tanga rojo. Lo miró, estaba empapado de sus flujos. Se lo guardó en el bolso, se sentó en el bidé y abriendo sus piernas comenzó a masturbarse.

La observé durante unos minutos, mientras me sacaba la polla dura del pantalón y me masturbaba viendo a mi cuñada. Se metía los dedos en un coño totalmente afeitado. Cuando ví en su cara que estaba a punto de terminar, llamé a la puerta y le pregunté si se encontraba bien. Se asustó, me respondió que sí y se levantó y se colocó el vestido. Yo mientras me guardé la polla dura en el pantalón.

Cuando salió del baño yo estaba junto a la puerta y le volví a preguntar si se encontraba bien. Me miró y me respondió que si, que la había tratado muy bien, mejor que su marido, tras lo cual que dio otro abrazo fuerte. Cuando estábamos abrazados, noté como mi polla escapaba de mis pantalones. Se me había olvidado cerrarme la cremallera. Noté como ella se había dado cuenta aunque no se separo. Mientras me abrazaba me dijo al oído que desde que supieron que estaba embarazada no había hecho el amor con su marido. Eso me puso mas caliente aún si cabe. Tras esto bajo su mano de mi espalda y la metió entre nuestros cuerpos. Agarró mi polla y comenzó a masturbarme. Sin separarse de mi me dijo:”Esto es lo que necesito e Iván no me lo da. Soy una mujer y tengo mis necesitadse físicas, eso el no lo entiende”. Al acabar la frase no pude aguantarme más y descargué mi semen en su mano y su vestido.

Ella se separó de mí y me miró la polla aun tiesa y dura. “que suerte tiene mi hermana de tenerte, ven”. Me agarró de la mano y me llevó al sofá. Se sentó en él apoyando la espalda en el respaldo y abriendo las piernas. No hizo falta que me dijera nada. Me puse de rodillas, le levanté un poco el vestido y metí mi cabeza entre sus piernas. Sujeté sus muslos con mis manos y empecé a pasar mi lengua por sus labios. Estaban deliciosos, no sé si por el embarazo o es que el coño de mi cuñada siempre había estado tan rico. De los labios pase al clítoris y de ahí a meterle un dedo en el coño. Entre gemidos y gemidos sujetaba mi cabeza y la empujaba contra su coñito. Tardó poco en correrse entre convulsiones con mi lengua y mi dedo dentro de ella.

“Estás mejor?” le pregunte cuando me aparte de ella. “Ven, necesito más”, me dijo mientras se tumbaba boca arriba en el sofá y abría las piernas doblando las rodillas. “Necesito que entres e mi, no tienes ganas de conocer a tu sobrino?”. Esas últimas palabras hicieron que me pusiera más cachondo que en toda mi vida, la polla se me puso dura en dos segundos. Me coloqué sobre ella, entre sus piernas y metí mi capullo en su coño aún con restos de su corrida. “Con cuidado ahora que no se asuste el crío”. Poco a poco fui entrando y saliendo de ella hasta que al quinto o sexto movimiento ya tenía toda la polla dentro. “Tu sobrino va a creer que eres su padre”. Empecé a bombear con ganas esperando que ella me pidiera que fuera más despacio. “Fóllame más, necesito más”, me pedía entre gemidos. Y así lo hice, en poco tiempo nos olvidamos de crío y estábamos follando como perros. Cada vez la embestía más fuerte, y ella con el coño cada vez más mojado me pedía más. A cada golpe sus tetas se movían debajo de su vestido. En poco tiempo sus gemidos pasaron a gritos y convulsiones del orgasmo. En ese momento noté como se tensaba mi polla preparada para derramar mi esperma.

Ella se dio cuenta y apartándome de ella me dijo:” No, no te corras dentro de mi coño, eso acelera el parto”. Me quedé como atontado, pero ella reaccionó rápido poniéndose a cuatro patas en el sofá y ofreciéndome su culo. No me lo pensé y en unos segundos le levanté el vestido y sin miramientos la penetré el culo. Gritó de dolor y empezó a mover el culo como si quisiera ordeñarme. Y así fue. Tras unas embestidas descargué todo mi semen dentro de su culo. Seguí enculándola mientras que mi semen salía de su culo hasta que la polla se puso blanda dentro de ella. Ella se tumbó boca abajo y yo encima de ella la abracé durante unos minutos.

Al levantarnos la ofrecí quedarse a dormir. Me dijo que sí que le apetecía dormir en nuestra casa y ver a su hermana por la mañana. Llamó a su casa para decirle a Iván que se quedaba a dormir con nosotros. No le puso pega. Le preparé la habitación de invitados mientras ella en el baño se lavaba los restos de mi semen y se limpiaba el vestido. La acompañe a su habitación y la dejé un pijama de su hermana. Uno con el cual habíamos pasado muy buenos momentos su hermana yo y que aún se le notaban algún resto de semen, como todos los pijamas de mi esposa. Se desnudó delante de mí con una sonrisa, se puso el pijama y se metió en la cama. Yo también me fui a mi dormitorio.

A la mañana siguiente mi esposa se despertó antes me yo y acompaño a su hermana a su casa. Al volver, me despertó con una mamada estupenda que terminó con mi semen en su estómago. “Eso por ser tan amable con mi hermana, gracias cariño”.

Cuarenta días después nació nuestro sobrino, un bebe muy sano. Después del parto mi mujer siguió yendo a casa de su hermana para ayudarla, y yo de vez en cuando a ver a su sobrino.

Cuatro meses después del parto, fuimos una tarde a casa de mi cuñada. Pasamos casi toda la tarde con ella y con el bebe, ya que Iván estaba de viaje de trabajo. Al final de la tarde, mi esposa recibió una llamada del trabajo pidiéndola que fuera a una urgencia. Le dije que no se preocupara, que se llevara el coche y yo me iría después andando a casa. Se despidió de nosotros y se fue.

Era la hora del pecho del bebé e Inés se metió en su habitación para darle el pecho mientras yo esperaba en el salón. Como en quince minutos entró en el salón y me dijo que el bebe se había quedado dormido después de comer. Desde el octavo mes de embarazo no había vuelto a tener contacto con mi cuñada más allá del trato familiar. Aunque es cierto que casi siempre que la veía me ponía caliente.

Se sentó junto a mí en el sofá. Me dijo que hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de hablar de lo que pasó. Que había sido fantástico, pero que no estaba bien. Estaba descalza con un camisón corto de tirantes. Se notaba que no llevaba ropa interior. Con eso y con lo que le había aumentado el tamaño del pecho, le había un escote que permitía ver medio pecho. Yo tenía la polla a reventar dentro del pantalón. Le dije que estaba de acuerdo con ella, que lo pasado, pasado estaba. Ella quedo feliz y me dio un abrazo en señal de amistad. Al apretar sus pechos contra mi cuerpo pude ver como se le manchaba el camisón con la leche que salía de sus pechos.

“Voy a beber algo, te traigo algo de la cocina?”. “No gracias”, le dije yo.

Cuando estaba en la cocina me acerque por detrás a ella, estaba muy caliente y me apetecía volver a follármerla. Me saque la polla dura por el camino. Cuando entré me coloqué detrás de ella y antes de que le diera tiempo a girarse la apoyé de cara a la encimera. Ella no dijo nada. La levanté el camisón. Ella abrió sus piernas. La sujeté por las caderas y metí mi polla dentro de su coño. Empecé a follarla mientras ella me decía que aquello no estaba bien. La quité los tirantes dejando al aire sus tetas, que se movían cargadas de leche a cada embestida. Poco a poco comenzó a gemir y a pedir más,”Desde que la probé, he soñado con tu polla todas noches. Ven, vamos a la cama”. Me cogió de la mano y me llevó a su dormitorio. Me tumbó en la cama y se quitó la ropa. Tenía una figura estupenda después del parto. Unas tetas enormes y un coño delicioso. “Tengo muchas ganas de que me folles”, dijo mientras se sentaba sobre mi y se metía mi polla dentro de su coño. Poco a poco empezó a cabalgarme como una auténtica puta, gimiendo, gritando, moviendo su culo. Yo veía bambolearse sus tetas delante de mi cara. Cogí una y me la llevé a la boca. Con mis manos la apretaba mientras bebía de su leche. Mientras tragaba de una, la otra teta se puso a gotear leche que me manchaba el pecho. Estuve así hasta que la vacié la teta y cogí la otra. Terminé corriéndome dentro de su coño mientras bebía la leche de sus pechos. Cayó agotada sobre mi cuerpo. “te gusta la leche de mis pechos?”. “Está deliciosa”. “Pues cuando quieras te doy más”. Se levantó y se puso de nuevo el camisón mientras yo me guardaba la polla. “Te a gustado llenarme el coño con tu leche?”.”Mucho, y si te he quedado embarazaba”. “No te preocupes, tu sobrino tampoco es hijo de Iván”.

Relato 11 - La leche de Susana.
Se cuenta la experiencia del usuario ahmed, en la que pudo disfrutar de una antigua novia, incluyendo de sus tetas lechosas.
Cuando yo tenia 18 años tenia como novia a Susana ella tenia 23, en aquel entonces con ella solo experimenté besos apasionados y leves caricias en las piernas y en las nalgas, era un noviazgo de adolescentes, después de unos cuantos meses tuve que viajar fuera de la ciudad y regresé cuando ella tenía 27 años, casada y con dos hijos.

De pronto una amiga mía (y de ella también) se casó, así que hubo una gran fiesta. El día de la fiesta me llevé una gran sorpresa, Susana la mujer de grandes senos, piel morena, labios gruesos, trasero grande y largas piernas estaba en la misma fiesta con su esposo.

Yo me acerqué y la saludé, ella me presentó a su esposo, y en ese momento me alejé de ellos. Yo estaba con (en ese entonces) mi nueva novia Alexandra; una chica delgada de 18 años alta y muy ardiente. Alexandra llevaba puesto un vestido negro muy pegado al cuerpo, por el estilo del vestido no llevaba brasier, lo que dejaba notar sus ya crecidos pezones y el nacimiento de esos blancos senos.

Como cualquier noviazgo de jóvenes buscamos el lugar más oscuro, mientras los invitados bailaban yo me besaba apasionadamente con Alexandra, mi mano se deslizo por su pierna hasta llegar a su chucha que estaba mojada y con pocos bellos lo que me dejaba meter mi dedo en su rajita. Ella no se rehusó porque antes ya habíamos tenido relaciones sexuales, soltó un gemido y me acarició la verga por encima del pantalón.

Pasó la noche y bebimos unos cuantos tragos... -quiero ir al baño me acompañas- Claro! (le dije excitado por la situación). Cuando llegamos al baño de mujeres ella de un solo empujón me metió al baño, estaba tan arrecha que no se pudo aguantar, me senté en el inodoro y disfruté cuando ella, bailando como una puta, se bajó el vestido hasta dejar sus tetas al aire. La senté en mis piernas y mamé sus blancas y gordas tetas por un buen rato. -No sigas! Me duelen los pezones... no sigas ¡papi!... noo. Así que preferí mamar todo alrededor de sus tetas, mientras mi boca hacía su trabajo mis manos masajeaban su rico culo, mi dedo índice entraba y salía de entre sus nalgas.

Mi arrechera era tan fuerte que le dije que se saque la tanga... ella aceptó -Está bien ... pe...pero déjame de chupar los senos aaahh!. Para por favor! Bajé la cremallera de mi pantalón y salió mi verga tan dura como un fierro y le pedí que se sentara en ella. -No estoy menstruando... pero mi arrechera era más fuerte e insistí -entonces te doy por el culo- no!. Eso me duele mucho y no tengo lubricante... además tu pinga está muy gruesa, ven mejor te la mamo un rato ¡vamos! Ven déjame chuparte ese tronco... o acaso no te gusta cuando me tomo tu leche? -Si! Me gusta que me chupes la verga, pero quiero verte desnuda. Así que se quitó la ropa y se puso en cuatro para mamarme la pinga. -Que cosa más rica... tienes unos huevos hermosos... que lástima que ahora no puedas meterme tu grande verga. -Vamos chúpala.. ah.. ah.. sigue...Y comenzó a pasar su lengua por todo mi pene hasta que se lo metió todo en su boca.

Cada vez que succionaba mi verga yo gemía de placer, y lo único que podía hacer es tocar sus tetas y su culo; de pronto vi que de su vagina salía un poco de sangre y eso me excitó tanto que solté un chorro inmenso de semen en la boca de Alexandra (en comparación a las mamadas anteriores que ella me había hecho), -perdona pero estoy en el segundo día de menstruación- no te preocupes... mejor sigue mamando mi verga- no seas ansioso... por hoy hemos terminado- pero quiero que me sigas chupando la pinga- ya eyaculaste bastante semen... mejor déjalo para mañana. Nos vestimos y salimos del baño.

En la fiesta aún estaba Susana, después de unos momento Alexandra me pidió que la llevara a su casa, para mi suerte su casa estaba muy cerca así que regresé a la fiesta, al subir al segundo piso me encontré con Susana en las escaleras. -¿Estas acompañado?- No estoy solo... -Vamos a la terraza a platicar un poco... Pero al llegar al 5to piso nos detuvimos en las escaleras, platicamos por un buen rato, hasta llegar al momento del romanticismo, me porté como todo un galán, y la besé.

Nuestro beso, tan apasionado, llegó al punto de tocarnos desesperadamente, mi mano acariciaba sus piernas por debajo de la falda y ella me tocaba la verga por encima del pantalón; como era cerca de las 2:00am y el volumen de la música era demasiado alto y nadie podía escucharnos, decidí sacarle la tanga y la falda y cuando me estaba preparando para meterle mi gruesa verga me dijo:- estoy menstruando...- vamos date la vuelta y se puso en cuatro sin poner ningún pretexto, tomé mi verga me puse un poco de saliva y se la metí en el culo.- despacio, me duele! Mi esposo nunca me culea así... el no me dá por el culo... despacio! Pero su culo era tan estrecho que me dolía la verga al bombear.

Para colmo me había lastimado la verga y me estaba saliendo sangre así que decidí masturbarme..- date la vuelta quiero ver tus tetas... quítate la blusa...- te gustan mis senos... si no te hubieras marchado hace mucho tiempo estas tetas serían tuyas... y tu hubieras sido quién me cogía por primera vez...- pero aun estamos a tiempo... y ese culo me lo voy a comer ahora mismo. -Primero mis tetas, chupa mis tetas chupa mis pezones, a pesar de todo me gusta mas la manera como tu me las chupas, mi marido no lo hace también como tu...

Cuando succioné por primera vez un liquido un tanto dulce en mi boca... la muy puta estaba en estado de lactancia. -Mierda porque hiciste que me tome tu leche. -Porque yo quiero tomarme la leche de tu verga... Pero sin decir nada la tumbé en el suelo y le metí la verga con todas mi fuerzas, su coño estaba todo mojadito, y era estrecho, sentir como un anillo apretado alrededor de mi verga me hacía gritar de placer, me gustó ver como mi verga llena de sangre mía y de ella entraba y salía de su chucha mientras tanto disfrutaba mamándole las tetas y tomándome su leche, cuando me cansé de tomar la leche de esa puta, masajeaba sus senos con mis manos tanto que su leche salía a chorros, bombeaba con todas mis fuerzas hasta que sentí correrme en su vagina por completo.- siempre quise tu pinga dentro de mí... sentir tu leche que llena todo mi coño....

Les cuento que me gusta tanto su leche de madre que ahora nos vemos todas las semanas en un hotel para culear hasta cansarnos y gritar de placer, ahora no utilizo lubricante, solo aplasto sus tetas y pongo su leche en su culo y culeamos sin ningún problema. Las mujeres cuando están en estado de lactancia tienen los senos grandes, duros; con los pezones grandes y bien oscuros en conclusión tienen las tetas más ricas para mamar... si lo dudas... inténtalo.

Relato 12 - El Regreso.
El relato fué publicado por una usuario de nombre Felicia. Y cuenta como una chica, luego de su embarazo vuelve a su oficina con un delicioso estado de lactancia.
Habían pasado casi mes y medio desde que había tenido a su hija cuando Claudia regreso al trabajo, esos tres meses fuera de la oficina, la habían alejado de las juntas de trabajos, del quedarse hasta tarde en la oficina y de muchas responsabilidades. Ahora tenia una mayor responsabilidad que nada, su hija.

En la oficina todo mundo la saludo y felicito por el acontecimiento, sus amigas querían ver fotos de la pequeña, las cuales ella siempre les mostraba algunas de las que había tomado ella y su esposo. Durante las primeras semanas era el tema de conversación de ellas. Muchos de los comentarios que había recibido a demás de lo bella que era su bebe, es que el embarazo le había sentado bien, su cuerpo a pesar de la transformación se había recuperado y en algunos aspectos hasta mejorado.

Los hombres estaban de acuerdo en ello, su cuerpo no había perdido la figura al contrario se había moldeado mejor, sus caderas se tornearon y sus pechos se hincharon. Muchos comentaban lo bien que se había puesto Claudia después del parto, dentro de los que se fijo más fue su jefe, que cada vez que entraba ella a su oficina no podía dejar de verle los pechos. En una ocasión logro ver que tenia una mancha en ellos, “aun esta lactando” pensó él.

Ese día no dudo en ir al pequeño baño que tenía su oficina y se masturbo pensando e imaginándose que era él a quien se los mamaba, saboreando su leche, masajeando esos grandes pechos, ordeñándola mientras la hacia suya. Siempre le había gustado pero ahora se había intensificado ese deseo.

Por su parte Claudia tenia constantes problemas ya que le llegaban a doler los pechos porque los llegaba a tener llenos antes de medio día, a pesar de que en la mañana había dejado dos biberones para la bebe, en la oficina trataba de siempre estar atenta para que no se le manchara la ropa ya que llegaba a tener tanta leche que siempre andaba humedeciendo sus blusas, marcándose las manchas de leche, a pesar de usar algunas protecciones, para evitar esos incidentes. Cuando llegaba a casa su marido no se le acercaba ya que decía que apestaba a leche materna y que no soportaba el olor, era un problema que estaba creciendo poco a poco y que cada vez era peor.

Así mismo, los encuentros sexuales eran nulos ya sea por los cuidados que según su esposo debía tener, no se estaba cuidando, por la lactancia, y su marido no se cuidaba y cuando lo hacían el terminaba rápido, con el pretexto de que el olor le molestaba. Ella terminaba masturbándose en secreto, haciendo creer que estaba satisfecha, aunque no fuera así.

Sus necesidades llegaban a ser tan fuerte que aun en el trabajo llegaba a tocarse, llegando al baño algo alterada, se encerraba en uno de los privados, se subía la falda hasta la cintura y hacía a un lado su tanga para poder empezar a masturbarse. Después de poder satisfacer momentáneamente su libido, se componía las ropas, salía y en el espejo del mismo baño trataba de arreglarse y componer un poco su apariencia. Al regresar a su lugar trataba de seguir con sus cosas y de aparentar que no pasaba nada.

Don Ramón, el jefe de Claudia era un hombre grande, moreno, no era agraciado físicamente, ya que tenía un abdomen abultado y no era muy atractivo. Más de una vez la vio llegar del baño.

Uno de los otros problemas que se le acumulaban a ella, era que le llegaban a doler los senos durante el trabajo, aunque ya en la mañana se había vaciado, llenando hasta casi tres biberones para su nena. Se le llegaban a cargar nuevamente y le llegaban a doler. Algunas veces tenía que pedir salida temprano para llegar a casa para poder liberarse de la carga que llevaban sus senos.

Un día Don Ramón le había encargado unos reportes a Claudia, eran tanto que todo el día se la paso haciéndolos, estuvo tan ocupada que no pudo ir al baño a satisfacerse, andaba desesperada por terminar ya que Don Ramón le había pedido el trabajo para ese mismo día, hubo un momento en el que ella no pudo más, su calentura y sus senos la traicionaron.

Entro en la oficina de Don Ramón con la mayoría de las carpetas que tenía ya preparadas. –lo siento Don Ramón, pero estas son la que puedo tener el día de hoy mañana a primera hora le entrego las dos que me hacen falta- dijo apunto de estallar en llanto.

-Pero Claudia, necesito esos documentos para la oferta final que vamos a presentar mañana- se levanto y se acercó a ella.

-pero Don Ramón…- no supo que decir, hasta que en eso – es que no aguanto más, tengo que llegar a casa para poder descargar la leche acumulada que no aguanto- dijo casi en llanto

Don Ramón, se aseguro que la puerta estuviera cerrada con llave, ya era tarde y no esperaba a nadie, pero aun así no quiso correr ningún riesgo. Se aproximó a ella, se puso de frente a ella y sin decir nada le tomo sus senos tratando de calcular el peso de los mismos, ella se sorprendió y a la vez no hizo ningún movimiento. Don Ramón desabrocho su blusa y libero uno de sus senos de la prenda de ropa que le guardaba.

Don Ramón vio como de su pezón salía un poco de leche, por el movimiento de liberar el seno del sostén, vio a Claudia a los ojos – es hermoso tu pezón- normalmente era de color rosa, pero ahora se le había oscurecido, era de tamaño mediano, sin decir nada Don Ramón se lo llevo a la boca, como si fuera un pequeño recién nacido. Ella lo sujeto de la nuca y solo gimió al sentir como su jefe empezó a mamar de su pecho. Estuvo un rato así hasta que Don Ramón la soltó y como desesperado se fue sobre su otro pecho para repetir la misma operación. Ella se sostenía de él, ya que sus piernas le flaqueaban, Don Ramón no tardo en meter su mano por debajo de su falda y comprobó lo que esperaba, estaba toda su prenda muy húmeda, la hizo aun la do y acaricio su chochito depilado, todo su clítoris y ella termino por aferrarse a él para no caerse, teniendo su primer orgasmo.

-creo que no te han atendido muy bien en casa- dijo viendo sus dedos brillar por los fluidos de ella, llego a saborear un dedo y luego puso los otros dos dentro de la boca de ella. Ella los chupo y limpio instintivamente, él solo la miraba y termino besándola apasionadamente.

La llevo hasta el sofá de su oficina, y dejo que se sentase, la miro desde arriba con los senos de fuera recuperando el aliento, su larga cabellera apenas acomodada y con los ojos cerrados, se miraba espectacular.

Don Ramon no tardo en desabrocharse el pantalón y dejarlo caer hasta sus tobillos, Claudia escucho el cierre del pantalón y abrió los ojos, ahí estaba el aparato de Don Ramón, era el más grueso que había visto, de largo promedio, pero aun así estaba fuera de toda dimensión que hubiera visto antes, más que el de su marido. Lo vio a los ojos y vio los deseos de Don Ramón.

Ella lo tomo como pudo con su mano, apenas podía rodearla con su mano, pero sin pensarlo lo lamio y empezó a hacerle caricias con su lengua, no tardo en tratar de introducirla en su boca, aunque batallo no la pudo meter en su totalidad, con trabajo llegaba a la mitad, Don Ramón la tomo de su cabellera y le llevaba el ritmo.

-ah que bien lo haces- decía entre gemidos, y en eso la separo de él, la levanto y la llevo a su escritorio la coloco sobre los papeles boca abajo, ella sabia que es lo que quería y sabia que tenia que negarse en el fondo lo deseaba, Don Ramón solo enrollo su falda en la cintura y bajo bruscamente la tanga de Claudia. Ella solo se sostuvo fuerte de la mesa y sintió como su jefe acomodaba su glande entre los labios de su panocha haciendo que cerrara los ojos –ah esta muy caliente cabrona- y empezó a empujar.

Claudia solo mantuvo la respiración y con ello un grito que fácilmente pudo haber sido escuchado afuera de la oficina de su jefe, sintió como si la hubieran desvirgados nuevamente, como las paredes de su vagina se estiraban al máximo para poder recibir a Don Ramón. Él se quedo un momento sin moverse, disfruto el momento, masajeo sus nalgas, las apretó y las separo, vio su ano rosita el cual acaricio por un instante con su pulgar, ella se retorció y volteo a verlo – no Don Ramón por ahí no- el viejo solo sonrió y le dio una fuerte nalgada y empezó a moverse haciéndola gemir fuertemente. Don Ramón la sostuvo de sus hombros mientras su barriga se apoyaba en sus nalgas, ella llego a tener dos orgasmos más, mientras las arremetidas llegaron a ser fuertes hasta que Don Ramón se detuvo y saco su verga brillosa de la mezcla de sus fluidos, la levanto y la coloco frente a él, ella se lo introdujo en su boca y empezó a mamar y no tardo en recibir la semilla de su jefe en su paladar, Claudia trago y degusto su premio y termino de limpiar la verga de su jefe, después de eso Don Ramón la levanto, abrazo y la beso apasionadamente.

-mañana cuando tengas las tetas cargadas vienes para que te me des mi ración, así no tendrás problema alguno, y yo te atenderé como te mereces, por lo que he visto tu marido ni para eso sirve, para atender a su hembra-

Ella solo asintió y se levanto acomodándose la ropa, se dirigió al baño que tenía Don Ramón y se aseo un poco y termino por arreglarse las ropas. Cuando regreso con su jefe este ya estaba en su asiento

Ella simplemente salió de la oficina y se dirigió a su casa, donde se termino de asear y atendió a su pequeña aun pensando en lo que había sucedido en la oficina de su jefe.

Relato 13 - Lactancia erótica.
Esta historia la encontré publicada por un usuario llamado Cabolin. Nos relata como un tipo visita a una compañera de trabajo, y junto con una amiga, comienzan a degustar su reciente lactancia.
Hace un mes más o menos, acudí junto con una amiga de trabajo a ver a otra compañera nuestra que había sido madre y estaba de baja de maternidad. Habían pasado dos meses desde que diera a luz, y fuimos hacerle la visita de cortesía.

Cuando llegamos, era un viernes por la tarde, estaba sola, pues su marido trabajaba. Nos recibió muy contenta, y tras darle unos obsequios que le llevamos como ropita para el bebé, nos sentamos a charlar en el sofá del comedor.

- Cómo va la nueva vida de mami? - preguntaba Paqui, una mujer de unos 45 años, rubia con el pelo rizada y muy alegre, siempre optimista que era muy amigable y el alma de la fiesta. La verdad es que me llevaba muy bien con ella.
- Pues adaptándome... - comenzaba a explicar Sofía, la risueña madre. Debía tener unos 36 años, era morena con el pelo largo, que llevaba recogido en una cola, y estaba esplendida. Me llamó especialmente la atención su pecho, que había aumentado considerablemente de tamaño, y rápidamente deduje que sería debido a que le habría subido la leche para amamantar a su hijo.
- Y eso? - replicó Paqui señalando un artefacto que Sofía tenía en la mano
- Es un saca leche, procuro ir sacándome porque produzco bastante y así le puede dar mi marido si yo tengo que salir o si estoy muy cansada por la noche. Pero no sé qué pasa que no funciona, creo que se rompió ayer.
- A ver, déjame si yo puedo - dijo Paqui levantándose del sofá y sentándose la lado de Sofía. Comenzó a manipular el aparato saca-leche, intentando ver cómo funcionaba primero y dónde podía estar el fallo, hasta que lo acercó al pecho de Sofía y lo acopló por encima de la camisa - Vamos a probarlo - le dijo.
Entonces reparó en que yo estaba delante, y girandose hacia mí espetó:

- Será mejor que tú salgas un momento al balcón, que necesitamos algo de intimidad aquí - dijo medio riendo
- No hace falta - contestó Sofía, queriendo quitar importancia al asunto - llevo ya tantas semanas dando de mamar a mi hijo en todas partes, que ya me he acostumbrado a llevar los pechos al aire.

Y dicho eso, Sofía de desabrochó dos botones de la camisa, de la cuál brotó un precioso pecho, hinchado y con un pezón bien grande y rosado. Por un lado me supo mal que se pudieran sentir incómodas, pero al mismo tiempo un ligero sentimiento de excitación recorrió mi piel.

Entre las dos acoplaron el saca-leche al pecho de Sofía e intentaron manipularlo para que hiciera su trabajo y comenzara a salir la leche, pero tras varios intentos infructuosos no consiguieron nada. Al retirar el aparato, un pequeño rio de leche salió del pezón de Sofía y se escurrió hacia abajo.

- Cuidado que te manchas - dijo Paqui, mientras llevaba rápidamente un dedo horizontalmente al pecho de Sofía para detener la gota que resbalaba antes de que llegara a la falda y la manchase.

Sofía sacó un pequeño pañuelo y se secó el pecho, mientras que Paqui retiraba el dedo húmedo de su leche y lo miraba curiosa. Para sorpresa de todos, sacó la lengua y relamió su dedo llevandose a la boca los restos de leche de su amiga y saboreandola después.

- Hmmm, pues no sabe mal - se limitó a decir. Sofía y yo, tras un instante de perplejidad comenzamos a reír, conociendo el carácter desenfadado de Paqui. - Qué pasa? Una es curiosa jaja - se unió a nuestras risas.

Con los movimientos de la risa, a Sofía le brotó otro hilo de leche de su pecho.

- Fíjate, te vuelve a chorrear, si es que los tienes llenos - dijo Paqui mirando el hinchado pecho de su amiga - No te duelen?
- Un poco - dijo Sofía que se sorprendió al ver como Paqui tomaba su pecho y en su mano y lo apretaba ligeramente. Más leche brotó de su pecho, está vez con un chorro mucho más abundante. Inconscientemente, ante ese chorro de leche, Paqui se agachó y metió el pecho de su amiga en su boca, como queriendo detener toda la leche que había hecho salir al tocar y apretar el pecho de su amiga. Sofía se quedó inmóvil sin saber qué decir, al igual que yo.

Paqui dio un par de succiones y se separó.

- Hmmmm, quieres que te vaciemos nosotros los pechos un poco? - preguntó con voz traviesa
- Jajaja, estás loca - dijo Sofía
- Dar de mamar es algo natural, no me vengas con remilgos ahora - le contestó Paqui
- Como queráis, pero solo un poco, eh? - aceptó finalmente Sofía
- Ven, ayúdame - me indicó Paqui, mientras me hacia un gesto para que me acercara, al tiempo que Sofía se desabrochaba un poca más la camisa y descubría el otro pecho.

Mientras ella estaba sentada, nosotros nos pusimos de rodillas, uno a cada lado, uno en cada pecho. Lo primero que hice fue introducir aquel gran pezón en mi boca. Aunque había chupado muchos pechos a lo largo de mi vida, nunca había mamado uno, siendo adulto me refiero, con lo que no sabía muy bien qué tenía que hacer, aunque pensé que mi instinto me ayudaría, al fin y al cabo somos mamíferos por naturaleza.

Pero no tuve que esforzarme mucho, al chupar aquel pecho, un reguero de leche comenzó a invadir mi boca. Era una leche líquida, tibia, algo dulzona y no dudé en comenzar a tragármela toda. Empecé a mamar. Cada vez introducía más de aquel pecho en mi boca, mientras oia los chupeteos de Paqui a mi lado. En un momento dado, tomé su pecho con mi mano para apretarlo un poco y para tener algo más de apoyo en la postura que estaba. No sé exactamente cuantos minutos llevábamos, pero yo empezaba a perder el control por instantes y chupaba con bastante lascivia. En algunos momentos que mi boca se llenaba un hilo de leche se escurría por mis labios.

Paré un instante para recobrar el aliento y pude ver como Paqui también se detenía.

- Esta rica, eh? - dijo sonriendo

Miré a Sofía que tenía una cara de vicio impresionante, con los ojos medio cerrados y las mejillas sonrojadas. Al devolver la vista a Paqui, vi que ella también estaba mamando con vicio, relamiendo su pezón, retorciéndolo con la lengua, succionando fuerte le pecho e introduciéndose todo lo que le cabía en su boca. Restos de leche resbalaban por su barbilla. Sin pensármelo, volví al trabajo, y comencé de nuevo a mamar aquel regalo del cielo en forma de pecho.

Finalmente Sofía nos hizo salir de nuestro trance mamador, con unas convulsiones y gemidos que nos pillaron por sorpresa.

- Nena, te has corrido? - preguntó Paqui entre carcajadas y muy sorprendida
- Uf, es que aún no me he recuperado del parto, y no puedo tener relaciones todavía, por lo que estoy muy sensible. Así que si, me habéis hecho llegar - explicó entre sofocos.
- No te creas, yo también me he excitado, es la primera vez que hago esto, estoy mojada y todo - confeso Paqui - y tú, cómo estás? - me preguntó, y posando una mano en mi rodilla para abrirme de piernas
- Pues ya lo ves - dije agachando la mirada para comprobar como de abultado tenía el paquete, pues llevaba empalmado desde hacía rato
- Uf madre mía - dijo Paqui, mirando como se marcaba mi pene tieso en el pantalón - eso tiene que dolerte. Sácatela que vamos a probar ahora otro tipo de leche

Hipnotizado por su comentario, me puse de pie, pero fue la propia Paqui la que apresuradamente comenzó a desabrochar mi cinturón, luego pantalón, bajó la cremallera y bajó con un movimiento algo brusco mi pantalón y boxer a la vez, haciendo que mi polla saliese disparada y botase delante de sus caras. Paqui estaba todavía de rodillas delante de mi, y Sofía seguía sentada en el sofá. Mi polla entiesa quedaba a un par de palmos de sus caras, y ambas tenían su vista fijada en mi pene, examinando su forma y tamaño.

Vaya, menuda polla gastas, no? Desde luego engañas, con lo pasmadito que pareces en la oficina y me sales con este trozo de carne - dijo Paqui con un descaro que hizo reír a Sofía. Paqui, alzó su mano y cogió mi pene, y lo sacudió unas cuantas veces, notando su dureza y apretándolo un poco.

Dicho eso, acercó su boca a mi empalme y recorrió con su lengua toda su largura, para acto seguido, al llegar a la punta y lamerla un poco, introducirse todo mi pene en su boca. Noté la humedad de su boca empapando mi sexo y como quedaba prisionera entre su lengua y músculos bucales, fue una sensación muy agradable. Entonces comenzó una mamada muy placentera, introduciéndose más de la mitad en su boca. Tras unos instantes paró y se la sacó de la boca.

- Tienes una buena polla, durita y gordita, como a mí me gusta. Si hay algo que me fascina de una buena polla es que llene la boca. Ten prueba esto - dijo dirigiendo mi polla hacia Sofía
- No, no puedo, que estoy casada ya lo sabes - replicó
- Que casada, ni que tonterias, dale una chupadita, que esto de aquí no sale, y una oportunidad así no se tiene cada día - dijo muy convencida Paqui, de tal forma que Sofía, simplemente se inclinó un poco hacia mí, y haciendo caso de su amiga, con una mano agarró mi polla y se la introdujo en la boca. Sofía chupaba con más dificultad. Debía tener la boca más pequeña porque no llegaba introducirse la mitad de mi polla en su boca. Succionaba con más ansiedad o nerviosismo, supongo que porque sabía que lo que hacía no estaba bien, chupársela a un compañero de trabajo en el salón de su casa. Pero al mismo tiempo era tan morbosa y excitante la situación que en el fondo le apetecía y no había podido negarse más.

Mientras Sofía me la chupaba, Paqui manoseaba mis huevos con una sonrisa en la boca y alternaba su mirada viendo como su amiga me la mamaba. Tras unos instantes, Sofía se la sacó y le cedió de nuevo el turno a Paqui, que cogiéndome fuertemente por las caderas trató de metérsela entera, y casi lo consigue. Luego siguió chupando más suave y sacándosela ocasionalmente para relamerla con la lengua a lo largo.

Se alternaron un par de veces más, chupando cada una a su estilo hasta que comencé a gemir, pues mi orgasmo estaba próximo.

- Te voy a vaciar los huevos, pero luego me toca a mí que estoy mojadísima, ok? - Dijo preguntándome
- Claro que si - atiné a decir con los ojos en blanco a punto de venirme

Paqui se introdujo de nuevo mi polla en su boca y mamó con fuerza, ritmo e intensidad, estaba claro que iba a por todas, a por el premio de mi orgasmo. Y vaya si lo consiguió. A ese ritmo no tardé en comenzar a eyacular. La avisé, pero ella no paró, y mi leche comenzó a llenar su boca. Chupó hasta que mi orgasmo hubo terminado, y entonces se separó.

- Se ha corrido en tu boca? - preguntó sorprendida Sofía.

Paqui abrió la boca como contestación, mostrándole que toda mi corrida estaba sobre su lengua y en general llenando su boca.

- Qué loca estas - dijo Sofía riendo, pero Paqui volvió a cerrar su boca y con un sonoro chasquido se tragó todo mi semen de una vez
- Hmmm... - dijo Paqui relamiéndose - ya puedo decir que me he tomando la leche de los dos en una sola merienda jajaja
- Te lo has tragado? Serás viciosa! - dijo Sofía entre exclamaciones
- Toda la leche es calcio, y a mí me hace falta reforzar los huesos! - contestó Paqui con sorna y aún tuvo tiempo de volver a relamerme la polla para dejarla limpia.
- Me toca! - dijo poniéndose de pie, subiendo su falda y deslizando sus bragas para finalizar sentándose en el sofá de nuevo. Abriéndome las piernas, mi miró y me invitó a lamerle el sexo con un tentador: enséñame que sabe hacer tu lengua!

Me situé entre sus piernas, y rodeándolas con mis brazos por debajo, comencé a besar la cara interna de sus muslos. Paqui ya jadeaba y se retorcía en el sofá, cuando mi lengua encontró su sexo. Primero lo recorrí de abajo hacia arriba, abriendo los labios exteriores con mi lengua. En una nueva pasada, mi lengua ya rozó los labios interiores y se mojó con su humedad, la cual saboreé. En la tercera pasada, saqué más la lengua y lo relamí completamente, llegando a su clítoris y empapando su sexo con mi saliva.

Tenía el sexo con el vello bastante recortado y arreglado. Era realmente apetitoso y jugoso. Mientras le comía su sexo con voracidad, ella jugaba con mi pelo, ya que sus manos acariciaban nerviosas mi cabeza.

En un momento dado, Sofía que nos miraba desde hacia un rato, debío calentarse bastante. Si realmente llevaba varios meses sin sexo, ver como yo lamía de aquella forma el coño de Paqui y como ella se retorcia de placer debió ponerla bastante caliente. El caso es que en un momento determinado se deslizó desde el sofá y se agachó buscando mi pene que comenzó a manosear. Como no hacia mucho que me había corrido estaba medio morcillón, pero no erecto.

Así estuvimos un rato. Paqui gemia muy excitada, contorsionandose en el sofá, mientras yo estaba disfrutando de aquel suculento sexo femenino cuyo sabor y aroma embriagaba mis sentidos. Trataba de sacar al máximo mi lengua para lograr introducirla en su vagina, como si quisiera penetrarla y luego movía allí dentro mi lengua de forma muy golosa. Alternaba esos movimientos con otros lamiendo todo su sexo y con succiones a su clitoris. Paqui no tardó mucho más en correrse, y con un gran gemido final, se quedó traspuesta en el sofá con una gran sonrisa de placer.

- Dios, que bien lo has hecho, me ha encantado! - me felicitó Paqui, al tiempo que me incorporaba. Realmente me había excitado hacerle sexo oral a Paqui, y entre eso y la paja que me había estado haciendo Sofía mi pene estaba medio erecto de nuevo.

Sofía, que seguía de rodillas a mi lado, miraba mi pene fijamente. De pronto me preguntó:
- Crees que podrías correrte de nuevo?
- Supongo que si, vuelvo a estar algo excitado - respondí
- Es que con mi marido no hacemos mucho sexo oral, porque a él no le gusta demasiado, y ahora que he visto a Paqui como se bebia tu leche me ha dado curiosidad la verdad.
- Pues adelante - le dije

Así fué como Sofía se entregó a una dulce mamada. Sujeto con sus manitas el grueso pene y comenzó a chuparlo y lamerlo, lo cuál era muy placentero. En un momento determinado, me masturbé unos instantes para acelerar el orgasmo, y cuando ya estaba por venir, le devolví el testigo de mi pene para que siguiera la mamada. No tardé en descargarme en su boca, y aunque con dificultades, algo de tos y un poco atragantada por que no esperaba recibir tanto semen en su boca, pudo tragar la mayoría.

- Uf, que raro es el sabor, pero me ha gustado, menudo morbo - comentaba Sofía bastante animada al haber descubierto algo nuevo en su vida sexual
- Claro niña - le decía Paqui - lo que no mata, engorda, y la leche es muy sana y tiene muchas vitaminas! - con lo que todos estallamos de risa ante el desparpajo de Paqui.
Lo bueno fué que Paqui y yo estuvimos tonteando en la oficina durante un tiempo. Especialmente los viernes en el descanso para comer, nos soliamos esconder en algún despacho y los primeros escarceos de sexo oral dieron paso a encuentros sexuales desenfrenados entre carpetas y grapadoras, con el siempre presente morbo de que nos pillara alguien. Y es que ya lo dicen, que los niños siempre traen un pan bajo el brazo. En este caso para mí el pan, fue puro sexo.

Relato 14 - Sintiendo envidia de un lactante.
Este relato fué fublicado por una usuario Carmen, en el que se cuenta como un hombre va a la casa de un compañero del trabajo, en donde conoce a su esposa, que se dispone a darle de mamar a su bebé.
En mi empresa teníamos una inspección de Hacienda, por lo que estábamos muy atareados preparándola. Fue el este motivo que me hizo desplazarme a casa de Jaime. El estaba de baja por una operación de rodilla y tenia que recoger unos balances de caja, que necesitábamos.

Jaime y yo trabajábamos en una empresa de transportes, en la sección de contabilidad. Llevamos 6 años juntos y excepto en el trabajo no tenemos relación alguna. Nos caemos bien y somos buenos compañeros. Pero nunca hemos entablado relación fuera del trabajo.

Yo conocía a su mujer por alguna cena de empresa. Una mujer muy atractiva. Una morenaza grande, casi tan alta como yo, que mido 1.8 metros. Pelo largo rizado, ojos verdes y un cuerpazo. Era la envidia de todas las mujeres y el deseo de los hombres.

Y aunque había sido madre hacia menos de un año, seguía conservándose muy bien. Su recuperación tras el parto fue espectacular. Bien es cierto que se machacaba a diario en el gimnasio que tenia en su casa.

Jaime me dijo que pasara a tomar café y que así recogería los balances. Que para esa hora estarían listos.

Llegue sobre las cinco. Al recibirme me dijo que guardara silencio. Ana se había quedado dormida en el sillón con el niño.

Me condujo en silencio al salón y me indico que me sentara en el sillón y poniéndose un dedo en los labios me hizo la seña de que guardara silencio. Acercandome una bandeja, me dijo que me sirviera café.

- Voy a terminar unos apuntes que tengo a medias. Tú, mientras, ve la televisión. En una hora te los tengo terminados.

Se retiro a su despacho cerrando la puerta.

Enfrente de mí estaba Ana, en una mecedora con el niño en brazos. Ambos dormidos.

Yo me quede hipnotizado con la escena. Ella con la cara hacia un lado y el niño con la mejilla apoyada en un pecho. Ana cambio las piernas de postura y la bata, de seda, se deslizo dejando todas sus piernas al aire. Se veía el triangulo de sus bragas. Y a través del encaje se vislumbraba la hendidura de su vagina enmarcada por el color oscuro de los pelos de su pubis.

El pecho presionado por el peso de la cabeza del niño, pugnaba por asomar por en medio de la bata. Eran unos pechos grandes, seguramente repletos de leche y marcados de tenues venas azules que se insinuaban debajo de su piel rosada. Esas venas parecían encaminarse en dirección al pezón que se le marcaba en la fina tela.

Yo estaba empezando a excitarme. A mi, y pienso que a la mayoría de los hombres la visión de unos pechos de una mujer que esta amantando siempre me han excitado. Y esa imagen la tenia delante de mí para regodearme en ella observándola tranquilamente.

Estaba tan absorto mirando, que no me di cuenta que Ana tenia los ojos abiertos y me observaba directamente. Recorrió con los ojos su cuerpo dándose cuenta que me estaba enseñando el coño a través de la fina braga y que sus pechos hinchados por la leche asomaban prácticamente fuera del sujetador. La aureola del pezón asomaba en el borde de encaje.

Ana acomodándose un poco se incorporo, a la vez que apoyaba un pie en una banqueta que tenia delante. Al hacer esto me enseño que la braga era un tanga y se veía como se introducía por detrás de su coño para ir por en medio de las dos nalgas.

Hola Carlos. No sabía que estabas ahí. ¿Llevas mucho rato?

Unos veinte minutos. ¿Te he despertado?

No, es que me toca darle de mamar a este, y si me retraso me empiezan a doler las tetas de la presión de la leche. Y ahora mismo las tengo como piedras.

Diciendo esto se toco con el dedo para soltar un quejido.

Como si tuvieran un reloj interno los pezones empezaron a rezumar gotas de leche que empapaban el sujetador y el camisón.
- Si no te importa voy a darle de mamar al caballero.
- Por mi no te cortes, es muy bonito ver como una madre da el pecho a su hijo.
- ¿Una madre o una mujer?

Me pregunto, mientras me miraba el bulto que se había formado en mi entrepierna. Y señalaba con un dedo.

Yo colorado como un tomate, intente disimularlo metiéndome la mano en le bolsillo.

- Disculpa no era mi intención.
-No te preocupes. Me halaga que aun estando de crianza provoque esas reacciones.

Oímos como se habría una puerta. Jaime apareció en la puerta del salón. Miro a su mujer que seguía en la misma postura y no dijo nada.

- Tengo que salir un momento al estanco a hacer unas fotocopias, y a hacienda a recoger unos formularios.

Tardare un rato. Les dio un beso a su mujer y al niño y se despidió de mí con la mano.

- Hasta ahora.

Ana acomodando al niño se dispuso para darle de mamar. Metiendo la mano por dentro del sujetador, recogió el seno con la mano y lo extrajo en su totalidad. Era como yo había imaginado, un pecho precioso, grande y brillante por la tensión en la que se encontraba la piel. Del pezón escurrían gotas que se deslizaban hasta topar con el sujetador que tenía recogido debajo.

Le puso al niño el pezón en la boca y yo inconscientemente abría la mía. Ana se dio cuenta y se hecho a reír.

Yo, al darme me cuenta la cerré y volví a ponerme colorado.

- Cualquiera diría que tienes ganas de quitarle el sitio al niño.
- Para que te voy a mentir. Mis actos me han delatado. Te pido perdón.
- Déjate de pedir perdón, ya te he dicho que no me molesta.

Seguía insistiendo con el pezón en la boca del niño. Le cogia con la manita la teta a su madre y jugueteaba con el pezón succionándolo y soltándolo. La leche escurría entre los labios y se deslizaba por las tetas mojando la bata.

Me esta poniendo perdida. Cogelo un momento haz el favor. Decía esto mientras que me tendía el niño para que lo cojiera en brazos.

Se puso en pie y desatando la bata y después el sujetador, se lo quito todo y solo se quedo con el tanga.

Me tendió los brazos para que le diera el niño. Al hacerlo su pechos se quedaron colgando y gotas le leche caían al suelo y en mis pies. Yo estaba con una erección de campeonato.

Se volvió a sentar y cogiendo al niño volvió a ponerle el pezon en la boca.

El niño no debía tener muchas ganas. No paraba de juguetear con el pezón, lo cogia con los labios y lo estiraba, lo succionaba y soltaba. Con este jugueteo, lo único que conseguía era que la leche siguiera escurriendo por los labios y deslizarse hacia abajo por todo el cuerpo. Mojando la barriga hasta llegar hasta el triangulo en medio de sus piernas, mojándole el tanga que se empezaba a trasparentar. Se le veían a través de la tela mojada, los labios del coño.

Este no quiere mamar. Y tengo los pechos que me revientan.

Se puso en pie y dejo al niño en la cuna dándome la espalda. Yo observaba su culo que se me ofrecía a la vista en su totalidad, la aureola del ano y parte del coño asomaban debajo de la tira del tanga.

Se sentó de nuevo y agarrándose los dos pechos con las manos daba quejidos de dolor.

- No lo aguanto, me duelen una barbaridad cuando este no mama.

Mientras decía esto se le saltaban lágrimas en los ojos.

- ¿Puedo hacer algo por ti?
- La verdad, es que si. Antes tenias ganas de quitarle el sitio al niño, pues ahora tienes la oportunidad y me harías un gran favor. Jaime, alguna vez qu otra tiene que mamar el un poco para rebajar la tensión. Hay veces que parece que me van a estallar.
- ¿Que Hago?

Se sentó en el suelo apoyando la espalda en el sofá. Y tendiéndome la mano me invito a sentarme a su lado.

Yo reclinándome como si fuera un bebe aproxime mi boca al pezón y empecé a succionar. Notaba como la leche inundaba mi boca. Los chorros cada vez salían con más fuerza ya liberada de la tensión.

Ana suspiraba aliviada. Continué así un poco. Sentía el sabor dulce de la leche en mi boca.

Ana empezó a cambiar los suspiros de alivio por otros que denotaban que le estaba causando otro tipo de placer. Y yo seguía con una erección de campeonato.

Ana miro mi bulto y abriendo la cremallera de la bragueta. Metió la mano buscando mi pene y tras abarcarlo con su mano tirar de el hacia fuera y liberarlo de su encierro.

- Tu me has ayudado a quitar la presión en mis tetas, y que menos, que yo te ayude a ti con esto, ¿no?

Y empezó masturbarme poco a poco para ir acelerando el ritmo. Yo metiendo la mano en medio de sus piernas y apartando el tanga le hundí dos dedos dentro del coño.

Seguía con la succión de sus pechos. Pero arto de tragar, dejaba que la leche escurriera, deslizándose hacia abajo mojándome la mano que tenia metida en su coño y así facilitarme la masturbación.

Sintiendo que estaba cerca del orgasmo me puse en pie y le metí el pene en la boca. Con el empeine del pie seguía frotándole el clítoris.

Llegamos los dos a la vez al orgasmo. Ana con mi poya en la boca intentaba tragar todo el semen que salía. Se le escapan restos que iban a caer en sus tetas y allí mezclarse con la leche que todavía rezumaba de sus pezones y bajar deslizándose por la barriga.

Oímos como llamaron al ascensor. Corriendo nos arreglamos las ropas y nos sentamos en nuestros sitios como si nada hubiera pasado.

Jaime entro y nos saludo. Le dio un beso en los labios a su mujer todavía impregnados de restos de mi semen.

Yo estaba acojonado pensando que se había dado cuenta. Y si no, que no tardaria mucho, Ana todavía tenia en medio del canal de las tetas, restos de mi semen.

Jaime me dio los papeles y salí de allí disparado.

Hoy en día todavía sigo obsesionado con la visión de esas tetas rezumando leche solo para mí. Nunca mas las volví a ver, ni a ellas ni a su dueña.

Jaime y Ana se trasladaron a otra sucursal, quien sabe porque.

Relato 15 - La leche de mamá. Parte 1.
Este relato fue escrito originalmente por Bernhard Traven, y es parte de una serie, en este caso, la parte del relato es TABOO VI. Está traducido y adaptado por mi. En esa historia se cuenta como un muchacho va sintiendo curiosidad con el reciente embarazo de su madre, hasta verse involucrado en una secreta relación con la mujer que lo trajo al mundo, quien convenientemente, se encuentra en un delicioso estado de lactancia. Contiene incesto.
Copyright (C) 1992, Bernhard Traven

La Leche De Mamá (Mother's Milk) [TABOO VI] Por B. Traven

"Algunas madres encuentran una gran satisfacción -incluso sexual- emocional en amamantar, pues es la culminación de la unión simbiótica con el niño." - Dorithy L. Marlowe, RN Ed. D., "Cuidado Infantil", 1977

"Edipo estaba cegado porque la luz de la verdad era mucho para lidiar" - B. Traven

"Una [relación] entre madre/hijo es un tipo de relación en el que ambas partes consiguen exactamente lo que necesitan del otro, de la relación, y el estatus de poder entre las partes es equitativo." -Dr. Boswell, Instituto de Estudios Sexuales Avanzados.

"Hay un *enorme* placer sexual en succionar el pecho de una mujer lactante. El acto es más dado a lo emocional en ambas partes, aparte de la simple satisfacción sexual" - Dr. Avis Oegel, MD, "Técnicas de Asertividad Sexual", 1993

**

Joaquín empujó la puerta con su pié muy extrañamente y entró a su casa. Ambas manos estaban ocupadas; estaba cargando una bolsa grande de pañales en una mano y dos bolsas de artículos de abarrotes balanceándose precariamente en su otro brazo. Joaquín puso las bolsas en la mesa de la cocina.

- "Mamá?" No hubo respuesta.-

Él vió en su habitación, y vió a su madre cargado a su hermanito. Una biberón de plástico medio vacío estaba tirado cerca de su pié. Ambos, mamá y bebé estaban dormidos. La escena se veía tan pacífica comparada con la noche anterior cuando Betito los despertó a ambos con su frenético llanto. Trató de ayudar preparando su biberón y balanceando al pequeñito pero nada parecía ayudar. Finalmente, su mamá le dijo que volviera a dormir por el examen de Química que tenía al día siguiente. Bajo protesta él volvió mientras Betito aun siguió sollozando. Pensó que tendría problemas para dormir pero debió caer rendido tan pronto su cabeza golpeó la almohada.

Joaquín se quedó ahí por un momento en la suave luz de la habitación. Su mamá debía estar exhausta, aún seguía despierta con Betito cuando él se despertó esta mañana para ir a la escuela. Ella era una persona fuerte, alguien que tenía más que dificultades en la vida pero que rara vez se quejaba. Ella aún era una mujer joven, sólo tenía 32 años, aún jovial y esperanzada en que todavía podía encontrar felicidad en su vida. Con sus ojos brillosos, un cabello rubio muy dorado, y una buena figura que los hombres aún hallaban atractiva. Ella no tenía problemas para encontrar pretendientes, pero siempre se las arreglaba para terminar con el sujeto equivocado.

Observaba a su mamá mientras dormitaba. Era hermosa incluso sin maquillaje y su cabello despeinado, y hermosa incluso usando un viejo vestido de verano con algunos estampados amarillos. Joaquín notó que los botones de en frente de su vestido estaban sueltos y un largo y húmedo pezón se estaba asomando. Joaquín sintió un repentino destello de vergüenza y rápidamente apartó la vista. Ella había estado tratando sin éxito, de amamantar a Betito otra vez. Contrario a la opinión popular no siempre es tan raro para los bebés, tener dificultades para mamar. El Dr. Pérez le explicó a mamá que algunos factores pueden ser los culpables incluso la dieta de la madre y el nivel de estrés. Desafortunadamente, casi todos los bebés que tenían problemas para mamar del pecho no tenían problemas en hacerlo de un biberón. Mamá tenía el corazón roto, sentía que había fallado como madre. Betito se encontraba bien con la fórmula pero mamá seguía tratando de amamantarlo.

Joaquín encontró secretamente excitante la idea de amamantar. Desde la pubertad él tenía la usual fascinación que tienen los adolescentes por los pechos. A sus 18 años sus experiencias sexuales se resumían a algunos fajes en el asiento trasero de su auto, donde algunas veces se las arreglaba para meter su mano en el brassier de Sara Lu y sentir la suavidad de su intimidad. Cuando él intentaba quitarle su brassier ella protestaba, y el momento se arruinaba. Sara Lu era bajita y un poco llenita pero tenía una buena talla de busto que ponía la lengua de fuera a los de la prepa. Como sea, Sara Lu no era nada comparada con la madre de Joaquín. Su mamá tenía una figura delgada con unos grandes y pesados senos. Secretamente, Joaquín había buscado en la lavandería para encontrar uno de los brassiers de su madre. Sintiéndose avergonzado y excitado, Joaquín leyó la borrosa etiqueta en el brassier de su madre, 38C. Esperando que su madre no se diera cuenta, Joaquín escondió el brassier bajo el colchón de su cama, de donde a veces lo sacaba para estudiarlo solo. Joaquín, en las lecturas de su tema favorito, aprendió que el busto de una mujer puede incrementarse hasta dos tallas de copa durante el embarazo; y, seguramente, el nuevo brassiere de lactancia que su mamá compró era un increíble 38DD. Joaquín se preguntó porque la talla DD se usaba en lugar de la E, pero llegó a la conclusión de que eso aún era otro de los muchos misterios conocidos solo por las mujeres, y desconocidos para los hombres.

**

Al momento de su embarazo el novio de mamá, Guillermo, estaba viviendo con ellos. Guillermo era un hombre rudo que frecuentemente llegaba a casa borracho y enojado con el mundo. Una noche, cuando Guillermo llegó a casa muy tarde, él golpeó muy fuerte a mamá en la cara porque la cena estaba fría. Joaquín trató de intervenir, pero el hombre lo lanzó por la sala.

- "Por favor Guillermo, deja a Joaquín en paz." Gritó su madre. Joaquín se sintió aturdido y adolorido pero se las arregló para ponerse de pié. Empezó a encarar a Guillermo otra vez.

- "Joaquín, por favor." Le imploró su madre.

Guillermo ignoró a Joaquín y jaló bruscamente a mamá del brazo hasta su habitación. Su madre miró hacia Joaquín con una mirada de resignación.

-"Estaré bien Joaquín. Por favor aléjate de aquí.", le susurró con dolor mientras Guillermo la jalaba.

Guillermo cerró de golpe la puerta del cuarto detrás de él, dejando a Joaquín parado afuera, sintiéndose impotente y débil. Sus voces a través de la puerta sonaban furiosas y fuertes al principio. Después de algunos minutos las voces eran más suaves, y Joaquín pudo oír el familiar crujido rítmico del colchón de su madre.

**

Algunos meses después mamá descubrió que estaba embarazada. Guillermo parecía feliz y dijo que ahora debían casarse; pero no volvió a casa la siguiente tarde. Mamá trató repetidas veces de llamar a Guillermo a su trabajo, pero Guillermo sólo colgaba cuando oía la voz de mamá. Mamá estaba, por supuesto, con el corazón destrozado. Ya había tratado antes con hombres que arruinaron su vida pero esta vez mamá estaba embarazada. Mamá quebró en llanto y se dejó caer en los brazos de Joaquín. Joaquín le dijo que no se preocupara.

Ellos no necesitaban a nadie más. Él sería el hombre de la casa. Y Joaquín ayudaba a cuidar de su mamá. Él se ocupaba de limpiar la casa y hacer las compras en la tienda, e incluso consiguió un trabajo de medio tiempo en un local de comida rápida para ayudarla a complementar sus ingresos. Cuando su mamá se inscribió en las clases de Lamaze en el hospital local, Joaquín se ofreció para ayudar a su mamá, pero la hermana menor, la tía Juana, dijo que era inapropiado y tomó su lugar para ayudarla.

**

Algunas mujeres lucen con sobrepeso cuando están embarazadas, mostrando su peso en los lugares demandantes que exige el embarazo en su cuerpo. Otras mujeres florecen como botones, brillando con el resplandor de la vida que crece con ellas. Mamá estaba en ésta categoría. Su rostro estaba positivamente radiante con la promesa de vida y su figura delgada floreció en hermosas proporciones y sus grandes pechos se volvieron más pesados y llenos.

Mucho del entrenamiento Lamaze se volvió inútil pues surgieron algunas complicaciones y se tuvo que practicar una Cesárea. Él se vió obligado a quedarse afuera, en la sala de espera mientras la tía Juana y su mamá estaban en el área de maternidad. Él estaba muy contento cuando la enfermera anunció que ahora tenía un sano hermanito, de 4.28 Kg. La enfermera lo llevó al cuarto del hospital en el que estaba su madre recostada en la cama sosteniendo al pequeño bebé. Él besó a mamá en la frente y recibió a su dormido hermanito con mucho cuidado.

-"Conoce a tu nuevo hermanito, Roberto José - Betito." Le anunció ella muy orgullosa.

Su mamá se desabotonó algunos de los botones superiores de su camisón. Casualmente, ella se la abrió, y un enorme pecho blanco coronado con un pezón rosado y brillante se mostró.

- "Eh, mamá. ¿Quieres que me salga?" Dijo él nerviosamente.

Él apartó sus ojos rápidamente, pero seguía devolviendo su vista nuevamente cuando podía echar algunas miradas fugaces a los desnudos pechos de su madre. Él rara vez había visto los senos de su madre excepto por algunas miradas rápidas cuando ella se inclinaba con su camisón escotado. Él estaba muy impactado, y excitado, por la repentina exhibición de la desnudez de su madre en frente de él.

- "No seas tonto Joaquín. Voy a tratar de amamantar a Betito."

Ella llevó a Betito a su pezón. La boca de Betito estaba contra el pezón pero él no mamaba. Ella levantó su pesado pecho para acomodarlo mejor, y un delgado y blanco chorrito saltó en el aire de la punta del pezón de mamá. Joaquín estaba fascinado.

-"Espero que tenga hambre. He estado muy incómoda últimamente desde que empecé a lactar." Joaquín sólo asintió nerviosamente y trató mirar a otro lado. Ella trató de convencer al pequeño Betito de mamar, pero él solo miraba desconcentrado con los ojos desenfocados. En cierto momento algunos de los goteos de la leche de mamá llegaron a los labios de Betito pero él no entendía la indirecta.

- "A lo mejor está cansado. Intentaré después."

Puso a Betito de vuelta a la cuna del hospital en donde se durmió inmediatamente.

-"El doctor dice que debería estar lista para ir a casa hasta pasado mañana." Ella tomó la mano de Joaquín cálidamente.

-"Gracias Joaquín, por toda la ayuda que me has dado. Sé que estos no han sido los mejores momentos para ti."

-"No han sido los mejores momentos para ti tampoco mamá, pero siempre estaré ahí para ti mamá." Le dijo tiernamente.

-"¡Joaquín!" Ella sonreía muy divertida, "¡Me estás viendo!", Joaquín apartó su avergonzada mirada de los pechos desnudos de su mamá. Mamá puso sus senos expuestos dentro de los dobleces de su camisón.

-"No te avergüences Joaquín.", le dijo cálidamente mientras ella sin mucha prisa volvía a abotonar su camisón. "Desde luego conozco por experiencia sobre la fascinación que tienen los adolescentes con los pechos", ella se rió. Él estaba muy excitado y también avergonzado, pero su madre tomó su mano para tranquilizarlo.

-"Amamantar es la cosa más natural del mundo. Por favor no te avergüences cuando le dé pecho a Betito, ¿ok?"

- "Ok mamá" Él bajó la cabeza. Cruzó sus piernas ligeramente para esconder su erección, ¡y rogó a Dios para que ella no viera eso!

**

Ella despertó, sonriendo cuando lo vió parado junto a ella.

-"Día duro, ¿no mamá?"

Ella se frotó los ojos.

- "Si. No se calmó hasta después de que te fuiste esta mañana. Traté de amamantarlo otra vez pero no tuve suerte." Dijo tristemente.

Él le retiró a Betito de los brazos y lo puso en su cuna. Lo tapó muy apretado con la manta que la tía Juana había hecho. Mamá aún estaba sentada en la silla cuando él regresó, tratando de quitarse el sueño de los ojos. Él pudo notar que su vestido aún estaba desabotonado y que los pechos desnudos de su madre aún seguían colgando. Pudo ver que estaban pesados y con leche. Desde que movió al bebé, pudo notar que la parte de enfrente de su vestido estaba empapada. Estaba lactando muy abundantemente.

Ella se miró hacia abajo.

-"Dios, soy un desastre."

Ella levantó ligeramente la parte de enfrente de su vestido, lo que abrió la parte desabotonada aún más, mostrando el brassiere de lactancia que tenía debajo. Ella levantó el pecho expuesto para cerrar la copa flexible del brassiere lactancia, y su pezón disparó un chorro blanco de tibia leche que cayó en la chamarra de Joaquín.

-"Oh, perdón Joaquín." Ella cerró la copa en su brassiere, metiendo ahí su pecho.

-"Eh, está bien mamá." Él sintió la cálida humedad de su leche contra su pecho mientras se mojaba a través de su camisa. Era una sensación placentera.

-"Me disculpas Joaquín, mientras limpio aquí." Dijo su mamá mientras al fin se levantaba de la silla.

-"Seguro mamá." Él dejó la habitación, cerrando la puerta detrás de él.

Revisó a Betito quien aún seguía dormido. Pobre pequeño debe estar exhausto. Luego, él guardó los víveres y estaba decidiendo qué preparar para la cena cuando su mamá lo llamó de repente desde su habitación.

Él abrió la puerta del cuarto de su mamá. Estaba sorprendido al ver a su madre medio desnuda sentada en su cama. Su húmedo vestido estaba tirado y hecho bola en el piso. Su madre estaba vestida sólo con una pantaleta y su brassiere de lactancia. Las copas de cada pecho estaban abiertas, mostrando los pesados e hinchados pechos de su madre. Los pezones estaban de un color rojo brilloso, hinchados y goteantes de leche. Su figura, desde el embarazo estaba suavemente moldeada con curvas voluptuosas en vez de la esbelta figura que tenía anteriormente. A pesar de eso, el pene de Joaquín creció inmediatamente tan duro y palpitante que era casi doloroso.

-"Joaquín, la bomba no funciona." Dijo ella desesperadamente. Parecía no darse cuenta de su desnudez frente a él, o del efecto que estaba teniendo en él.

La bomba era un aparato eléctrico que ella rentó del hospital para extraerse la leche de sus pechos cuando se le pusieran hinchadas y dolorosas. Como mamá no podía hacer que Betito mamara, ella tenía que usar la bomba cada ciertas horas para liberar la presión. Él nunca la había visto usarla pues siempre la usaba en privado con su puerta cerrada. Como mamá no tenía problema en mostrar sus senos en frente de él al tratar de amamantar a Betito, él sospecho la verdadera razón de su vergüenza al usar la bomba, pues la bomba era la que representaba su fracaso al amamantar.

Él examinó la bomba. Las conexiones eléctricas, al menos visiblemente, se veían bien. Él presionó levemente en algunas piezas mecánicas, pero no vio el problema.

Él oprimió el interruptor. Nada pasó.

Tomó la húmeda copa de la máquina.

-"Mamá, tal vez tienes que... pegarla para activarla."

Su mamá levantó su pesado pecho y empujó con suavidad su teta izquierda dentro de la copa de la bomba. Como su mano estaba tocando la parte externa de la copa, buscando algún pequeño interruptor o algo así, el pecho de su mamá se posó ligeramente en su dedo índice. Lo sintió caliente y lleno. Estaba muy asustado y tan excitado para mover su mano, pero ella no dijo nada. Él oprimió el interruptor con su otra mano. Nada. Parecía como un problema eléctrico y jaló levemente las conexiones eléctricas otra vez y oprimió el interruptor una vez más. Nada.

-"No funciona mamá. Tal vez podamos cambiarla en el hospital por otra."

- "Ya cerraron Joaquín. Su oficina de rentas sólo abre de 9 a 5." Se quitó ella sola la bomba rozando su dedo índice mientras lo hacía. Empezó a llorar.

-"Joaquín soy un fracaso como madre. No deberías preocuparte por mí."

-"Quiero hacerlo mamá." La interrumpió.

-"No puedo ni amamantar a mi propio bebé. No puedo hacer nada bien." Sollozó.

- "El Dr. Pérez..." Trató de decir.

-"Sé lo que dijo el Dr. Pérez Joaquín, pero me siento como una fracasada. Hasta tengo que usar esta maldita máquina para extraerme la leche, ¡y ni así funciona!"

-"Mamá, no llores." La abrazó y sintió los senos desnudos de mamá presionado fuertemente contra su pecho. Inmediatamente, él se alejó.

-"Joaquín, ¡me duelen!" dijo desesperadamente sobando sus pechos.

-"Tal vez, deberíamos llamar al Dr. Pérez a su oficina, mamá"

Ella miró hacia él dubitativa.

-"¿Qué mamá?"

-"Joaquín... yo te amamanté cuando eras bebé. No tuviste ningún problema. Te amamanté hasta que tenías nueve meses."

-"¿Mamá, qué estás diciendo?

-"Joaquín, si no quieres hacer esto, está bien, lo entenderé." Miró hacia él implorando.

-"Joaquín, estaría mal si te pidiera que me... succionaras mi leche." ¿Succionar su leche? Su corazón estaba a mil por hora.

-"Joaquín, siques siendo mi hijo igual que Betito. Por favor ayúdame." Su verga ya estaba dolorosamente dura y sentía salivar su boca.

-"Por favor Joaquín. Hazlo por mí."

-"Eh, si m-mamá." Balbuceó.

-"¿Cómo vamos a... hacer esto?" Preguntó nervioso.

Ella se acomodó en la cama y se sentó poniendo su espalda contra la cabecera de la cama. Esa era una fantasía de los sueños más secretos de Joaquín. Sentada. Tu madre está ahí, pensó. Ella sólo quiere que hagas lo que se supone que haga la bomba. Nada más.

-"Ven aquí, bebé." Le dijo su madre amorosamente.

Él vio a su mamá esperándolo en la cama, y se veía como la fantasía más profunda de cualquier hombre. No había pensado en el brassiere de lactancia como algo sexy, pero ahora se dio cuenta de que podría ser algo sacado de Victoria's Secret. Sujetó el pesado pecho de su madre, levantándolo alto mientras lo ponía a la vista. Con la copa flexible abierta, mostrando solo el frente del pecho de su madre, el brassiere solo acentuó su desnudez.

Casi soñando, él subió a la cama de su madre. Ella lo jaló hacia ella. Su pezón estaba de color rojo brillante y relucía por la leche que se le escurría. Ella lo tomó suavemente de la parte de atrás de su cabeza, trayéndolo a su pecho. Un duro pezón rozón contra sus labios y liberó más fluido. Él abrió su boca instintivamente y tomó el pezón. La leche le supo muy dulce. Metió la mano bajo el pecho. Estaba pesado y con leche. Intentó succionarlo, y estaba sorprendido de la cantidad de leche que repentinamente llenó su boca. La leche de su madre era como la leche de vaca excepto que era más delgada y dulce. Él saboreó la leche caliente. La leche empezó a escurrirse por su boca y goteó de su barbilla a su pecho. Se bebió la leche de su madre para hacer que dejara de escurrir, y descubrió que ese acto causó que incluso más leche fluyera de los pezones de su madre. Él succionó más fuerte, bebiendo profundamente del fluido de la vida. Mientras vaciaba la leche del pecho de mamá, él pudo sentir como disminuía la hinchazón de su pecho lentamente. Su cuerpo empezaba a relajarse mientras liberaba la dolorosa presión. Mientras él succionaba, el otro pezón se rozó contra un lado de su cara, causando que la leche escurriera hasta su barbilla.

-"Así Joaquín. Lo estás haciendo bien." Ella lo besó en su frente y pasó sus dedos alegremente por su cabello.

Él succionaba hambriento del pecho de su madre, y con ansias bebía la leche con fuertes tragos. Usando ambas manos, se agarró con fuerza de la suave abundancia de su pecho. Joaquín sabía que todo eso era lo que él necesitaba. Mientras succionaba las tetas de su madre él sabía que todas las otras experiencias de su vida eran nada en comparadas con esto. Él pudo sentir como el cuerpo de su madre empezaba a revolverse con entusiasmo. Ella presionó su cabeza firmemente a sus pechos y empezó a abrir sus piernas.

-"Oh, Joaquín."

Ella empezó a gemir. Él continuó mamando duramente hasta que el flujo de drenaba a un chorrito. Sin siquiera pensar o cerrar su boca encontró el otro pezón de su madre. Un chorro de leche fresca llenó su boca. Las piernas de su madre ahora estaban alrededor de la rodilla de Joaquín

-"Vamos Joaquín." Gemía suavemente.

La verga de Joaquín estaba palpitando. Inconscientemente empezó a frotarla contra el muslo de su madre a través de su pantalón. Encontró un ritmo, y continuó mamando fuertemente el pezón de su madre. Joaquín decidió probar el pezón con su lengua mientras succionaba. Cuando su lengua tocó ligeramente su pezón, él sintió ir la electricidad a través del cuerpo de su madre. Jugó con su pezón mientras continuaba mamando, y el cuerpo de su madre empezó a temblar. Él pudo sentir su humedad incluso a través de su pantaleta y su pantalón, mientras su mamá apretaba sus piernas contra su rodilla.

-"Oh, bebé..." Ahora gemía más fuerte.

Su pecho estaba casi vacío completamente... Joaquín continuó succionando hasta la última gota de la leche que podía saborear con su lengua.

-"¡Oh... oh... oh!" El cuerpo de su madre estaba revolcándose mientras gemía.

Joaquín se sentía caer mientras eyaculó con violentos espasmos en su pantalón.. Ambos se quedaron en silencio. Los labios de Joaquín seguían en el pecho de su madre pero había dejado de mamar.

-"¿Joaquín?" Estaba casi dormido.

-"¿Joaquín?"

-"Oh." Estaba ahí casi catatónico contra la calidez del cuerpo de su madre.

-"Joaquín, creo que es hora de levantarnos." Dijo con una suave voz. Joaquín se esforzó para levantarse... Miró a su mamá y se sintió avergonzado y culpable. Pero ella sólo le sonreía dulcemente. Los pechos de su madre estaban húmedos con algo de leche igual que el resto de su cuerpo. Él era todo un desastre, tenía leche en su boca escurriendo desde su barbilla a su camisa, que estaba completamente empapada con la leche de su madre.

-"Gracias cariño. No sé qué haría sin ti."

Sintió los pechos de su madre rozarse contra él mientras lo besaba en la mejilla. Joaquín estaba aturdido. Su cabeza se sentía como si estuviera llena de algodón. ¿Esto de veras acaba de pasar? Sintió como si estuviera soñando. ¿Su madre de veras acababa de venirse? Él no tenía suficiente experiencia para juzgar tales cosas. Él definitivamente se había venido. Sintió la humedad en su entrepierna. ¿Ella lo sabía?

-"¿Joaquín, puedes darme algo de privacidad mientras limpio?"

-"Ah, claro mamá." Dijo lentamente. Se levantó torpemente de la cama.

-"Y límpiate tu también." Él miró hacia su madre y seguía sentada medio desnuda en la cama. Ella le guiñó un ojo, que hizo que un ligero escalofrío viajara por su espina.

Cerró la puerta del cuarto de su madre detrás de él, y ahora se sintió muy solo y confundido.

Joaquín verificó a Betito quien aún seguía dormido. Él preparó unas hamburguesas y trató de mantenerse ocupado para no tener que pensar en la que acababa de suceder. ¿De veras había pasado? La puerta de la habitación de escuchó al abrirse. Su mamá salió vestida con un camisón blanco algo ajustado.

-"Ah, hola mamá." Dijo nerviosamente.

-"¡Auch!" Se quemó su mano con la estufa.

Su madre corrió a él.

-"¿Estás bien Joaquín?" Tomó su mano y le dio un beso.

-"Si, estoy bien mamá."

-"¿Joaquín, estás enojado por lo que pasó hace rato?" Le preguntó seriamente.

-"Eh, no lo sé mamá." No estaba seguro de qué decir. Ella tomó sus dos manos, y lo miró amorosamente a los ojos.

-"Joaquín, me hiciste un favor. Yo estaba sufriendo porque la bomba no funcionaba." Lo tomó por los hombros.

-"Tú, nosotros, no hicimos nada malo Joaquín. Eres mi hijo igual que Betito. El que seas mayor no quiere decir que esté mal para ti y bien para él." Asintió rápidamente con la cabeza.

-"Mira, sé que probablemente los disfrutaste. Te dije que conozco las fijaciones de los adolescentes" Mientras sonreía astutamente.

-"Y confieso que yo también lo disfruté. Es la forma en que está diseñada la anatomía de una mujer, para que al amamantar se fomente la unión."

-"Joaquín tu me ayudaste cuando estaba desesperada. Y el hecho de que ambos lo hayamos disfrutado no signifiqua que sea algo para avergonzarse." Ella le dio un beso maternal en la frente. Él se sintió mejor.

-"Además, vamos a tener que hacer esto más tarde, en la noche cuando me llene otra vez." A su pesar, volvió a ponérsele dura inmediatamente.

-"Tenemos algo que hacer más tarde." Agregó su mamá con un indicio de seducción.

Comieron la cena juntos hablando muy poco. Después de eso, Betito despertó. La larga siesta debió hacerle bien porque estaba más simpático de lo que normalmente estaba al despertar de una siesta. Él tenía programado trabajar de 8 a 10, así que besó a su mamá y a Betito, se despidió y se marchó. En el trabajo, él no podía dejar de pensar en su madre. Seguía viendo su reloj mientras empacaba la mercancía.

Cuando el trabajo terminó se fue de inmediato en vez de quedarse a platicar con Sara Lu o alguno de sus amigos. Un par de veces tuvo que disminuir la velocidad después de mirar el velocímetro y darse cuenta de lo rápido que estaba manejando. Cuando al fin llegó a casa, estaba todo oscuro excepto la habitación de su madre. Él caminó hacia la puerta de su cuarto. Ella estaba sentada en el lado de su cama usando el mismo camisón ajustado. La cama ahora tenía cobijas colocadas cuidadosamente.

Ella le sonrió. Él le sonrió nervioso.

-"Estaba esperándote, Joaquín. Ya me está doliendo."

Ella se puso de pié y se quitó su camisón. Lo dejó caer al piso. Joaquín estaba sobresaltado. En vez del brassiere de lactancia y la blanca y lisa pantaleta de Wall-Mart, su mamá estaba usando solo una elegante pantaleta. La pantaleta tenía corte francés con los lados de la pierna elevándose muy sexy hasta su cadera. Él no recordaba haber visto esa pantaleta en sus excursiones secretas al cajón de lencería de su madre. Los pechos de su mamá estaban grandes e hinchados, pero aún se mantenían firmes sin ayuda. Los pezones estaban hinchados y de color rosa, y brillaban por la humedad de su leche. Él se quedó ahí, temeroso ante la desnudez de su madre.

-"Oh... Mamá." Se oyó él mismo decir. Inmediatamente se sintió avergonzado y retiró su mirada.

Viendo como se avergonzaba, su madre sonrió.

-"No tengas vergüenza Joaquín. Ven con tu madre."

Ella tomó su mano y llevó a Joaquín a su cama. Se sentó contra la cabecera como antes y abrió sus piernas ligeramente. Ella jaló a Joaquín hacia ella y él empezó inmediatamente a succionar. Era mejor esta vez. Él sabía qué hacee mientras vaciaba constantemente la teta de su madre. Sintió el cuerpo de su madre relajarse contra él mientras le quitaba la presión en sus pechos. Bebió profundamente de su tibia y dulce leche. Con su lengua empezó a probar la punta de su pezón, y mientras el cuerpo de su madre empezaba a agitarse debajo de él. Ella se movió contra él mientras succionaba y jugaba con los pezones de su madre.

Cuando el pecho estuvo vacío, él automáticamente cambió al otro. Un chorro de leche caliente se disparó dentro de su boca tan pronto como su boca sujetaba el pezón. Él pudo sentir como empezó a aumentar la excitación en él mismo y en su mamá. Presionaban sus cuerpos contra el otro. En sus intensos movimientos, inconsciente o deliberadamente, se reacomodaron hasta que sus caderas se presionaron ligeramente entre sí. La erección palpitante de Joaquín estaba presionada contra la entrepierna de su madre, a través de su pantalón y la pantaleta de ella. Joaquín al fin vació el segundo pecho pero siguió mamando hambrientamente de los pechos de su mamá. A ella no parecía importarle, porque ahora estaban empujándose rítmicamente el uno contra el otro.

Atrapado en la fiebre de la excitación, Joaquín, con mucho cuidado, alcanzó por debajo las partes laterales de la pantaleta de su madre. Su mamá rápidamente agarró su mano y la alejó. Asustado por haber ido demasiado lejos con su madre, Joaquín empezó a alejarse de ella, pero ella lo jaló de vuelta hacia ella. Ella estaba poniendo sus límites igual que Sara lo hacía. Ahora él succionó a su madre muy fuerte y le dejó sus dientes ligeramente grabados en el pezón de su madre.

-"Oh, Joaquín, Joaquín, Joaquín..." Las caderas de su madre se pegaron contra él. La excitación de su madre causó que finalmente estallara. Él se frotó rítmicamente contra su madre y llegó a un clímax estremecedor.

-"Mamaaaa..." Se escuchó gemir.

Se quedaron inmóviles por unos minutos sin decir una sola palabra. Él sintió la calidez del cuerpo de su madre contra él. A diferencia de la última vez no había ninguna duda de lo que cada uno había sentido esta vez. Joaquín nunca había visto el orgasmo de una mujer pero ahora no tenía ninguna duda de que eso es lo que su madre había sentido. Él pensó que era muy obvio que su madre se había venido también. También, otra cosa era diferente, esta vez, Joaquín no sentía la culpa que había sentido antes. Aún sentía algo de inseguridad pero sabía que esta segunda vez, él y su madre sabían lo que estaban haciendo. La primera vez pudo haber sido accidental, pero esta vez no había duda en sus intenciones.

-"¿Estás bien Joaquín?" Él se separó de su madre.

-"Si mamá, estoy bien."

-"Estuvo bueno ¿verdad Joaquín?"

-"Eh, mamá..."

Ella lo miró y sonrió.

-"Está bien si dices que te gustó, Joaquín. No hicimos nada malo." Dijo su madre con una seria voz.

-"Si mamá... Me gustó mucho." Sonrió. Se sintió mejor.

Él no quería irse pero su mamá le dijo que era hora de que ambos se fueran a dormir, en sus propias camas. Joaquín se desvistió, se limpió y se puso su pijama. Escucho a su mamá llevándole el biberón a Betito. Joaquín le dijo buenas noches a su madre y le dio un beso en sus labios que se prolongó un poco más, que un beso que un hijo le da a su madre.

Joaquín se acostó en su cama en la oscuridad. Se masturbó intensamente. En vez de pensar en Sara Lu o alguna chica playboy, ahora Joaquín fantaseaba abiertamente con su madre. Se vino, expulsando más semen del que pensó que aún quedaba en él. Cayó en un profundo sueño, poco después.

**

Relato 16 - La leche de mamá. Parte 2.
Segunda parte del famoso relato de Bernhard Traven. Continúan los morbosos y prohibidos encuentros entre el muchacho y su madre, su relación poco a poco va haciéndose más intensa y ardiente. A parte de la lactancia, ahora se frecuentan más relaciones incestuosas, a espaldas del mundo que los rodea. Contiene incesto.
Joaquín se despertó inquietamente, dándose vueltas. Un beso. Otro beso. Abrió sus ojos y vio a su madre entre la oscuridad. Él se dio cuenta de que su verga estaba bien dura y afuera del pants de su pijama. Rápidamente se la puso adentro, esperando que mamá no lo viera. Aunque, ¿acaso importaba ahora?

-"Joaquín, ya es hora."

Le dijo muy seriamente para ser algo que era tan excitante para los dos. Él se levantó y tocó su cabeza.

-"Eh, ok mamá."

Dijo algo atontado. Miró su reloj digital y vio que eran las 3:15 am. Ella se quedó ahí un minuto en silencio.

-"En mi cuarto, Joaquín." Dijo finalmente.

Él siguió a su madre a la habitación. El cuarto estaba oscuro. Ella abrió su camisón. Él pudo ver el contorno de la desnudez de su madre. ¿Aún estaba usando la pantaleta? Él percibía el profundo olor que venía de su leche. Ella se subió a la cama y Joaquín la siguió.

Él fue hasta los pechos de su madre y los succionó. Eficientemente, vació la presión y sintió que el cuerpo de su madre empezaba a relajarse contra él. Él probó su pezón, mordiéndolo ligeramente mientras continuaba amamantándose de su madre. Instintivamente, su madre abrió sus piernas un poco más y empezó a mover su culo.

Él se apoyó contra el cuerpo de su madre. Su verga se resbaló afuera de su pijama y se presionó contra la fresca pantaleta de su madre. Estaba preparado para quitarse pero su madre no mostraba resistencia. Con sus dos manos, él apretó la teta de su madre y se tragó todo el chorro de leche caliente que se disparó dentro de su boca. Ambos ya estaban muy excitados y empezó a vaciar a su madre.

-"¡Joaquín!"

Gritó fuertemente. Pero debió haber gritado su nombre por la excitación en lugar de la preocupación de que las cosas estaban yendo demasiado lejos, porque ella no hizo ningún movimiento para detenerlo. Él vació la teta de su madre e inmediatamente fue por la otra. Apretó el pezón y bebió todo el chorro de leche. Su verga, casi teniendo vida propia, se presionó en el interior del muslo de su madre y trató de entrar a los misterios ocultos debajo de la pantaleta, palpitando hasta encontrar su camino debajo del lateral de su prenda. él presionó y presionó ¡pero no podía entrar!

Encontrando valor por las contorsiones de su madre, muy cauteloso, acercó su mano al lateral de la pantaleta donde su verga estaba investigando. Lentamente, jaló del elástico. Estaba preparado para quitar su mano rápidamente si su madre mostraba la mínima resistencia, pero ella continuaba retorciéndose contra él como si no se diera cuenta. El empujó su verga dentro de la pantaleta de su madre. El elástico se empujaba firme contra su verga, pero no era una sensación desagradable. La punta de su verga encontró la entrada a la panocha de su madre. Definitivamente estaba mojada, y emanaba un calor de su interior.

Él hizo una pausa por un momento, sin estar realmente seguro de si quería seguir adelante con este paso. ¿De veras quería hacer esto? ¿Estaba preparado para esto? Mordió su pezón mientras continuaba succionando la leche de su madre. Ella ya estaba gimiendo y enrolló sus piernas a su alrededor. Él no estaba seguro si esto era para darle valor, o si su madre en su excitación, estaba tan fascinada con lo que él hacía. Joaquín no podía ver como regresar desde este punto. Estaba muy caliente, sintió gotas de sudor en su frente. Esto no podía ser sólo obra suya, ¿o sí lo era? Estaba tan confundido, pero sabía que tenía que hacerlo. No podía seguir su vida sin saberlo, sin sumergirse en los misterios de su madre después de llegar tan lejos.

Joaquín empujó suavemente, y sintió como se deslizaba dentro de la panochita de su madre, era como mantequilla. Era tan fácil, y sin embargo, este fue un acto que cambiaría para siempre su relación con su madre. Todo lo que habían hecho anteriormente era, por mucho, inocente. Ella necesitó que mamara su leche para aliviarla de su malestar. Si ambos obtenían placer por eso, no debía haber vergüenza. A pesar del candente juego, ellos aún seguían actuando como madre e hijo. Ahora con ese único acto, ellos habían cruzado la línea de madre e hijo a, amantes. Él no podía deshacer lo que había hecho, pero no estaba seguro de si quería deshacerlo.

Ambos se detuvieron por un minuto. Ahora, estaban plenamente conscientes de lo que habían hecho, y de que no podrá deshacerse. Entonces, su madre llevó sus manos detrás de él y agarró sus nalgas. Lo jaló hacia ella, haciendo que se deslizara completamente dentro de ella. El sentimiento era indescriptible. Era como un estrecho, húmedo y caliente guante de terciopelo que acobijaba amorosamente su verga.

-"Oh Joaquín. Oh, mi bebé."

El último pecho de mamá estaba casi vacío. Joaquín y su madre empezaron lentamente a coger mientras Joaquín continuaba mamando de lo último de su leche. Él empujó su pelvis; y su verga se deslizó sin esfuerzo el resto del camino en la calidez de su madre. Su origen. Su fuente. Se sentía como en el cielo. Debía sentirse sucio y perverso, pero se sentía tan natural y maravilloso hacer el amor con esta hermosa mujer que lo dio a luz.

Por un momento, él empujó lentamente hacia afuera y empujó de vuelta. La fricción enviaba fuego a sus espaldas. Él sabía que su madre sentía lo mismo porque sintió su regreso a sus embestidas, arqueando sus caderas. ¿Esto era coger? En las lecturas privadas de Joaquín sobre el tema, él había escuchado de algunas disfunciones y problemas relacionados al sexo. Había pensado que sería algo muy complicado, pero nada parecía tan natural para Joaquín, hasta ese momento, que coger con su madre.

-"Joaquín..."

Gimió su madre. Joaquín sabía que estaba cerca.

Joaquín levantó su cuerpo un poco y besó a su madre. Podía sentir las tetas desnudas presionando su pecho. La leche seguía escurriendo de ellas y empapaba la camisa de su pijama. Su madre le devolvió su beso, y pronto su lengua encontró su camino dentro su boca. Madre e hijo se abrazaron y besaron profundamente mientras sus caderas se golpeaban juntas.

La tensión se generaba en sus espaldas, y Joaquín luchó por el control sobre su propio cuerpo. Su madre le pellizcó firmemente las nalgas, mientras lo jalaba con fuerza hacia ella.

-"¡Mamá!"

Trató de gritar para advertirle. Pero era muy tarde. Se vino en una violenta erupción, eyaculó en oleadas dentro de su madre.

-"Oh Joaquín..."

Su madre enrolló las piernas rodeándolo, y empujaba sus caderas adelante y atrás contra él.

-"Joaquín..." Su llanto se ablandó en un gemido.

Joaquín podía sentir el cuerpo de su madre relajarse contra él. Trató de subir hasta su madre pero ella lo devolvió a donde estaba. Ambos estaban en silencio. Joaquín pudo sentir el latido del corazón de su madre contra él, y volvió lentamente a la normalidad. Poco a poco, él se salió de su madre y se acostó a su lado,. Ambos, exhaustos, se durmieron abrazándose entre sí.

A la mañana siguiente el sol despertó a Joaquín. Inmediatamente se sintió desorientado. Miró a su alrededor y vio que estaba en la habitación de su madre. Observó todo y vio a su madre desnuda durmiendo a su lado. Entró en pánico. ¿Qué había hecho? ¿Qué debía hacer?

Joaquín se quedó ahí al lado de su madre mirando al techo. Descubrió que también estaba desnudo, debió haberse quitado y tirado el resto de su pijama durante la noche. Sintió que su madre se agitó. Ella abrió los ojos aturdida y también se veía desorientada. Lo miró a los ojos, y Joaquín apartó su mirada sintiéndose culpable.

-"Buenos días Joaquín." Dijo ella en una seria voz.

-"Buenos días mamá." Murmuró Joaquín para responder.

-"Mamá... perd..." Ella presionó su dedo en sus labios.

-"No te disculpes Joaquín. Yo debía saber lo que iba a pasar con esto. Solo que... se sintió tan bien. Y ha sido mucho tiempo para mi, bebé." Ella acarició su mejilla con ternura.

-"Estuvo bien Joaquín. Mejor de lo que pensé. Pero no podemos dejar que esto pase otra vez. Está mal. Has hecho tanto por mí, y ahora siento que me proveché de ti."

-"M-mamá no lo hiciste... " empezó a balbucear.

Ella lo detuvo.

-"Joaquín, nunca hay que discutir esto otra vez, por favor."

Dijo ella firmemente. Joaquín negó con la cabeza, mostrando estar de acuerdo con su madre.

-"Ahora, ¿Joaquín podrías darme algo de privacidad mientras me visto?"

Joaquín salió de la cama, y rápidamente tomó su pijama que estaba tirada hecha bola al lado de las pantaletas de su madre. ¿Cuando se las había quitado? Avergonzado, Joaquín agarró la pijama, la puso en su entrepierna, y salió rápidamente del cuarto de su madre. Cerró la puerta detrás de él y se puso su pijama.

Su madre, vestida con un vestido blanco, fue a la mesa de la cocina cargando a Betito. Comieron su desayuno juntos en silencio. Él trató de ocuparse leyendo el periódico mientras su madre sostenía el biberón de Betito y al mismo tiempo comía su desayuno.

Joaquín miró el reloj.

-"Mamá, mejor me... llegaré tarde a la escuela." Trató de alejar la mirada mientras le daba un beso a su mamá en la mejilla. Cuando casi estaba afuera de la puerta, su madre dijo:

-"Joaquín, vas a venir a casa en tu hora del almuerezo, ¿verdad?" Él miró a su madre confundido.

"Tienes que..." ella se tocó los senos, "...ya sabes." Joaquín no sabía que decir.

-"Ah, claro mamá." Su mamá le dió una mirada maliciosa. "... a menos que quieras traerme otra bomba del hospital." Agregó. "M.Mamá, n-no tendré tiempo de ir. Ya voy tarde." Tartamudeó Joaquín. Ella miró a Joaquín y sonrió.

-"Ok, puedes recogerla cuando quieras, pero te necesitaré."

-"Si mamá, claro."

En un susurro agregó, "Pero como ayer Joaquín, no como anoche."

-"Si... claro."

Joaquín estaba muy confundido que balbuceó un adiós a su mamá y se apuró en salir de la puerta. En la escuela Joaquín estaba indiferente, y tenía problemas para concentrarse. Obtuvo los resultados de su examen de Química y vio que sacó un "10". Al menos algunas cosas en su vida estaban saliendo bien. Sara Lu trató de hacer contacto visual con él durante la clase pero Joaquín sólo le regresaba una sonrisa forzada y alejaba la vista. Joaquín siguió mirando su reloj muy nervioso.

Joaquín se apresuró a salir por la puerta, tan pronto sonó la campana del mediodía. Se encontró acelerando mucho otra vez, y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo por reducir la velocidad. Joaquín estaba yendo a casa por su, ¿alimento de mediodía?

Su mamá estaba en la habitación sentada en la cama esperándolo. Como antes, ella tenía el brassiere de lactancia puesto, con las copas desabrochadas para mostrar sus hinchados pechos. Sin embargo, a diferencia de antes, su madre no usaba pantaleta. Ella estaba desnuda, desnuda excepto por el brassiere de lactancia que solo la resaltaba, en vez de ocultar su desnudez. Ella se quedó ahí invitándolo frente a él. Con sus ojos, Joaquín siguió el contorno de las piernas de su madre hacia arriba, a su suave y rubia mata de vello púbico.

Ella miró a Joaquín tanto tímida como seductora al mismo tiempo.

-"¿Sorprendido, Joaquín?" Ella lo miró.

-"Joaquín no sé si lo que hicimos está bien o no, pero sé que no quiero que termine." Su madre se sentó más en la cama, lo que causó que sus pechos se movieran deliciosamente.

-"Estuve reflexionando toda la mañana, pensando en ti Joaquín. Que dios me ayude, pero sé que no quiero que lo que tenemos se detenga." Ahora, las lágrimas estaban escurriendo de sus ojos.

-"Mi vida es un desastre, y ahora estoy volviendo un desastre la tuya." "¡No mamá!" Protestó.

-"Me pregunto si está mal tener intimidad con mi propio hijo. Debería estar mal, pero se siente tan bien, y no solo se siente bien físicamente." Ella lo miró con ojos suplicantes.

-"Joaquín, si tú no quieres, lo entenderé, pero por favor no pienses mal de tu madre."

La verga de Joaquín estaba palpitando tan duro que tenía miedo de que fuera a salir de su pantalón, ahí de pié. Sin decir una sola palabra, se desnudó en frente de su madre. Él se sorprendió de no sentir ninguna vergüenza. Arrojó sus ropas en el piso y se unió a su madre en la cama.

Tomo la teta de su madre con ambas manos, firme y casi rudamente, la leche de su madre se vertió en su boca, y él la bebió profundamente.

-"Oh Joaquín." Gimió ella, mientras la liberaba de la presión de sus pechos. Joaquín se escuchó al hacer ruidosos sonidos de succión, mientras hambrientamente, mamaba del pecho de su madre. Joaquín casi dio un brinco cuando sintió la fría mano de su madre en su verga. Ella tierna y experta al mismo tiempo, lo acarició como si lo hubiera hecho él mismo. Él casi sintió el clímax, pero su madre se apartó justo a tiempo, dejando su verga vibrando de excitación y frustración. Ella lo guió a la fuente de su calor entre sus piernas. Su verga se deslizó dentro de su madre sin mucho esfuerzo. Estaba caliente y mojada.

-"Oh mamá." Gimió con puro placer.

Mientas mamaba, él dejó que sus dientes se frotaran contra el pezón de su madre. Ella restregó sus caderas contra él, empujándolo aún más dentro de la panchita de su madre. Joaquín metió las manos debajo de su mamá y sintió las redondas nalgas de su madre.

-"Vamos Joaquín, cógeme." Dijo su madre en un intenso susurro. Él estaba un poco sorprendido y también un poco caliente por el uso de tal obscenidad por parte de su madre. Joaquín chocaba sus caderas contra su madre mientras le mordía suavemente su pezón. Su madre le devolvía las embestidas y pronto sus cuerpos se estaban moviéndose en un candente ritmo, por sí solos.

-"Cógete a tu madre." Gimió ella. Joaquín cambió de pecho y sintió un fresco disparo de leche en su boca.

-"Mamá... mamá... mamá." Se oyó a si mismo gimiendo involuntariamente. Sus caderas se golpeaban rápidamente contra el otro, mientras madre e hijo se venían juntos en un estremecedor y catártico orgasmo.

-"Dios, estuvo increíble Joaquín." Su madre sonrió. "Eso estuvo tan increíble y no siento ni un poco de culpa, ¿y tú?"

Joaquín negó con la cabeza y no pudo evitar devolverle la sonrisa. Era verdad. No se sentía culpable o avergonzado. Él en realidad sentía un amor genuino, se sentía más cercano a su madre como nunca había soñado. No había absolutamente nada malo en hacerle el amor a esta hermosa y encantadora dama que lo dio a luz.

-"Te amo, mamá." Escuchó su voz quebrarse mientras abrazaba a su madre con fuerza.

-"También te amo, Joaquín." Ellos se abrazaron y él se empezó a sentirse agitado otra vez.

-"Oh Joaquín, ojalá pudiéramos hacerlo una vez más, pero tienes que volver a la escuela" Su verga estaba erecta otra vez.

-"Podría decir que estoy enfermo..."

-"No Joaquín, no podemos dejar que esta parte de nosotros nos aleje de otras cosas en nuestra vida. "Además, tenemos esta noche para hacer lo que queramos." Dijo juguetonamente mientras pasaba sus manos por su cabello.

Él miró a su madre con ojos tristes.

-"Esta noche." Le recordó.

En la escuela, Joaquín estaba distraído. De verdad me cogí a mi madre, pensaba con una mezcla de excitación y vergüenza. Se dio cuenta de que estaba cumpliendo una fantasía sexual que hace mucho que tenía reprimida. No sabía que significaba esto para él y su mamá, pero él sabía que no quería que terminara.

-"¿Joaquín Báez?" Joaquín salió de improviso de sus pensamientos. Se dio cuenta, asombrado, que el Sr. Huerta, su maestro de Geometría, estaba hablándole.

-"Eh, ¿puede repetir la pregunta, señor?" Le respondió torpemente.

La clase estalló en risas, y Joaquín solo quería meterse bajo el escritorio.

-"Perdón por molestar su sueño, Sr. Báez." Dijo Huerta sarcásticamente. "Ahora clase, ¿quién sabe la respuesta?" Algunas manos alrededor de Joaquín se levantaron de inmediato para responder.

Finalmente, la campana de las 3:00 sonó y Joaquín se lanzó hacia la puerta. Corrió hacia la salida pero fue detenido antes de que pudiera alcanzar la puerta.

-"¿Por qué estás evitándome Joaquín?" Dijo Sara Lu, dándole una herida mirada.

-"No estoy evitándote." Joaquín trató de responder con voz tranquila.

-"Bueno, pues parece que es así, Joaquín Báez."

Ella lo miró a los ojos. "¿Hay alguien más, Joaquín?"

-"No Sara Lu, dios, no. He estado ocupado. Con mi madre. Estoy tratando de ayudarla en la casa. Ella está muy ocupada con el nuevo bebé."

-"Claro Joaquín, me diento tan tonta. ¿Y cómo está tu mamá?"

-"Bueno, ya está mucho mejor. Solo trato de ayudarla con lo que pueda." Dijo con una voz que le sonó un poco nerviosa.

-"Si hay algo que pueda hacer para ayudar, por favor dímelo Joaquín." Dijo con simpatía.

-"Gracias Sara Lu, Mira, tengo que irme. Hablamos después, Ok."

**

Su habitación estaba oscura. Por un momento, Joaquín pensó que no estaba en casa y entró en pánico. Pero cuando se asomó al cuarto de su mamá, vio que ella estaba esperándolo. La suave y parpadeante luz de muchas velas resaltaba la desnudez de su madre y ella se acostó en su cama sonriéndole. Hicieron el amor lentamente a la luz de las velas. Comenzó a aprender como sentir las respuestas en el cuerpo de su madre y el movimiento rítmico que requería. Joaquín y su madre se tomaron su tiempo explorando sus cuerpos. Lentamente construyeron su pasión mientras cogían hasta que se vinieron juntos en un cálido abrazo.

Más tarde, esa noche, cambiaron de táctica y se besaban sin piedad mientras cogían bien duro, casi rudamente; y se vinieron juntos en un violento orgasmo. Durante la noche se turnaron para despertar al otro y coger. En la mañana estaban exhaustos, sudados, y la sábana estaba llena de manchas de venidas y leche. Joaquín despertó aturdido con una furiosa erección rozándose contra la rajita del culo de su madre. Su madre, sintiéndolo agitarse contra ella, despertó; y procedieron a coger, a la luz de la mañana.

Unos días después, Joaquín se mudó a la habitación de su madre. Pues de todas formas ahora pasaba mucho de su tiempo ahí, tuvo mucho sentido para ambos. Joaquín y su madre no podían mantener las manos alejadas del otro. Ellos cogían cada cuatro horas durante la "nutrición" de Joaquín, y con frecuencia hallaban tiempo entre esas veces. Ellos intentaban todo juntos; y estaban constantemente buscando nuevas formas de probar y excitarse el uno al otro. Ella lo introdujo al sexo oral; y Joaquín se volvió loco tan pronto su madre metió su verga en su boca. Mamá lo chupaba y lo probaba con su lengua hasta que disparaba la carga en su boca, en un orgasmo en el que gritaba como loco. Joaquín también probó el sexo oral con su mamá, el cual no disfrutaba mucho, pero lo hacía por ver como se excitaba su madre y se venía mientras ella ponía sus piernas alrededor de su cabeza y sacudía sus caderas salvajemente.

Joaquín y si mamá disfrutaban cuando él le aplicaba loción en su cuerpo para evitar las cicatrices y estrías. Podía pasar horas frotando amorosamente la cremosa loción en sus hinchados pechos, redondeadas caderas y abundantes nalgas. Siempre terminaban cogiendo durante estas sesiones. Una vez, su madre le engrasó la verga con grandes cantidades de la loción, y se puso en cuatro patas para que él pudiera cogerle su culo. Joaquín había oído sobre el sexo anal y siempre lo consideró algo pervertido. Pero no estaba preparado para el exquisito placer del apretado culo de su madre, mientras empujaba su verga, atravesando su esfínter y metiéndose profundamente en su recto. Él la cogía lentamente al principio porque estaba preocupado por el dolor que podría estar causándole a su madre, pero ella lo animó con obscenidades entrecortadas que causaron que él empezara a coger el culo de su madre más fuerte. Finalmente se vino en un intenso orgasmo en el cual bombeaba el culo de su madre con su semen. Después de esa primera vez, el sexo anal se convirtió en uno de sus favoritos. Él sabía que le causaba algunas molestias, pero extrañamente para Joaquín, era suficiente el poco dolor que acompañaba al placer, que parecía ser parte de la excitación de los dos.

Su madre disfrutaba provocarlo. Sabiendo su fascinación con su ropa interior, ella se vestía con lencería y se meneaba provocativamente hasta que Joaquín la agarraba y la lanzaba a la cama. Como los pechos de su madre ahora eran dos tallas más grandes, su escote se desbordaba con muchos de sus viejos brassiers, lo cual por supuesto, aumentaba el efecto en Joaquín. Su madre escogía trajes completos con un vestido, joyería, medias, tacones altos y lencería, y le hacía un lento striptease enfrente de él. Ella vestía sin brassiers, sin pantaletas, cualquier cosa para volverlo loco. Después de descubrir las fascinación de Joaquín por los ligueros, fue de compras una mañana y lo esperó en la puerta cuando él volvió a casa de la escuela, usando nada más que aretes de plata, un ligero negro, sujetando unas medias oscuras, tacones de aguja de 5'', y una sonrisa traviesa. Ellos ni siquiera llegaron a la cama esa vez, pues cogieron con locura en la sala de su casa.

**

No es sorprendente que los juegos con sus tetas fueran una parte regular de su repertorio sexual. Ellos con frecuencia, cogían con Joaquín recostado y su madre encima, con sus pechos colgando sobre él. En esta posición ellos podían coger cómodamente mientras Joaquín mamaba las hinchadas tetas de su madre. Él por lo general terminaba empapado con la leche de su mamá, mientras ella lo arrastraba a un dichoso orgasmo. Cuando Joaquín y su madre descubrieron las delicias del sexo anal, descubrieron que podían usar la misma posición. Joaquín metía su verga dentro del apretado culo de su madre mientras le succionaba la leche de sus pechos. A ella le gustaba el control que esta posición les daba mientras cogían; y Joaquín pensó que esto le daba lo mejor, de ambos mundos.

Un día, luego de que Joaquín y su madre estuvieran calentándose mucho en la cama, su madre le sugirió algo nuevo.

-"Claro mamá." Dijo Joaquín con entusiasmo. Siempre estaba dispuesto a intentar algo nuevo.

Ella se acostó de lado, lo cual causó que sus dos pesados pechos se esparcieran juntos.

-"Joaquín, acuéstate de lado hacia mí, y hazte un poco hacia arriba, bebé."

Ella tomó su erecta verga y la insertó entre sus pechos.

-"Mmmm, me gusta mamá." Dijo mientras se deleitaba con la sensación de su suave y cálido volumen mamario contra su verga.

-"Ahora, cógete las tetas de mamá, cariño." Dijo ella con una imitación de Holly Madison.

Joaquín no necesitó más instrucciones y empezó a cogerse el canalito de su mamá. Esto era una delicia. La leche caliente empezó a gotear de sus pezones y escurría a su verga.

-"Dios, mamá." Apretó sus dos pechos juntos con firmeza alrededor de su verga. La leche empezó a escurrir en el aire y en su abdomen.

Ahora ella se retorcía. Joaquín sabía que su madre podía tener un orgasmo con sólo un fuerte juego de sus pechos. Con ambas manos, él amasó sus pechos y se cogió su canalito. Sus pechos estaban pesados y poseían un calor interior que irradiaba a su verga. Los pechos de su madre estaban resbaladizos con su leche, lo que le daba la lubricación necesaria mientras se cogía sus tetas. Joaquín no sobrevivió a este éxtasis por mucho tiempo, porque pronto vino su orgasmo. Alarmado de repente, trató de moverse de su madre; pero descubrió que era muy tarde mientras disparaba oleada tras oleada de blanco semen en la cara de su madre.

Joaquín se sentó de repente y vio a su madre preocupado. Los grandes chorros de su semen colgaban de la mejilla y la barbilla de su madre.

-"Perdón mamá. Creo que me deje llevar."

-"No seas tonto Joaquín." Ella le dio una sonrisa que volvió cálido su corazón.

-"Se supone que es bueno para la piel" Dijo ella mientras se frotaba el semen en su cara. Ella vio su reacción de horror y sonrió.

-"Está bien Joaquín." Dijo para tranquilizarlo.

**

Su madre estaba lavando los platos mientras él entró a la cocina.

-"Hola bebé." Dijo mientras se giraba.

Sin decir una palabra, él rodeó con sus brazos a su madre y le agarró sus pechos a través de su vestido. Alcanzó la parte de enfrente del vestido de su madre y metió su mano en la parte de arriba de su brassiere, sintiendo el calor de sus pechos desnudos adentro.

-"Mmmm. Vamos al cuarto, Joaquín."

-"No. Tengo una mejor idea, mamá."

Con la otra mano levantó la parte de atrás del vestido de su madre hasta su cintura. Pellizcó el pezón de su madre y sintió su caliente leche gotear por sus dedos mientras bajaba la pantaleta de su madre por la curva de su culo.

-"Oooh, Joaquín." Gimió su madre.

Joaquín tomó un bote plástico de detergente para lavar platos de la alacena y escurrió una gran cantidad del líquido verde en su palma. Él abrió su cremallera y la esparció en su verga erecta. Embarró el resto del líquido a su dedo índice y, luego, lo frotó en la rajita del culo de su madre.

Su madre de retorció. "Brrr, está frió, Joaquín."

-"Yo te calentaré, mamá." Su dedo encontró el ano de su madre. Lo metió en el culo de su madre y esparció el líquido con un movimiento circular. Para el juego anal, ella relajó su esfínter y abrió sus piernas para su intrusión.

-"Joaquín, hazlo. Cógete el culo de tu madre." Dijo en una gran excitación.

Joaquín colocó su verga contra el culo de su madre. Empujó y se deslizó en su culo con poca resistencia.

Él besó la parte trasera de su cuello, mientras empujaba en el trasero de su madre.

-"Oh mamá." Se oyó a si mismo gemir.

Le mordió el lóbulo de la oreja ligeramente, mientras le cogía el culo.

-"Hijo de puta" Gimió ella. Ella sabía que llamarlo hijo de puta siempre lo excitaba.

-"Te encanta, mamá." Ahora él estaba empujando más duro. Su madre estaba empujando su culo en sincronía con él. Sabía que ambos ya estaban cerca.

-"¡Oh...oh...oh!" Gruñó mientras se venía en el culo de su madre. Sintió contraerse el cuerpo de su madre y relajarse bajo su abrazo.

Ambos colapsaron en el frío piso de la cocina y se abrazaron tiernamente.

**

Sus vidas habían cambiado. Cambiaron para siempre, por su nueva relación. Aún seguían siendo madre e hijo, pero mucho más. Eran amantes, mejores amigos y mejores confidentes. La intensidad de su relación sexual los asustó al principio. ¿Acaso era siempre, toda esta tensión sexual entre madre e hijo, lo que era reprimido normalmente, sólo para ser cumplida insatisfactoriamente en relaciones sexuales ajenas? Tal vez esta gran intensidad del sexo entre una madre y su hijo es el verdadero origen del taboo del incesto. Era una obsesión; una adicción sexual que fácilmente pudo amenazar con destruir todo lo demás en sus vidas. Joaquín y su madre sabían que tenían que controlar las llamas de sus pasiones para evitar que consumieran sus vidas. Aún seguían cogiendo como conejos todo el tiempo; pero su madre siempre fue cuidadosa de asegurarse de que los asuntos mundanos de la vida cotidiana aún los siguieran atendiendo. Joaquín no solo continuó en la escuela, sino que empezó a salir excelente. Joaquín sabía que al final de cada día, su madre lo esperaría, normalmente con alguna nueva actividad sexual que los conduciría a nuevos niveles sexuales mientras cogían por la noche.

**

Su mamá insistió en que él debía mantener relaciones con otras chicas. Ella le recordó que crecería y se cansaría de ella cuando fuera vieja y arrugada. El protestó con ímpetu, pero ella le dijo que de todas formas, sería más sano para él mantener otras relaciones. De mala gana, él aceptó y llamó a Sara Lu. Sara Lu estaba muy feliz de saber de él, y platicaron amigablemente. Finalmente acordaron una cita para cenar el sábado por la noche.

Sara Lu estaba ansiosa por reanudar su relación. Joaquín estaba sorprendido de descubrir que en realidad la extrañaba. Su relación con Sara Lu aún sin consumarse, nunca pudo competir con lo profundo de su relación emocional y sexual con su madre, pero no había razón por la que tuvieran que competir en absoluto. La inocencia de su relación con Sara Lu era simplemente una categoría diferente comparada con la abrumadora intensidad de la que tenía con su madre. Quizás había espacio para ambas relaciones en su vida. Su madre, como siempre, tenía razón.

Más tarde esa noche, él llevó a Sara Lu a un lugar apartado en una colina con una gran vista de las luces de la ciudad. Se besaron por un momento y pronto cambiaron a caricias más subidas de tono. Él deslizó suavemente su mano en su blusa y buscó la parte de arriba de su brassiere. Sus pechos, aunque eran grandes para los estándares de muchas chicas de preparatoria, eran mucho más pequeños que los de su madre y carecían del enorme peso al que estaba acostumbrado. Aún así eran cálidos, suaves y tenían cierta forma que les agregaba encanto. Él alcanzó el broche de su brassiere, pero igual que siempre, Sara Lu lo agarró desesperada por detenerlo. Esta vez, en vez de alejarse, Joaquín la besó profundamente mientras acariciaba su pezón ligeramente entre sus dedos. Se movió al lóbulo de su oreja y la mordió suavemente mientras pellizcaba el pezón entre sus dedos. Él sintió cuando la resistencia dejó su cuerpo. Mirándola directamente a los ojos, de pronto llegó atrás de ella y desabrochó el brassiere de Sara Lu. Ella se quedó ahí paralizada mientras lentamente le desabrochaba el resto de su blusa, dejando a Sara Lu en topless. Él estudió su cuerpo mientras Sara Lu miraba a otra parte avergonzada. Estaba abrumada por la repentina confianza que Joaquín estaba mostrando. Esta confianza llegó fácilmente a Joaquín después de un mes de cogerse a su madre día y noche. Ahora él conocía el cuerpo de una mujer casi tan bien como el suyo. Él sabía lo sutil que eran las respuestas en una mujer para buscar esa resistencia revelada o rendición. Sara Lu no era rival para él.

Los pechos de Sara Lu, aunque carecían de la voluptuosidad de los de su madre, eran sexys a su manera. Como su rostro, los pechos de Sara Lu estaban cubiertos con pecas de color café claro. Sus pezones eran de un rosa más brillante que los de su madre, y sus areolas eran claramente más redondeadas. Juzgando por su madre y sus propios estudios de Playboy, Joaquín llegó a la conclusión de que las areolas de pechos que son muy grandes tienden a estar un poco distorsionadas, tal vez por el estiramiento de la piel. Sara Lu estaba sentada ante él desnuda de la cintura hacia arriba, era bonita y realmente sexy en una forma diferente a la manera en que su madre era sexy. Él besó a Sara Lu suavemente y le ayudó a quitarse el resto de su ropa. Hicieron el amor tiernamente en el asiento trasero de su auto. Él disfrutó enseñarle y guiarla mientras cogían lentamente. Con su madre él era el estudiante, y probablemente siempre lo sería, pero con Sara Lu él podía ser el maestro.

Después de que se vinieron se abrazaron en silencio por unos momentos.

-"Joaquín nunca te había visto así. Te ves, tan diferente, mucho más maduro." Le susurró. Ella pensó por un momento y, luego, le dijo en una voz que reveló su angustia, "No has estado con otras chicas, ¿verdad Joaquín?"

-"Sólo con mi madre." Sonrió. Se rió consigo mismo en su broma privada.

-"Tenía miedo de que hubiera alguien más Joaquín." Dijo con una voz aliviada.

-"No cariño." La besó en la frente.

**

Joaquín volvió a casa después de dejar a Sara Lu. Su madre estaba esperándolo usando un corto camisón babydoll con el que había estado tan fascinado últimamente. Sus grandes pechos sobresalían a través del material transparente rojo. Él pudo ver que no estaba usando la pantaleta combinada que venía con el modelo.

-"Bueno, ¿cómo estuvo?"

-"Estuvo bien mamá." Dijo en una voz calmada.

-"¿Te la cogiste?" Se estremeció ligeramente ante la rudeza de su madre. Él y su madre por supuesto estaban acostumbrados a usar obscenidades en el calor de su pasión. Pero sonó un poco extraño y grosero para el oído de Joaquín que usara ese término en referencia a Sara Lu. Joaquín se dio cuenta de que su pensamiento era algo tonto, sobre todo, porque él y Sara Lu efectivamente habían cogido.

-"Si mamá, pero la verdad no quiero hablar sobre eso." Empezó a quitarse su ropa.

-"¿Era tan buena como yo?" Le preguntó su madre. Se levantó en cuatro patas con su espalda hacia él. Su grande culo desnudo se mostraba desde el fondo de su corto camisón.

-"Nadie es tan buena como tú, mamá." Le dijo mientras se subía a la cama y montaba a su madre. Ella ya se había pre-lubricado su culo con lubricante KY, y su verga se deslizó en el recto de su madre con poca resistencia. Él llevó sus manos bajo su madre y le agarró todas sus tetas. La leche escurrió inmediatamente en sus palmas. Su pequeña aventura con Sara Lu había excitado a ambos, y se cogieron como perros. Su madre era una perra en celo que le rogaba que le cogiera el culo más fuerte, con una serie de obscenidades. Ellos gimieron duramente al unísono con cada golpe hasta que se vinieron juntos en un clímax lleno de gritos.

Se abrazaron uno al otro y se besaron cariñosamente con un afecto genuino.

-"Nadie podrá reemplazarte nunca, mamá." Le dijo mientras jugaba distraído con los pechos de su madre.

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* Del escritorio de *
* B. Traven *
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Relato 17 - El enano mama tetas.
Este relato está escrito por el usuario "nipon", y nos cuenta la experiencia de cuando terminó, siendo como hijo adoptivo de una mujer de turgentes pechos, de los que pronto empieza a mamar hasta inducirlos a la latcancia. Todo esto, mientras se hacía pasar por un niño.
La historia que voy a redactar es algo real y una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida, por no decir que es lo mas maravilloso que a una persona como yo le puede pasar, tal vez se preguntaran por que, bueno se los resumiré, soy un capricho de la naturaleza ya que mi estatura no pasa de un metro, así es soy lo que todo mundo conoce como un enano.

Todo comenzó hace 15 años cuando apenas tenia 7 años de edad y entonces vivía en un orfanato en el DF, fue entonces cuando una pareja decidió adoptarme, todo iba bien pero para mi mala suerte solo duro poco, ya que mis padres adoptivos eran de edad avanzada y además se separaron, por lo que mi padre me llevo con el al sureste mexicano, como si eso fuera poco me llevo a su pueblo donde había nacido el, estaba alejado de la ciudad ahí el tenia una casa muy vieja, el estaba muy enfermo y parecía que le quedaba poco tiempo, al llegar me dijo que me iba a ser pasar por un niño de solo 2 años y medio y que si quería estar con alguien seria mejor que yo actuara como tal. Después me llevo a ver a su única sobrina que según el tenia y que ella iba ser la persona con la que me quedaría, entendí bien que el se quería deshacer de mi por lo que empecé a actuar como el me lo había pedido, al llegar con su sobrina me presento como anteriormente me había dicho, la mujer era de unos 35 años y no estaba casada vivía sola, el hablo con ella y le dijo que el estaba en un estado critico de salud y que le quedaba poco tiempo de vida por lo que necesitaba que alguien se hiciere cargo de mi y como era ella la única pariente viva que el tenia por eso le confiaba además de que ella no tenia hijos y pues que ya se le había pasado el tren del matrimonio por su edad, ya que en esta región y mas en los pueblos una mujer debe de casarse antes de los 25 y si no es así esta destinada para ser solterona de por vida. El hizo un trato le propuso que si aceptaba toda sus propiedades serian de ella, a lo que ella accedió. Ese mismo día el se fue de regreso a México y yo me quede en mi nuevo hogar fingiendo ser un mocoso de 2 años y medio.

Mi nueva mama tenia dos enormes tetas que llamaban la atención tal vez no era muy agraciada del rostro pero sin embargo el cuerpo no estaba tan mal, todo comenzó demasiado rápido que me fue difícil asimilar la situación que estaba comenzando a vivir, como les dije anteriormente ella vivía sola y la casa era una pequeña, ella me empezó a tratar como a su bebe y para decir verdad eso es lo que yo parecía con mi tamaño, para mi sorpresa solo tenia un cuarto y una cama, mas sorprendido quede cuando llego la noche y me acostó junto a ella.

Para empezar ella se desvistió enfrente de mi para ponerse una bata holgada que tenia botones al frente ya que es lo que usaba para dormir debido al clima que en el sureste impera, esa noche me fue imposible dormir ya que toda la noche me quede mirando las dos tetonas que tenia enfrente y me moría de las ganas por comérmelas, las noches siguiente fueron una verdadera tortura para mi al tener a esas dos enormes cosas frente a mi y sin poder tocarlas. La actitud de mi nueva mama era exageradamente maravillosa no se si pensar si lo hacia por interés o por que en verdad le gustaban los bebes, me preparaba mi biberón, me bañaba y casi siempre me tenia abrazado esa era lo mejor yo no desperdiciaba situación alguna para tocar sus tetas.

Todo estaba bien el trato que me daba, pero yo aun estaba incomodo y es que como mencione antes dormir con ella en la misma cama me despertaba sensaciones que a veces no quería sentir por respeto a lo bien que ella me trataba, así me pase una semana pensando que es lo que debería hacer y tome una decisión me arriesgaría a mamarles las tetas en la noche cuando ella se durmiera y si se despertaba entonces fingiría estar soñando y me arriesgaría a las consecuencias, la noche llego y al igual que todas ella se desvistió y se puso la bata holgada que siempre se ponía a diferencia de que ahora no se había abotonado los últimos dos botones por el exceso de calor que hacia, al parecer todo las cosas se estaban dando para llevar a cabo mi plan, luego ella se acostó y me dio el biberón que siempre me daba, estaba tan cansada que no tardo ni 5 minutos para quedarse completamente dormida, por lo que procedí hacer el resto del plan que tenia.

Primero con cuidado le desabotone un botón mas, fue ahí cuando observe que llevaba puesto un sujetador color blanco que apenas y lograba cubrir sus areolas, y sus pechos estaban demasiado comprimidos, pensé que era que el sujetador le quedaba chico o tal vez era la posición del cuerpo, trate de sacarle una teta del sujetador pero no pude por que me dio miedo de que despertara así que acerque mi boca despacio a sus pecho y por encima del sostén empecé a mamarlos ella no mostraba síntomas de incomodidad, por lo que empecé a lamber parte de su teta que tenia descubierta era algo inexplicable que sentía, y entonces regrese a hacer lo que empecé haciendo mamar por encima del sujetador era tanto mi excitación que no me contuve y sin darme cuenta le mordisqueé, fue ahí cuando ella se despertó y me miro yo me quede en shock y lo único que se me ocurrió fue llorar para mi sorpresa, ella me acaricio y me dijo- mi bebe quiere teta- pobrecito tienes hambre, y yo dormida que descuidada te voy a dar pecho, se desabrocho otro botón, y se metió la mano en el sujetador para sacarse una teta y me la ofreció- diciendo- mira bebe aquí esta tu nuevo biberón comételo- yo aun no lo creía era demasiado bueno para ser verdad sin embargo cuando ella me metió su pezón en mi boca me di cuenta de que era real y tenia que aprovechar esta oportunidad que la vida me estaba dando.

Recuerdo que fue tanta mi emoción que bruscamente empecé a succionar su pezón con rudeza, ella solo gemía y trataba de dormir tarde casi una media hora mamando su teta, luego me cambio ala otra y ya con mas calma la observe el pezón estaba erecto y era de color café marrón, primero le pase mi lengua sin meterlo en mi boca, luego le lambí toda la areola y por ultimo empecé a comer ese apetecible pezón, era un sueño lo que estaba viviendo las dos enormes tetas que quería ahora estaban frente a mi al descubierto y a mi entera disposición eran tan enormes que eran mas grande que mi cabeza, así me la pase toda esa noche y desperté dormido con las tetas en mi boca.

Esta noche cambiaria las cosas como habían sido, es decir todas las noches me daba teta y durante el día me amamantaba dos veces al día sentada en una silla y yo en sus brazos eso era algo grandioso, después de 4 semanas algo empezó a cambiar cada vez que mamaba sus tetas salía un poco de leche de estas, ella empezó a producir leche esto era sorprendente y mejor para mi, aunque después me arrepentiría de esto, mi nueva mama estaba incomoda por esto y es que debido al tamaños de sus enormes pechos la cantidad de leche era demasiada y en eso le perjudicaba a ella ya que antes solo me daba teta dos veces al día ahora tenia que hacerlo cada media hora de lo contrario las tetas le empezaban a doler y durante la noche yo tenia que pasar mamando toda la noche hasta vaciar sus pechos.

Como se imaginaran con la producción de leche sus tetas crecieron aun mas y durante el dia se le podía ver como sus vestidos se manchaban de la leche que se les escapaban cuando sus pechos estaban a reventar de leche, entonces ella me cargaba y se sacaba sus tetas que goteaban de tan llenos que estaban, lo único que yo hacia era succionar ese pezón y sentir como la leche de sus pechos pasaban por mi garganta y eso era cada media hora, lo que sucedía durante la noche era algo inexplicable, ella dormía con la bata abierta para que tomara de su leche cada vez que se me antojaba, pero eso cambio ya que ella me despertaba a horas avanzadas de la madrugada y a fuerza me metía el pezón goteando de leche en mi boca, y a veces me dormía succionando su pezón y ella me despertaba y me decía ahora tienes primero que ordeñarme y terminar para que duermas, pero eso era imposible entre mas mamaba mas leche salía y pasaron noches enteras que no dormía.

Esto duro cerca de dos años, por que luego un tipo se fijo en ella y cuando se entero de lo que hacíamos le dijo que si quería que el estuviera a su lado que entonces dejara de amamantarme, y como ustedes sospecharan ella me dejo de amamantar, sin embargo en varias ocasiones seguía amamantándome a escondidas solo que para ese entonces yo ya lo hacia sin recate alguno, es decir le mordisqueaba los pezones y les estiraba con fuerza además de acariciar y masajear esas enormes tetas que con solo tocarlas lanzaban chorros de leche deliciosa que se me escurrían por toda la cara, hubieron ocasiones que ella hasta lloraba de placer o de dolor no se cuando le mamaba esas tetas que al terminar quedaban con unos pezones súper estirados que demostraban la fuerza y la ansiedad con las que le mamaba.

Cuando el tipo que vivía con ella descubrió que me seguía amamantando, le dijo que se deshiciera de mi y que no quería volver a verme. Ella me llevo con un amigo que ella tenia era un viejito de 80 y tantos años que vivía un poco retirado de su casa. Así crecí y después de 5 años mas el viejo murió y entonces y me quede solo otra vez.

Luego me entere de que ella había tenido un hijo con el tipo que se había juntado, por lo que decidí hacerle una visita a mi ex mamá, pero esa es otra historia que después lo compartiré con todos.

Autor: nipon_milking@hotmail.com

Relato 18 - Una mamá para cuatro. Parte 1.
Traemos otro relato por aquí, nuevamente publicado por el usuario Ahmed, en el que nos cuenta como una joven pareja es obligada a compartir la leche de la nueva mami con cuatro sujetos que toman ventaja de la situación. Parte 1.
Lo que a continuación les voy a contar, sucedió hace mucho. Llevaba casado 3 años y mi esposa y yo ya tenemos una niña de 5 meses. Yo me casé con 30 años recién cumplidos y mi mujer, a penas acababa de cumplir los 22. Como pueden imaginarse, una chica bastante joven y apetecible.

Llegó a mis "partes" siendo virgen, por lo que pude disfrutar de lo que es "estrenar" todo en una hembra.

Mi esposa tenía cabello negro, rizado y corto. Ojos verdes, delgada. y de estatura normal. Muy tímida y vergonzosa en publico, pero en lo que respecta a coger, poco a poco la fui enviciando yo.

Eso sí: solo yo disfrutaba de los atributos de hembra que me ofrecía, al menos, hasta que sucedió lo que más a delante les contaré.

Sobre sus medidas, les puedo decir que estaba muy bien equilibrada. Tal vez un poquito escasa de senos pero no era problema porque los usaba de muerte. Aun así, esa "escasez" se solucionó al menos durante un tiempo, así que dio a luz a nuestra hija. Sus pechos se pusieron como globos a causa de su producción lechera y no era extraño que en más de una ocasión, por la noche, me vieran mamando sus tetas porque, como ella decía "había tenido una subida de leche y le dolian mucho". Ella no utilizaba ningún aparato como "sacaleches" o algo así. No lo usaba porque sabía que tenía a un "mamoncito" de marido. Por otro lado, nuestra hija era muy glotona. Sin embargo, los pechos de mi esposa eran de mucha producción. Yo, encantado de la vida con esa particularidad de madre ya que desde siempre había tenido muchas fantasias sobre esa época deliciosa de toda mujer, cuando esta en período de lactancia.

Como es lógico cuando tu mujer da a luz, tuvimos que pasar la cuarentena a base de mamadas en mi verga, chaquetas y comidas de panochita y meneos de mis deditos en su clitoris. Fueron unas semanas difíciles porque a mi mujer, no le gustaba darme el culo. Las pocas veces que la había penetrado por ahí, casi podía decirse que la había forzado pero a ella "ese tipo de forzamientos" la ponían cachonda, Así me lo confesó y por eso al final, después de un rato de lucha en la cama, aflojaba y se ponía en plan sumisa a aguantar mi enculada. Tendrían que verla echada boca abajo y cerrando los ojos como diciendo "ándale, házme lo que quieras pero acaba". Me ponía a mil.

Pero fue una noche, precisamente la primera en que se cumplian dos meses de tener a la bebá, aprovechamos para salir por la noche. La pequeña se quedó con mi suegra y nosotros nos fuimos a cenar y luego a bailar. Poco nos imaginábamos lo que iba a suceder...

Cenamos en un restaurante italiano y luego salimos a una discoteca cercana. Al llegar a la misma, comenzamos a bailar. Mi esposa se había puesto un vestido negro de tirantes de generoso escote y falda corta. Por supuesto, llevaba brassiere de encaje blanco, (como sus pantys) porque sus pechos aun estaban lactando. Unos bailoteos en donde nos rozabamos bastante, comenzó a calentarnos un poco, a juzgar por las miradas insinuantes de mi esposa. En un momento dado, cuando sonaban unas notas de balada, ví que en la barra cercana habían un grupo de hombres tomando y mirando con descaro las piernas de mi mujer. Confieso que aquello me altero un poco pero no le di mucha importancia, incluso me daba cierto morbo. Veía que eran unos cuatro y hablaban entre ellos sin dejar de echar miradas descaradas hacia nosotros. Yo no le dije nada a mi esposa para no inquietarla, por otro lado quería.

En un momento dado, mi esposa aprovechando que tenía su boca cerca de mi oído me susurro:

- "Me duelen."

Al principio no entendí. Estaba demasiado pendiente de aquellos tipos y por sus rostros y sonrisas, estaba seguro que decían bestialidades de mi mujer.

- "¿Qué cosa?" Pregunté.
- "¿Qué más va a ser?"

Entonces me di cuenta.

- "¿Vamos a casa?"

Ella salió de pista de baile sin soltar mi mano y se situó momentáneamente en una esquina de la discoteca que quedaba bastante a cubierta y desde ahí se acarició levemente por encima del vestido un pecho. Me miró y dijo.

- "Me está subiendo. Creo que se empapó la gasita."

Mi verga dio un pequeño brinco en el pantalón. Pero no supe qué decir.

- "Será mejor que volvamos." Dijo.
- "Estoy incómoda."

Asentí un poco decepcionado, pero entendiendo a mi mujer y comenzamos a salir. No sé por qué me dio por ver de nuevo hacia el sector de la barra y para mi alivio, vi que aquellos cuatro tipos con aspecto de camioneros en día festivo, ya no estaban. Conforme caminábamos, no me hizo mucha gracia el haber dejado el carro al final de un callejón en donde no se podía estacionar por supuesto, pero como estaba bastante alejado de la zona concurrida, pensé que no iba a ser visto por ninguna grúa. Sin embargo, no me gustaba el hecho de andar por esa zona a esas horas, cuando ya eran cerca de las 3 de la madrugada. Cuando ya nos habíamos metido a mitad del callejón, mi mujer tomo mi mano, me acercó a uno de los muros. Me sonrió pero con cara de preocupación y me dijo.

- "Oye, chupa un poquito porque me duelen mucho. Estoy muy dolorida."
- "¿Aquí?"
- "No hay nadie."
- "Si pero..."

Antes de que pudiera decir nada, se había bajado primero uno de los tirantes del vestido y el del brassiere. Acto seguido, deslizó la copa asomándose al instante el durísmo e hinchado pecho izquierdo de mi esposa. Su pezón estaba tenso como su aureola, y de dicho pezon se asomaba el principio de una gotita blanca de su leche.

Aquello me calentó completamente y comencé a mamar.

La escena era de lo más morbosa. Mi mujer apoyando su espalda al muro, con su mano izquierda sosteniéndose levemente el pecho y yo semi inclinado mamando aquella leche tan rica. Los gemidos, aquellos gemidos que solo mi mujer sabe emitir, parecidos a una queja de puro placer, me estaban haciendo sufrir con el constante choque de mi verga en la bragueta.

- "Sigue... sigue..."

Me decía ella llevándose su otra mano al cabello y empujando el pecho como queriendo aplastarlo más contra mi cara y meterlo más dentro de mi succionante boca.

Aquello me puso bien caliente y mis manos, que hasta aquél momento habían estado en su cintura, se fueron directamente debajo de la falda y moví su panty a un lado para alcanzarle su panochita totalmente mojada. Sus labios estaban salidos, y los liquidos eran más que evidentes.

De pronto, cuando ya había empezado a masturbarla, sin dejar de amamantar sus tetas, oimos unas carcajadas cercanas. Al incorporarme y ver a mi esposa cubriéndose de cualquier forma y dando un pequeño grito ahogado, fue todo muy rápido. Muy cerca de nosotros, vi a aquellos hombres de la barra, que por lo visto habían estado observando la escena. A mí se me heló la sangre porque sabía qué intenciones traían y más habiendo visto aquello por poco tiempo que hubiera sido.

Los cuatro eran de complexión fuerte, cabello corto, tres morenos y uno pelirrojo. Todos iban con camisetas ajustadas y pantalón del mismo estilo, ajustados, de esos que te "marcan el paquete". Dos de ellos aun llevaban un pack de cervezas y bebian sin parar mientras los otros dos parecían, tan solo parecían, un poco más serenos.

- "Vaya, vaya, vaya... qué tenemos aquí..." Exclamó uno.
- "La parejita de tortolitos de antes."

Yo, en un acto reflejo, inmediatamente, me llevé la mano al bolsillo de mi chaqueta de en busca de mi billetera.

Estaba dispuesto a dárselo todo, incluso hasta mi ropa, pero sabía que esos tipos no buscaban nada mío, sino de mi mujer. Uno se fue acercando a ella que seguía de espaldas a ellos y ya había logrado ocultar su pecho, y cuando intenté interponerme, una navaja automática de otro se puso con la punta tocándome la garganta. Una voz ronca acompañada de un aliento a alcohol me llegó desde atrás.

- "No te hagas el héroe. Sabes que no puedes ganar. Relájate y disfruta del espectáculo que te va a regalar tu mujer con nosotros".

Fue suficiente para que la impotencia se apoderara de mí en lo más profundo. Vi como los otros dos, junto al primero se habían puesto alrededor de mi esposa y mantenían una cochina conversación previa a lo inevitable con ella. Mi mujer, con voz firme, como intentando no perder la calma, trataba de razonar con ellos.

- "¿Andas cachonda, cariño?"
- "Mira." Respondió ella con un tono entre seguro y débil, intentando utilizar su profesionalismo, como profesional de la salud, acostumbrada a tratar con personas conflictivas.
- "No sé qué quieren pero lo mejor que pueden hacer es tomar el dinero que les ofrece mi marido y divertirse por ahí. No vale la pena..."
- "¿Cogerte?." -Interrumpió otro que estaba a su derecha al mismo tiempo que le acariciaba el pelo suavemente.
- "Divertirnos incluye cogerte nena, ¿lo sabías?."
- "... No vale la pena complicarse la vida"
- "Concluyó mi esposa con una sangre fria impresionante."
- "No estoy en condiciones de..."
- "Solo somos cuatro y apuesto que sabrás cumplir con todos." Intervino el tercero, el pelirrojo y que hasta el momento solo había estado contemplando la escena y masticando chicle.
- "Estoy amamantando." Exclamó ella con claro tono ya de suplica.
- "Al menos respeten a mi hija. Todavía estoy en cuarentena post parto."
- "Y por lo visto ya muy necesitada de verga, por lo que pudimos observar."

El estallido a carcajadas fué escandaloso. Recé para que eso fuera suficiente para llamar la atención y que llegara alguien pero no. Me maldije de nuevo por haber dejado el carro ahí o por tener la mala suerte de haber dado con esa gentuza.

- "¿Tienes leche en las tetas?" Preguntó el pelirrojo entusiasmado.
- "Nunca he chupado la leche de una mujer siendo adulto."

Mi mujer no respondió, solo pudo sentir como le reventaban los tirantes del vestido y éste se deslizaba hacia abajo quedando en brassiere y pantaleta. Ella no se movió. Mantuvo la compostura aunque pude ver como me miraba con una mirada tranquilizadora, como diciendo "No te preocupes. No hagas tonterias". A continuación, el pelirrojo, empezó a sobarle las tetas con ansias, por encima del brassiere.

- "Dime, todavía no me contestas ¿están tus cantimploras llenas de leche?"
- "Son senos." Respondió ella con dignidad.
- "Que están alimentando a un bebé y ustedes deben tener un poco de sentido común."
- "¿Al bebé de tu marido, ¡cabrona!?" Gritó enfurecido el pelirrojo, al mismo tiempo que de un tirón le arrancaba el brassiere, dejando ambos pechos al descubierto.

A consecuencia del tirón, mi esposa, de complexión fragil y delgada, lo cual hacia que sus pechos aun resaltaran más, casi perdiera el equilibrio pero lo recuperó.

- "Ándale putita." Dijo otro.
- "No nos vengas con sermones de moralidad y déjate hacer, como te dejabas hacer con el cornudo de tu marido."

El pelirrojo ya se había avalanzado a ambos pechos de mi esposa, haciendo chocar su espalda al mismo muro que antes había estado apoyando en otras circunstancias más benignas. Las mamas de mi mujer, comenzaron a ser sobadas y mamadas por aquél joven pelirrojo y yo sentí algo muy extraño. Fue como una rabia mezclada con morbo. Como si fuese un mecanismo de autodefensa psicológica, recordé las conversaciones que había tenido en alguna ocasión, en donde mi mujer me decía que le daba cierto morbo o como si le recorriera un gusanillo interior el sentirse forzada por un hombre. Decía muchas veces que no lo entendía. Sin embargo, aquelllo era una realidad. Mi mujer estaba a punto de ser violada por cuatro animales en celo.

Casi sin dejar que se moviera, sus pantaletas saltaron por los aires y poco a poco la fueron tumbando en el sucio suelo, boca arrriba mientras la sujetaban de los brazos y las piernas. Mi esposa, comenzó a gritar con todas sus fuerzas, pero uno de ellos le introdujo la pantaleta destrozada en la boca y la ató alrededor de su cara con su propio cinto. Así, sujetada en posición de X de las muñecas y los tobillos, el pelirrojo sobre ella y entre sus piernas pudo deleitarse mejor con aquellos pechos que no paraban de escupir leche de sus pezones.. El que seguía con la navaja en mi cuello, me dijo que me estuviera quietecito porque si intentaba algo, ella, sería la primera en lamentarlo. Un sudor frio, me envolvió el cuerpo y me dispuse a contemplar...

CONTINUARA

Relato 19 - Una mamá para cuatro. Parte 2.
Traemos otro relato por aquí, nuevamente publicado por el usuario Ahmed, en el que nos cuenta como una joven pareja es obligada a compartir la leche de la nueva mami con cuatro sujetos que toman ventaja de la situación. Parte 2.
Ver a mi chica, ahí, con ese tipo sobre ella, siendo sobada por todas partes mientras los otros dos la sujetaban de las piernas y las muñecas me comenzó a excitar. No digo que me gustara ver todo aquello pero también era hombre, un macho, y ver a mi esposa sometida por varios machos, era algo que en más de una ocasión me había imaginado en mis chaquetas.

El pelirrojo comenzó a desabrocharse el pantalon mientras que con su propio peso mantenía quieta a mi esposa, la cual no paraba de resistirse. El que hasta aquel momento me había estado apoyando en el cuello la navaja, se puso delante de mi y la bajo diciéndome que era buen muchacho y que siguiera así. Al mismo tiempo que, con una sonrisa burlona, se iba acercando al grupo mientras también se iba desabrochando el pantalón. En cuanto al pelirrojo, vi que había metido su cabeza entre las piernas de mi mujer y le comía su panochita con salvajismo. El que le estaba sujetando las manos, pudo seguir haciéndolo con una sola mano, mientras con la otra manoseaba y exprimía un pecho y expulsaba la leche que salía a chorritos hacia arriba cayendo en el vientre estremecido por la respiración angustiante de mi mujer, la cual gimoteaba y lloraba.

- "¡Qué rico!" Exclamó el que le sobaba la mama y expulsaba la leche, mientras acercaba su boca para recoger con ella algun chorrito que salía con fuerza hacia arriba.

En un momento, todos estaban desnudos de la cintura para abajo y sobre mi esposa, como unos animales que se echan sobre su presa. Vi que sus miembros estaban muy tensos y alguno de ellos parecía llegar a los 28 o 30 cm. Tengo que decirles que mi polla solo es de 13 cm, por lo que aquello me heló la sangre, y podía significar de desgarro de mi mujer.

Inmediatamente, el pelirrojo, se elevó poniendo su bajo vientre a la altura de la vagina de mi esposa y se preparó para penetrarla. Así lo hizo dejándose caer de golpe. A pesar de tener la boca tapada, el gemido de dolor fue desgarrador por parte de mi mujer, mientras que el pelirrojo soltaba un escandaloso gemido de placer.

- "¡Uhhhh!" Exclamó, y mientras comenzaba la danza del mete y saca me miró.
- "¿Esta vieja parió un chamaco no? Está estrechita como una puta virgen."

Al verla danzar, abierta de piernas mientras la sujetaban, mi verga comenzó a reaccionar muy a mi pesar. Los empujones que le daba eran tan fuertes que mi esposa parecía una muñeca inflable. Sus pechos botaban y salpicaban de vez en cuando su leche por sus gordos pezones rosados, eso cuando el pelirrojo los dejaba en paz porque mientras la penetraba, no paraba de manosearla y llevarse las tetas a la boca.

- "¡Toma, zorra, toma!"

A cada impacto de su verga en la vagina de mi esposa, sus piernas se arqueaban violentamente. Miré que apretaba los puños mientras intentaba liberarse de la opresión de las manos del otro violador. Agitaba la cabeza de un lado a otro hasta que el que me había estado amenazando con la navaja se arrodilló a la altura de su boca. Solo pude ver unos movimientos a la altura de la cabeza de mi mujer, ya que él solo veía el culo del que se había arrodillado ante ella. Estaba claro que querían darle por la boca mientras el pelirrojo terminaba su cogida. En un momento, vi las manos del que estaba de rodillas, y como sujetaba la cabeza de mi mujer, a la cual habían obligado a girar hacia él y por los movimientos rítmicos, supe que se la había metido en la boca.

Aun tenían tiempo y concentración suficiente incluso para coordinar los movimientos de la cogida vaginal y bucal a mi mujer, pues cuando el pelirrojo le metía la verga en la panocha, el de la boca le introducía su verga hasta la campanilla, a juzgar por los insufribles gemidos y arcadas que emitía ella.

Así estuvieron por lo menos 3 minutos más, hasta que los muy bestias lograron venirse al mismo tiempo, llenando a mi mujer por los dos lados violados. Aun pude ver la resistencia de mi mujer en un intento desesperado por escapar de la venida en su boca, intentando apartar su cabeza pero el que le estaba dando su leche, sujetó la cabeza con más fuerza, empujando su bajo vientre, metiéndole más la verga.

- "Tragatela toda, puta, ni una gota sueltes." Exclamó mientras le sujetaba la barbilla y la parte posterior de la cabeza con ambas manos.
- "Así, así... eso es..."

Mi mujer estaba cerrando los ojos y tragando lo que le echaba aquel individuo y cuando ambos acabaron y se apartaron de ella, mi mujer dejó de moverse. Se quedó así. Como si no le importara nada.

Tal vez había olvidado que quedaban dos pero yo vi que esos no estaban dispuestos a dejar pasar la ocasión, a juzgar por la violenta erección de sus vergas. Los que se habían despachado a gusto con mi mujer, comenzaron a ponerse los pantalones, mientras miraban hacia ella como seguía inmovil, y luego me miraron a mi diciéndome cosas como:

- "Se portó muy bien" o "Era una buena hembra."

Hasta que el pelirrojo se me acercó al oído y me dijo:

- "Sacate la polla y masturbate delante de ella, o será peor."

Lo miré indignado y para mí era una humillación más, pues mi pene estaba semierecto. No podía evitarlo y me sentia culpable pero si intentaba algo, sabía que la primera cuchillada se la llevaría ella y eso me aterraba. Los que ya habían sido atendidos por mi esposa, se dispusieron a ocupar el lugar de los otros dos que aún faltaban. Tomaron a mi esposa y la pusieron frente a mí a cuatro patas mirando hacia mí.

- "Sacate tu verguita, cabrón." - "Dijo el pelirrojo. Quiero ver qué tal te la chupa la zorra de tu mujer."

Yo miré a mi esposa, la cual me miró tratando de tranquilizarme de nuevo con su tierna pero torturada mirada. Su boca en esa posición de cuatro patas, quedaba muy cerca de mi bragueta y cuando me baje los pantalones y los bóxers, mi verga apareció bastante erecta, cosa que hizo burlarse a los demás.

- "Miren al hijo de puta... Se puso cachondo viendo como nos cogíamos a su nena."

Y rompieron a carcajadas. Miré a mi esposa y ella emitió una dulce sonrisa casi imperceptible, de esas que ella solo sabe hacer transmitiendo el mensaje "no te preocupes, es normal". Y acto seguido se la llevó a la boca comenzando a succionarla entera, cerrando los ojos a veces o mirandome fijamente. Los otros que se habían venido, aprovechando que mi esposa estaba a cuatro patas y sus pechos colgaban como los de una vaca, se pusieron cada uno de ellos, en cada pecho de mi mujer y comenzaron a ordeñarle literalmente la leche de sus colgantes tetas, cayendo literalmente de sus pezones a sus bocas abiertas. Aquello era demasiado. Mi mujer a cuatro patas, mamando y siendo mamada de ambas tetas.

Mi verga se puso terriblemente tiesa pero aun peor se fueron poniendo las vergas de los que aun no la habían provado.

Entonces uno de ellos le dijo algo al oído de mi esposa que pude oir con claridad:

- "Dos minutos para que tu marido se venga o sino, no va a ver como te doy por el culo."

Mi mujer, abrió mucho los ojos y demostró su pánico ante lo que le habían dicho pero aun más cuando vió qué otra navaja se apoyaba en mi yugular. Entonces comenzó a mamarme mucho más rapido, buscando que me viniera. Apartó los pechos de los que le habían estado mamando hasta aquél instante y comenzó a mover su torso de un lado a otro para que sus tetas bailaran ante mi. Sabía que desde siempre, eso me excitaba y ella lo hacía muy bien. Aun quedaba un minuto, como se lo dijo el tercer hombre y no me había podido venir. La angustia de mi mujer era total hasta qué acercó sus pechos a mi pene y los puso atrapándomelo en el canal mamario, ofreciéndome la mejor rusa que jamás me había hecho. Podía ver por la presión que ejercía con sus pechos como de sus pezones se veían numerosas y gruesas gotas de leche que poco a poco se deslizaban por el canal alcanzándome el tronco del pene. Así estuvo con tanta intensidad masturbándome que disparé una terrible descarga que impacto en el rostro y barbilla de mi esposa, la cual respiró aliviada al mismo tiempo que iba cesando su masaje constante de tetas en mi verga.

Solo faltaban tres segundos para que mi yugular fuera atravesada...

CONTINUARA

Relato 20 - Una mamá para cuatro. Parte 3.
Traemos otro relato por aquí, nuevamente publicado por el usuario Ahmed, en el que nos cuenta como una joven pareja es obligada a compartir la leche de la nueva mami con cuatro sujetos que toman ventaja de la situación. Parte 3.
Mi verga quedó colgando humedecida de saliva de mi pareja y leche de ambos. Y por pocos segundos pudimos descansar, pues la cargaron en brazos, y la apartaron un poco más de mí, en medio de suplicas de ella diciendo que:

- "¡Ya estabá bien!". Pero de nada sirvió. Uno de los dos que aún no la habían fornicado, le dijo que:
- "Todavía falta lo mejor". Tanto mi mujer como yo comprendimos el mensaje.

Querían su ano, el estrecho y casi virgen ano de mi esposa.

Mi mujer, en un nuevo intento desesperado, intentó razonar con ellos. El dramatismo de la conversación que ella inició con ellos, mientras estos ultimos se iban preparando las vergas delante de ella, me producía tanto morbo como escalosfrío.

- "Por favor." Decía ella entre sollozos, dándose cuenta de lo que iba a sucederle.
- "Tengan un poco de consideración. Piensen en mi hija. Ella me necesita ahora más que nunca."
- "Y nosotros" Exclamó el que se iba acercando más a ella con la verga bien dura.
- "Puedo hacerles otra cosa, puedo masturbarlos con los pechos, como le hice a mi marido. ¿No les gustó?"
- "¡Sí a huevo! Pero tu culito es tu culito y por lo que pudimos ver... vaya culito."

Otro de ellos, se acercó a mi esposa y llevando en su mano un termo. Se lo ofreció a mi esposa, la cual estaba a cuatro patas obligada por los demás.

- "Está vacío. - Le dijo poniendo el termo delante de su rostro - Llénamelo.

Mi esposa comprendió y los que la estaban sujetando no pusieron muy buena cara ante la novedad que había añadido el que, por lo que puede intuir, era el lider de la banda: El pelirrojo.

Mi esposa, lo miró con el rostro lleno de lágrim,as y se incorporó a medida que la iban dejando un poco libre. Se sentó en unas cajas de madera y tomó el termo que le ofrecía el hombre.

Dirigió por unos instantes su mirada a mí y su rostro era de total humillación y sumisión. Despeinada, llena de marcas en todo su cuerpo y arañazos. Luego observó sus senos con atención y destapó el termo y comenzó a manipularse ambos pechos como comprobando cual de los dos estaba más lleno. Y al cabo de unos segundos de ese manoseo de comprobación, miró de nuevo al pelirrojo el cual dijo: - "Lléamelo por que quiero tener un recuerdo que saborear después de un rato."

Mi esposa asintió con claro gesto de atormentada y colocó el pezón rosado de aureola y empapada de leche, en el interior del cuello del termo. Encajaba perfectamente y no se iba a desperdiciar ni una gota de lo que allí saliera. Acto seguido, mi mujer, comenzó a ordeñarse el pecho y el termo comenzó a llenarse ante la sonrisa de los presentes, los cuales, sobre todo los que no se la habían cogido aún, estaban casi incontrolados, jalándosela brutalmente ante aquella escena de autoordeño de una lactante y sobre todo hembra sometida. Había momentos en que mi esposa no podía disimular su rostro de dolor, incluso un quejido.

- "¿Qué pasa?" Preguntó inquieto el pelirrojo ante esas reacciones de mi pareja.

Ella movió la cabeza negativamente

- "Más te vale que me lo digas, zorra."
- "Es... es que a penas me queda leche y..." Sus ojos se estrellaron en actitud de clemencia ante el observador, añadiendo.
- "Me duelen."
- "Usa la otra teta, puta pero lléname el termo o te sacaran los intestinos por la boca cuando te enculen. Mi esposa, no se alteró más de lo que ya estaba. Sabía que su culo no se iba a librar de la violación. Por otro lado, siendo cuatro violadores, lo lógico era que la penetraran también analmente. Lo había leído en informes sobre violaciones que, por su profesión, había tenido que examinar. Ella estaba siendo violada, por lo tanto, nada iba a ser diferente, excepto que aparte de que esclavizaron su cuerpo, estaba alimentando a cuatro hombres.

Se sacó el pecho del termo e introdujo el pezón del otro pecho en el interior, en un intento desesperado de exprimirse hasta la ultima gota para llenar el maldito recipiente. Así estuvimos unos minutos, viendo los intermitentes exprimidos que con la mano hacía mi esposa sobre su pecho para ir llenando a chorritos el termo. Al final, sacándose el pezón, salió un poco de leche del termo en señal de que había sido llenado hasta el tope. El pelirrojo, tomó el termo y dio un trago, dándole la espalda a mi esposa.

- "Buena y obediente mamita.." Exclamó susurrando.
- "El culo es suyo."

Aquella frase hizo que el resto de los violadores se lanzaran como hienas sobre su presa, es decir, mi esposa la cual desapareció entre cuerpos y penes, gritando con desesperación. Sin embargo, el pelirrojo, aun quería algo más. Por eso, concluyó.

- "¡Así no! ¡Espérense!. La quiero con la cara a su marido, a cuatro patas como una perra y ella no hará nada."
- "¡Tú que te crees! Le dijo uno. Mi verga mide casi 30 cm. y pocos culos lo han aguantado sino las inmovilizo antes. ¿Qué no te acuerdas de aquella vez, a la salida de la escuela con aquella adolescente?"

El pelirrojo, miró al que le había hablado y le respondió:

- "Esta puta no hará nada. Se dejará hacer porque querrá ver de nuevo a su hijita del alma... ¿no?" Y con la pregunta miró a mi esposa, la cual, volvió a cerrar los ojos y a llorar en silencio.

La agarraron de nuevo y la pusieron con la cara hacia mí, pero a distancia de uno dos pasos. La pusieron a cuatro patas y ella permaneció inmóvil mientras el primero en encularla se iba posicionando detrás de ella. Mi esposa, volvió a mirarme intentando mostrar unos inexistentes restos de serenidad. Pero a quella mirada sumisa no era de serenidad, sino de deseo de que acabaran de una vez y pudiéramos volver a casa.

El primero en encularla, la agarró de las caderas y la puso unos instantes a su bajo vientre. Eran los movimientos previos a la colocación para la enculada. Acto seguido, se escupió ambas manos y se las frotó unos segundos. Miré de nuevo a mi esposa, la cual, emitiendo un patetico intento de sonrisa con el rostro horrorizado, me susurró:

- "Te quiero."

En aquél mismo instante, fue taladrada de un violentismo y continuo empujón que hizo emitir a mi esposa el más escalofriante grito que un ser humano puede dar. Aquello tuvo que haber sido como si la reventaran literalmente. Grito que contrastó con el largo gemido de placer del agresor.

Casi no logró mantener el equilibrio pero la sujetó de la caderas y comenzó la brutal danza violadora.

Mi esposa era agitada continuamente hacia delante y hacia atrás, de acuerdo con los impactos de verga en su ano destrozado. Uno de los que observaba detrás de ella, comenzó a exclamar.

- "¡La reventó, la reventó. Está sangrando como perra!"
- "¡Dale duro, dale!" Gritaba otro.

Y los "Dale" fueron el grito de guerra de aquellos interminables minutos.

- "Puta madre... lo tiene bien cerrado..." Exclamaba entre jadeos y con voz entrecortada el que la estaba perforando su culo.
- "... Que hasta parece que me corte la circulación de la verga."

Las carcajadas se hicieron protagonistas a partir de aquél momento.

Al cabo de unos segundos, el primero que la había estado enculando, se vino como si fuera un toro y cuando salió y se puso de pie, la verga apareció llena de sangre.

- "Me la dejó embarrada." Dijo mirandosela y mirando a mi esposa, la cual se mantenía a cuatro patas por puro milagro.
- "Pero valió la pena."

El que quedaba, ocupó el lugar del primero y la empaló de nuevo pero dándole aun con más fuerza. Mi esposa me miraba cuando podía hacerlo, controlando el no perder el equilibrio y la consciencia, algo realmente difícil debido a lo que estaba aguantando. El que la estaba enculando, llevó sus manos a los pechos de mi mujer y los usó de agarraderas, hasta el punto en que tirando de ellos, hacia arriba, la hizo reincorportarse un poco sobre sus rodillas y ví como recibía la polla por el culo y su torso danzaba hacia arriba de acuerdo con el ritmo de las embestidas. Sus pechos estaban siendo manoseados a desesperadamente y ella intentaba aguantarlo todo. El que la enculaba comenzó a morderle el cuello desde atrás mientras le daba duro, y el pelirrojo quiso rematar lo que casi ya no podía imaginarse. Le pidió a mi esposa que comenzara a decirme cochinadas porque quería ver mi polla de nuevo dura y echando la leche por segunda vez.

Mi esposa, me conocía bien y atacó directamente mi fibra sensible. Estaba decidida a terminar con esta pesadilla y no le importaba ya el precio.

- "¡Mira..." Decía ella entre gritos de dolor.
- "Me están cogiendo. Mira como me cogen, me están dando duro! ¡Ah! ¡Ah! Siempre te habías imaginado algo así. Me lo dijiste muchas veces. Pues ahora me estan cogiendo a la fuerza y yo no puedo hacer nada.
- "Mira, mira, ah, ¡¡¡aaaahh!!! Mira como me botan las tetas. Mi cuerpo esta siendo poseído por otros, mira... ¡Déjenme cabrones! ¡No!, ¡no!, ah, ah, ah, ah, ¡¡¡aaaaaahhh!!!

Ni siquiera me toque pero mi pene comenzó a escupir leche, y el pene del ultimo violador también y dejandose caer sobre mi esposa, la aplastó literalmente contra el suelo con el peso de su propio cuerpo. Después, solo sentí un fuerte impacto en la cabeza y perdí el conocimiento. Cuando desperté. Me encontré a mi esposa, vestida con los restos de la ropa. Estaba recostado sobre su torso y me secaba una herida en la frente. Parecía más serena.

- "Ya pasó todo cariño..." Me dijo.
- "Ya pasó. Ya terminaron..."

Relato 21 - Mi madre, hermosa mujer lactando.
Relato ecrito por mi tocayo, tony91, en donde nos narra las experiencias de lactancia erótica que ha tenido con su madre, y los sucesos sexuales más profundos que se desencadenan al iniciar este acontecimiento. Contiene incesto.
Mi mamá es una mujer extraordinaria, creo que es la mejor, es divertida, culta, inteligente, amable, consentidora, cariñosa y muy juguetona conmigo, casi nunca me grita ni me ha levantado la mano, nuestra relación es muy cercana y sobretodo amistosa en todo sentido, ella es mi mejor amiga, convivimos mucho y muy agradablemente. Es divorciada de mi padre, tiene 32 años, se embarazó siendo una jovencita, a los 15. Acabo de cumplir 17 y siento algo muy especial por ella, a veces me gustaría que no fuera mi madre para tener una relación diferente pues no puedo evitar ver lo hermosa y sensual que es, es un orgullo y a la vez una gran una enorme tentación tener una madre tan atractiva, su estatura es de 1.70, su cabello es mediano, lacio muy sedoso y negro, tiene unos ojos sumamente expresivos color verde muy claro que contrastan muy bellamente con el negro de su cabellera, su mirada es siempre intensa, cuando me mira fijamente me pongo nervioso, en cuanto a su rostro tiene facciones muy finas con su nariz recta y en punta, su frente es amplia, su boca es de tamaño medio con unos labios carnosos, su cara es de una belleza cautivadora, una belleza no muy común, creo que es el verde de sus ojos es lo que la hace verse así. Su cuerpo posee unas curvas infartantes, tiene unos pechos hermosos y espectaculares, de 104 cm con una copa de brassier DD, su abdomen es liso y estrecho lo cual sumado a la amplitud de sus caderas lo hace más sexy formándose unas curvas muy sensuales, su trasero es casi una obra de arte, no he visto uno más sexy y hermoso que ese, es redondo, grande, bien proporcionado y bien parado, cuando usa jeans ajustados es un deleite verlo pues se ve muy sexy junto a sus caderas anchas y cintura estrecha.

Ella es una mujer de mundo, a veces viste sexy pero también casual, pero se ponga lo que se ponga tiene una sensualidad natural que me fascina. Generalmente para ir a trabajar viste formal, pero su cuerpo al ser tan sexy hace que vista lo que vista se vea sensual, usa a menudo faldas a la rodilla ajustadas y también pantalones igual de ajustados lo cual hace lucir su increíble trasero, para mi es un deleite verla así. Siempre que puedo le digo lo hermosa que es y se ve, incluso a veces le regalo flores, de cualquier tipo ya que le encantan las flores, todos los días admiro su belleza, cada vez que me masturbo ella está en mi mente, la deseo cada día. Mi madre es licenciada en Administración y se desempeña como gerente de una empresa automotriz, por lo que tiene un sueldo bastante bueno, nuestra casa es algo grande pues tenemos un jardín enorme ya que a mi madre le encantan las flores, ahí hay muchos arboles y flores, las cuida y riega. Ella no solo es una mujer atractiva sino también es muy inteligente, en nuestras pláticas no me aburro con ella, además siempre la pasamos bien y juntos yendo al cine, al parque a tomar un helado, a cenar, al parque de diversiones, a hacer las compras, a comer a un buen restaurante, al fútbol, etc. Ella es una mamá muy consentidora, me compra todo lo que yo le pido y me da dinero diario para gastar, teniendo buenas notas en la escuela claro, aunque ella siempre me ayuda y orienta en las tareas de una forma más clara y agradable que mis profesores. Cuando estamos en casa hacemos varias cosas juntos como descansar en las hamacas que tenemos en una terraza que da al jardín, haciendo ejercicio en los aparatos que tiene para mantenerse en forma, arreglando el jardín, columpiándonos en un columpio que tenemos en el árbol más alto, bailando en nuestra sala pues lo hacemos con cualquier música, viendo películas, jugando videojuegos, cocinando juntos, haciendo ejercicio, haciendo algunas manualidades o solamente platicando, me encanta estar con ella.

Mi madre y yo tenemos mucha confianza hablamos de todo, incluso de sexo, a diario ella me demuestra mucho cariño y amor, despertándome con un beso en la mejilla al igual que al dormir, abrazándome varias veces, cocinando siempre lo que nos gusta con un buen sazón, también jugando a veces conmigo de cualquier forma, acariciándome el cabello cuando estamos abrazados. Ella es una mujer que cocina delicioso, sean guisados o postres incluso bebidas, me consiente con su exquisito sazón. Además ella sabe dar masajes y a veces me los ha dado los cuales son deliciosos, pues sus manos son suaves, delicadas y sabe muy bien como darlo y tratar cada parte del cuerpo. Cuando tenía ocasión me encantaba ver como se maquillaba, ver como se ponía aun más guapa, ella siempre varía su maquillaje con distintos colores y tonos, a veces su peinado, pero siempre con el mismo color y largo de cabello, cada look le queda de maravilla, aunque para mi el que más me gusta es el de cabello recogido con cola o con chongo, además que ella tenía una manera muy sensual de maquillarse y peinarse. Mi madre es una mujer libre no tiene pareja y no la tendrá pues quedó desilusionada con mi padre, ante esto yo estoy contento pues soy muy celoso de mi madre y no querría verla en una relación, de hecho cuando puedo voy a recogerla al trabajo y salimos juntos a cualquier lado, por lo que no siente que le haga falta una pareja a su lado.

Cada que puedo la espío cuando se esta bañando o cambiando, es un morbo tremendo hacerlo siempre me masturbo al hacerlo mirando ese tremendo cuerpo que tiene, la espío debido a que nuestro baño tiene una ventana frente a la regadera, y nuestro baño da a nuestro jardín, por lo que muchas veces mi madre al bañarse está de espaldas a la ventana permitiendo ver ese hermoso culo que tiene, me subo en un banco para alcanzar la ventana y desde ahí puedo admirar a mi madre mientras se enjabona sensualmente mientras lo hace yo me masturbo, si llega a voltear tiene los ojos con jabón y no puede verme, de todas formas soy muy cuidadoso cuando lo hago. Hace unos días mi madre me dijo que sentía cierta molestia en sus pechos, incluso que los notaba un poco más grandes, el tema quedó ahí no le dimos mayor importancia, pero días después me dijo un poco asustada y sorprendida que había notado que estaba produciendo leche en sus pechos, lo cual era muy raro pues mi madre no estaba embarazada ni mucho menos tenía un bebé. Me dijo que iría con su ginecóloga para ver una valoración. Después de escuchar la noticia quedé muy excitado, la idea de imaginar los enormes pechos de mi madre llenos de leche me pone a mil, miré sus pechos más detenidamente y efectivamente noté un tamaño mayor. Pasé toda la noche pensando en los senos de mi madre, incluso al desayunar no dejé de pensar en esas preciosidades llenas de leche, cuando de pronto bajó mi madre enfundada en un sexy y elegante conjunto de falda y saco color crema que remarcaba su curvilínea figura, -buenos días hijo ¿como dormiste?-, -bien mamá, ¿como te sientes?-, -pues estoy un poco preocupada por esto de la leche no sé que me sucede pero después del trabajo voy con la ginecóloga para que me revise-, me fui a la escuela y todo el día no dejé de pensar en ese asunto, en la noche al llegar mi madre me dijo que la doctora le había hecho varios exámenes que saldrían en unos días los resultados, pero todo parecía indicar que sufría de un padecimiento llamado “galactorrea" el cual era una producción anormal de leche producida por varios motivos, como mi madre era una mujer sin problemas del tipo hormonal todo indicaba que había ingerido algún medicamento con una sustancia que provocaba dicho padecimiento, eso me dio a entender.

No dejé de pensar e imaginar los enormes pechos de mi madre lactando, no dejaba de ver sus escotes para imaginar cuanta leche produciría cada seno. Cuando salieron los resultados de los análisis que mi madre se hizo, volvió con la ginecóloga y esta le confirmó que efectivamente padecía Galactorrea y era debido a que estaba consumiendo algunos medicamentos que contenían una sustancia que provocó un aumento de prolactina en su cuerpo, la ginecóloga le confirmó que no era grave y no se preocupara y que esto se aplacaría dejando de tomar dicha medicina, la cual al parecer eran unas pastillas para aumentar el rendimiento, debido a la gran carga de trabajo que había tenido, que empezó a tomar hace unas semanas. Con esta información mi madre se tranquilizó mucho, pero me dijo que notaba que su producción de leche era cada día mayor, sentía los senos muy abultados de hecho se veían más grandes, y a veces con la presión del brassier le escurrían gotas de leche. Así pasaron unos días y yo cada vez estaba más y más excitado con la situación de mi madre, sus senos habían crecido, no sé cuanto exactamente pero si se notaba la diferencia a simple vista, si mi madre tenía una medida de 104 cm de busto y usaba brassieres copa DD yo calculo que ahora rondaría los 108 o incluso 110 cm de busto con una copa mayor que la que tenía. Una tarde al ir a recoger a mi madre al trabajo me dijo que quería pasar a la tienda de lencería a comprarse unos brassieres más grandes ya que los que estaba usando le apretaban debido a el aumento de sus senos por la leche, pasamos a un centro comercial y ahí a una tienda de lencería y corsetería.

Entré con mi madre a la tienda, estaba muy excitado de ver a mi madre y a tanta ropa interior tan sexy mi madre se dirigió al área de brassieres y empezó a ver los modelos y tallas, incluso me preguntó dada nuestra confianza total cuales eran más bonitos, me ruboricé mucho había brassieres de todo tipo, todos me parecían muy sexis, a mi madre le quedarían bien cualquiera, ver a mi madre escogiendo brassieres y luego pedir probárselos provocó en mi una enorme excitación sumado a lo sensual de su vestimenta ese día con una falda gris a la rodilla, ajustada que hacia lucir impactante su trasero y una blusa blanca con un escote amplio que dejaba ver un enorme canal de sus senos. No aguanté más y fui al baño a masturbarme como loco, pensando en mi madre probándose los brassieres que escogía. Al salir del baño mi madre ya había pagado y me estaba esperando, -cariño te estaba esperando, vámonos ya pero antes vamos a comprar un helado ¿te parece?-, -si mamá se me antoja mucho estoy acalorado-, me encantaba estar con mi madre me producía muchas y variadas emociones. Al llegar a casa mi madre tomó un baño, aproveché para ver los brassieres que había comprado eran muy sexis y grandes, vi la etiqueta y eran copa DDD, los senos de mi madre estaban enormes y esa talla lo demostraba, al ver la medida me excité aun más, fui a espiarla al baño y quedé extasiado con sus senos, no los vi lo que hubiera querido pero si notaba la diferencia de tamaño y de pezón, me masturbé ahí mismo y regresé a la sala.

Después de salir de bañarse mi madre y yo cenamos, ella vestía una bata color rosa y tenia su cabello recogido, se veía hermosa, como era viernes no teníamos que levantarnos temprano al día siguiente, después de cenar pusimos una película, la vimos en nuestra sala abrazados, cuando terminó eran las 10:40 pm, empezamos a platicar, en eso mi madre me dijo que sentía molestias en sus senos -siento que tengo mucha leche, siento mis senos muy grandes, no sé cuanto tiempo seguirán mis senos así, espero que pronto pase esto-, en eso se me ocurrió preguntarle -mamá ¿cuando nací tu me diste pecho?-, -claro cariño, te di pecho hasta cerca de los 5 o 6 meses, eras muy glotón, pero ahorita es diferente pues creo y he notado aun más leche que cuando te crié-, me acarició la cabeza y me abrazó, en ese momento pasó por mi cabeza la idea de pedirle probar de su leche, aunque no esperaba lo que me dijo, fue una grata sorpresa -mamá te quiero pedir algo pero no sé si tu quieras, incluso me da pena pedírtelo, es algo que me da curiosidad-, -dime cariño de que se trata, sabes que conmigo hay confianza-, me dijo acariciando mi cara, -bueno pues se trata de tu leche, tengo curiosidad por probar su sabor, pienso que sabe diferente a la leche de vaca ¿me dejarías probar de tu leche?- mi madre sonrió y besó mi frente -claro que si por supuesto que te daré a probar, si eres mi hijo y entre una madre y un hijo hay total confianza en cosas como estas, solo dime ¿quieres tomar directamente de mi seno o prefieres que me ordeñe y te doy en un vaso?-, -bueno yo pensé que te sacarías un poco en un vaso pero no imaginé que me dejarías tomar de tu seno-, -Aunque ya estás grande eres mi hijo y yo te amamanté de pequeño no veo nada de malo si bebes de mi seno- esas palabras sonaron a gloria en mis oídos, podría chupar esos enormes y hermosos senos que tenía mi madre, -si mamá tienes razón pues entonces si no hay inconveniente lo haré de tus senos-, -No hay ningún inconveniente cariño, hay total confianza, soy tu madre y no hay nada de malo en que bebas de mis senos, anda ven vamos a recostarnos para estar cómodos-, mi madre subió a su cuarto y la seguí detrás.

En la recamara encendió la luz, se sentó en la cama, me senté a su lado y abrió su bata no traía brassier dejando al descubierto sus hermosos pechos, eran muy grandes, redondos, blancos, bellos sus aureolas eran grandes y redondas, ella apretó su pezón y salió un poco de leche, -estoy llena, anda acércate y bebe, no aprietes mucho ni uses tus dientes-, estaba en la excitación total, incluso no creía lo que pasaba, era mi sueño besar los enormes senos de mi madre y ahora estaba al alcance, mi madre tomó su seno derecho y me lo ofreció me acerqué poco a poco y al sentir el contacto con mi boca recorrió mi cuerpo una sensación indescriptible, su pezón quedo dentro de mi boca empecé a chupar, solo con los labios, sentí el paso de la leche a mi boca, tenía un sabor muy agradable, algo dulce, no mucho, el sabor me gustó me pareció delicioso, mi madre me acarició el cabello, en eso me dijo: -¿no te cansas de esa posición? recuéstate y yo me pongo de lado-, me recosté y me colocó una almohada en el cabeza, ella se colocó de lado y apoyó su codo en la cama, volví a tomar su pezón y seguí chupando, el sentir la suavidad de su seno en mis labios y verlo frente a mi, me provocó una erección tremenda, que afortunadamente mi madre no vio, me sentía como nunca, el tiempo transcurrió rápidamente chupaba y chupaba suavemente y en un momento sentí que se agoto la leche, en eso mi madre preguntó: -ya se acabó verdad ¿quieres más leche corazón?- le afirmé con la cabeza y sacó su seno de mi boca y colocó el seno izquierdo en ella -anda bebe toda la que quieras, hijo-, empecé a succionar ese seno y un torrente de leche inundó mi boca, bebía y bebía de los senos de mi madre, miré su rostro y tenía los ojos cerrados, pero escuchaba leves y casi inaudibles gemidos, empecé a chupar un poco más fuerte hasta que se volvió a agotar la leche.

Al notar que se había agotado la leche yo dejé de chupar para que ella no pensara mal y me levanté -creo que ya terminé con toda la leche mamá, me gustó su sabor y gracias por permitir beber tu leche estoy lleno-, mi madre se levantó y metió sus senos en la bata, me dio un beso en la mejilla y me dijo: -me acordé ahora de como te amamantaba de pequeño, aunque ya estas grande eres mi hijo y por eso no debe haber vergüenza ni nada en cosas como estas, soy tu madre y tienes toda la confianza de pedirlo-, -si mamá pienso como tu, eres una gran y hermosa madre, te quiero mucho- le di un beso en la mejilla, ella me abrazó y nos despedimos. Salí de su recamara muy excitado como nunca, cuando llegue a mi recamara me masturbé enseguida y sentí un orgasmo como pocos, recordando el sabor de su leche y la suavidad y tamaño de sus senos, me había fascinado que mi madre me amamantara y quería y creo que necesitaría volverlo a hacer fue una experiencia única y exquisita. Dormí plácidamente después de haber disfrutado de los senos y la leche de mi hermosa madre, al día siguiente mi madre me despertó cariñosamente con un beso en la mejilla, al abrir los ojos vi su hermoso rostro sonriéndome, -buenos días flojito, te traje el desayuno, también el mío hazme un lugarcito en la cama y desayunamos juntos-, -claro mamá ven me voy a recorrer- a veces mi madre solía llevarme el desayuno a la cama, principalmente los fines de semana, me había preparado un licuado de chocolate con huevos revueltos, jugo de naranja y fruta picada y gelatina, mi madre era una estupenda cocinera, desayunamos juntos en mi cama.

Mi madre vestía una bata de dormir azul claro y a pesar de no tener ni una pizca de maquillaje se veía muy sensual por lo que tapé mi erección con las cobijas, disfruté mucho ese momento, gozaba mucho de las atenciones de mi madre y su cercanía, al terminar el desayuno decidimos salir a pasear. Fuimos a un parque de diversiones donde nos divertimos mucho, a pesar de toda la diversión y distracciones no dejaba de pensar en los senos de mi madre y en su cuerpo en general, tenerla cerca y convivir tanto con ella era mucha tentación, mientras nos divertíamos mi madre me comentó que le dolían los senos y los sentía muy llenos de solo imaginarlos vino a mi mente la idea de pedirle de nuevo tomar de su leche pues ella me había recalcado que no había problema ni vergüenza alguna por lo que podía actuar con cierta libertad y confianza. Así al llegar a casa a las 8: 30 pm después de comer en un restaurante mi madre tomó un baño para descansar pero yo estaba muy nervioso pero deseoso de volver a chupar esas enormes tetas llenas de leche. Cerca de las 10 de la noche toqué a su cuarto con su voz cálida me dijo que pasara, al entrar vi a mi madre recostada leyendo, vestía una ligera bata de dormir rosa, me acomodé junto a ella y le dije -buenas noches mamá ¿ya no vas a comer o tomar algo?-, -No cariño, estoy satisfecha con lo que comimos y tu ¿quieres que te prepare algo corazón?-, -no mamá, aunque quiero pedirte algo-, -si hijo dime, te escucho-, -bueno pues es que me gustaría volver a tomar de tu leche me encantó su sabor, ¿me dejas mamá?-, sonriendo y asintiendo con la cabeza me dijo: -claro hijo, claro que te dejo, recuéstate amor y yo me pongo de lado-, me recosté y mi madre lo hizo a mi lado desató su bata y sacó su seno izquierdo, se veía espectacular al verlo tan grande y lleno de esa deliciosa leche -sé cuidadoso pues me duelen un poco- cerré mis ojos y empecé a chupar disfrutaba el momento de tener en mi boca esa preciosidad.

Estuve cerca de 15 minutos chupando lentamente para prolongar mi contacto con su seno su leche era deliciosa y su seno era muy suave, lo cual me volvió loco de placer, mientras, mi madre me acariciaba el cabello y las mejillas, al sentir que no salía más leche quité mi boca, mi madre con una seña me apunto a su otro seno, asentí con la cabeza y ella lo descubrió lo bebí con muchas ganas, mi excitación cada vez se elevaba, oía también a mi madre gimiendo muy despacito y calladamente, cuando chupaba miraba a mi madre ella me sonreía y seguía acariciando mi cabello. Sentía unas ganas enormes de sacar mi pene erecto y masturbarme, pero me aguantaba, al acabar con toda la leche me limpie la que había escurrido de mi boca, mi madre metió sus senos en la bata, me preguntó: -¿te gusta mucho mi leche? te tomaste toda y mis senos no son chicos, al contrario-, -mamá tu leche es exquisita, sabe mejor que la que tomamos, me encanta tomarla a diario-, -que te parece si aprovechando mi situación de estar lactando lo hacemos cuando esté llena y así me ayudas también a no sentirme tan abultada ¿quieres?-, -claro mamá me encanta la idea, quiero beber toda tu leche su sabor es espléndido-, -pues la beberás a diario es tuya cariño-, después mi madre me dio un beso en la frente y me abrazó quedándonos recostados juntos.

Continuara...

10 comentarios:

  1. Porque no se pueden leer las historias???? No abre ninguna :|

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  2. Hola Jessy, psiblemente estás tratando de verlas en algún celular o tablet, trata de activar la vista de escritorio, la página funciona mejor así.

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  3. alguien sabe si por chuparle los pechos a mi novia (no tenemos hijos ni ha estado embarazada) puedo provocarle una mastitis?

    gracias por su ayuda.

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  4. Hola. En el caso de la mastitis en una mujer que nunca a estado embarazada, se da por la inflamación en los conductos mamarios, lo que desconozco es si se puede dar por la succión de los pechos. Por lo que había escuchado, este tipo de mastitis no es tan frecuente y los síntomas que tendría en dado caso, serían dolor en los pechos e inflamación. Creo que lo más conveniente sería que lo consultara con un ginecólogo.

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  5. Buenas noches quisiera contactar una mama que este lactando y quiera compartir su leche mi nombre es genaro soy del edo.d México le o fresco ayuda económica o quiera producir leche sin tener bb se d unas pastillas mi what sap es +5215534268019

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  9. hola me llamo walter de bolivia me gusta mucho la lactofilia

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Di todas las cochinadas que quieras, pero solo con dos reglas que cumplir:no insultes gratuita y directamente ni a individuos concretos ni colectivos. No se admitirán comentarios que inciten a enfrentamientos entre lectores. Sus malos rollos, fuera de Mamelladores.